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El Precipicio De Tu Pecho

El Precipicio De Tu Pecho

Status: En proceso
Genre:Acción
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Ella es la guardaespaldas asignada para proteger al hombre que más desprecia: un magnate arrogante que compró la empresa de su padre. Él la provoca y la pone a prueba cada día, sin saber que ella guarda un arma bajo la chaqueta... y un deseo prohibido bajo la piel.

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Capítulo 7: Las grietas

Los días siguientes fueron un torbellino de emociones encontradas para Valentina. Por un lado, su deber como guardaespaldas requería que mantuviera una distancia profesional con Mateo. Por otro, el peso de la revelación había creado un lazo entre ellos que era imposible de ignorar. Cada vez que sus miradas se encontraban, Valentina sentía una chispa eléctrica que recorría todo su cuerpo, un recordatorio de que algo estaba cambiando entre ellos.

La reunión del consejo de administración fue esa mañana, y Valentina se mantuvo en un rincón de la sala de juntas, observando a los asistentes con la atención de un depredador. Mateo estaba sentado a la cabeza de la mesa, presidiendo la reunión con la autoridad de alguien que sabía exactamente cómo manejar a los tiburones que lo rodeaban.

"Señor Montesinos, tenemos preocupaciones sobre la adquisición de la constructora del sur", dijo uno de los miembros del consejo, un hombre calvo con gafas de metal que recordaba a un buitre. "Los costos son demasiado altos. No podemos justificarlo ante los accionistas."

Mateo sonrió, pero era una sonrisa que no llegaba a sus ojos. "La constructora del sur es la pieza clave de nuestro crecimiento en la región, señor Álvarez. Si no la adquirimos, lo hará la competencia. Y entonces sí que tendremos problemas con los accionistas."

"Pero el costo..."

"El costo está cubierto", dijo Mateo, con un tono que no admitía discusión. "He hecho los cálculos personalmente. Confíen en mí."

Valentina observó la interacción con atención. Había algo en la forma en que Álvarez insistía en el tema que le parecía sospechoso. No era solo una preocupación legítima por las finanzas. Había un brillo en sus ojos que sugería algo más, algo oculto.

Cuando la reunión terminó y los miembros del consejo se fueron, Valentina se acercó a Mateo.

"¿Quién es ese tipo?", preguntó, señalando la puerta por donde había salido Álvarez.

Mateo levantó una ceja, sorprendido por la pregunta. "¿Álvarez? Es el vicepresidente del consejo. Lleva años conmigo. ¿Por qué?"

"No me gusta su actitud", dijo Valentina, con la voz baja. "Se mostró demasiado interesado en oponerse a tu decisión. Como si quisiera que la adquisición fallara."

Mateo la miró con una mezcla de sorpresa y admiración. "¿Eso es tu instinto de guardaespaldas hablando?"

"Es mi instinto de supervivencia", corrigió ella, con una sonrisa tensa. "Y nunca me falla."

Mateo asintió lentamente, procesando la información. "Entonces, ¿qué sugieres?"

Valentina se quedó en silencio por un momento, sopesando sus opciones. Podía investigar a Álvarez por su cuenta, sin involucrar a Mateo, y mantener su misión en secreto. Pero algo en la forma en que él la había mirado después de la revelación, algo en su vulnerabilidad, la hacía querer ser honesta con él.

"Permíteme investigarlo", dijo finalmente. "Sin que él lo sepa. Si hay algo que oculta, quiero saber qué es."

Mateo asintió, y por primera vez, Valentina vio confianza en sus ojos. No la confianza del jefe hacia su empleada, sino algo más profundo. La confianza de un hombre que le estaba entregando su vida a una mujer que, apenas unos días antes, le había jurado destruir.

"Haz lo que necesites", dijo él. "Y si encuentras algo, quiero saberlo."

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Esa noche, Valentina se sentó frente a su computadora en la habitación del piso treinta y ocho, revisando los registros financieros de Álvarez con la atención de un cirujano. Había accedido a los archivos de la empresa usando los códigos que Mateo le había proporcionado, y lo que encontró la dejó sin aliento.

Álvarez no solo estaba en contra de la adquisición de la constructora del sur. Estaba trabajando activamente para sabotearla. Había transferido grandes sumas de dinero a cuentas en el extranjero, había hecho acuerdos secretos con la competencia, y había utilizado su posición en el consejo para filtrar información confidencial.

El hijo de puta estaba traicionando a Mateo desde dentro.

Valentina sintió que la furia hervía en su sangre. No era solo la traición lo que la enfurecía. Era la forma en que Álvarez había actuado con tanta confianza, tan seguro de que nadie descubriría sus juegos sucios. Y era la forma en que Mateo, a pesar de su inteligencia y su poder, había confiado en alguien que lo estaba apuñalando por la espalda.

Guardó los archivos en un USB y salió de su habitación. Necesitaba hablar con Mateo. Necesitaba decirle lo que había descubierto. Pero mientras caminaba por el pasillo hacia el ascensor privado, sintió una presencia detrás de ella.

Se giró, instintivamente, y su mano fue hacia el arma bajo su chaqueta. Pero no había nadie. Solo las sombras y el silencio del edificio vacío.

Y entonces sintió el dolor.

Una punzada aguda en la nuca, y luego nada.

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Cuando Valentina despertó, estaba atada a una silla en una habitación oscura. El olor a humedad y moho llenaba sus pulmones, y la luz tenue de una bombilla colgante iluminaba apenas su rostro. Tenía la cabeza martillándole, y al tocarse la nuca, sintió la sangre seca en sus dedos.

"Bienvenida de nuevo al mundo de los vivos, señorita Cruz."

La voz era familiar, y cuando Valentina levantó la mirada, vio a Álvarez de pie frente a ella, con una sonrisa de triunfo en su rostro.

"¿Qué quieres?", preguntó Valentina, con la voz áspera por la falta de agua.

"Quiero lo que siempre he querido", dijo Álvarez, acercándose a ella. "El control de Montesinos Group. Y tú, querida guardaespaldas, eres la pieza clave de mi plan. Con la información que has encontrado, podrías arruinar todo. Así que vas a ayudarme a cambiar esa información. O vas a morir aquí, en este sótano, sin que nadie sepa dónde estás."

Valentina lo miró con desprecio. "No te ayudaré. Prefiero morir."

Álvarez rió, un sonido frío y cruel. "Eso es lo que me gusta de ti, señorita Cruz. Tu espíritu indomable. Pero tienes algo que te hace vulnerable. Algo que no esperaba encontrar."

Sacó un teléfono de su bolsillo y lo encendió. En la pantalla, apareció una imagen de Mateo, caminando por el pasillo del penthouse, solo y desprevenido.

"Si no me ayudas", dijo Álvarez, con una sonrisa maligna, "Mateo morirá. Y será culpa tuya."

Valentina sintió que el corazón se le detenía en el pecho. No podía dejar que eso pasara. No podía permitir que Mateo muriera por su culpa, después de todo lo que había hecho por ella, después de todo lo que había significado para su vida.

Pero si ayudaba a Álvarez, estaría traicionando la confianza que Mateo había depositado en ella.

No podía ganar. No podía perder. Estaba atrapada en un callejón sin salida.

Y entonces, en la oscuridad de esa habitación, Valentina tomó una decisión.

"Te ayudaré", dijo, y su voz era un susurro de acero. "Pero no me culpes cuando las cosas salgan mal."

Álvarez sonrió, sin saber que la decisión de Valentina no era de rendición. Era de guerra.

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valeska garay campos
el destino lo tnia que juntar ahora que pasará?🤔
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