Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Vanderbilt 3
Antes de irse a dormir, Circe encontró a Adrian todavía en uno de los salones.
Habían pasado prácticamente todo el día juntos, y la despedida parecía demasiado formal para lo que había ocurrido entre ambos.
Circe se acercó.
Adrian levantó la mirada.
Ella se detuvo frente a él y, esta vez, decidió no fingir demasiado.
Levantó una mano y acarició suavemente su rostro con las yemas de los dedos.
—Buenas noches, Adrián.
El duque se quedó mirándola.
Una sonrisa ladina apareció lentamente en su rostro.
—Buenas noches, Circe.
Ambos se quedaron en silencio durante un instante.
Era la primera vez que se llamaban por sus nombres.
Y aquello cambió ligeramente el ambiente.
[Así que ya llegamos a esto.]
Circe sonrió.
[Interesante.]
Antes de marcharse, agregó..
—Mañana me levantaré temprano para entrenar.
Adrian arqueó una ceja.
—Eso quiero verlo.
Circe lo miró.
Luego fingió dudar.
—¿De verdad?
—Por supuesto.
Ella sonrió.
—Entonces tendrá que levantarse temprano.
Adrian sonrió.
—Lo haré.
Circe lo miró unos segundos más.
Después se dio la vuelta y entró en su habitación.
Cuando cerró la puerta, soltó un suspiro profundo.
—Ha sido un buen día de descanso.
Se miró al espejo y sonrió.
[Quizás demasiado bueno.]
Al día siguiente, Circe despertó antes del amanecer.
La doncella que la ayudaba a prepararse quedó sorprendida al verla levantada tan temprano.
Pero la sorpresa fue todavía mayor cuando la vio aparecer con ropa de entrenamiento.
Circe había tomado un conjunto cómodo y lo había ajustado ligeramente con magia.
Nada exagerado.
Solo lo suficiente para que se adaptara perfectamente a su cuerpo.
[Una puede entrenar y seguir viéndose fabulosa.]
Su pantalón quedaba ajustado a la cadera y la camisa se adaptaba perfectamente a su figura.
Su cabello estaba recogido en una cola alta, aunque algunos mechones habían quedado sueltos alrededor de su rostro.
Circe se miró una última vez.
[Perfecta.]
Bajó.
—¿Dónde entrenan los soldados?
La doncella pareció un poco sorprendida.
—En el patio de entrenamiento, mi lady.
—Me podría llevar, por favor
⸺Si, mi lady.
Circe siguió las indicaciones.
Cuando llegó al patio, el cielo apenas comenzaba a aclarar.
Varios soldados ya estaban entrenando.
Al verla, todos se detuvieron.
Algunos intercambiaron miradas desconfiadas.
Otros simplemente quedaron sorprendidos.
No era habitual encontrarse a una hermosa joven en ropa de entrenamiento a esas horas de la mañana.
Y mucho menos a una invitada del duque.
Circe sabía perfectamente las miradas que estaba recibiendo.
Así que sonrió.
—¿Puedo entrenar con ustedes?
Los soldados se miraron entre sí.
Finalmente, un joven oficial dio un paso adelante.
—Puedo entrenar con usted.
Circe sonrió.
—Perfecto.
El hombre tomó una espada de entrenamiento.
—Pero intentaré controlarme.
Circe inclinó la cabeza.
—No se controle.
El joven parpadeó.
—No quiero lastimar a una invitada del duque.
Circe sonrió.
—Entonces...
Levantó una ceja.
—¿Yo puedo no controlarme?
Los soldados soltaron algunas risas.
El oficial finalmente sonrió.
—Está bien.
Le entregaron una espada de madera.
—Ataque con lo que tenga. Con todo.
Circe sostuvo el arma.
La observó.
Y luego...
La magia recorrió sus dedos.
La espada se partió.
Los soldados quedaron en silencio.
La madera había quedado reducida a una especie de daga improvisada.
Circe levantó la mirada.
Sonrió traviesamente.
—Ahora sí.
Adoptó una postura de combate.
—Podemos empezar.
Los soldados finalmente comprendieron.
Aquella hermosa invitada no era una noble cualquiera.
Era una maga.
Y no parecía una maga que supiera únicamente lanzar hechizos.
El combate comenzó.
Al principio Circe no utilizó magia.
Solo espada contra espada.
O, en su caso, daga contra espada.
El joven oficial atacó.
Circe esquivó.
Retrocedió.
Volvió a avanzar.
La diferencia de alcance era evidente, pero ella compensaba con velocidad.
Los soldados comenzaron a observar con verdadera atención.
La pelea estaba bastante pareja.
Circe no dominaba el combate.
Pero tampoco estaba perdiendo.
El oficial había comenzado diciendo que se contendría.
Sin embargo, después de unos minutos, parecía haber olvidado completamente esa intención.
—¡Vamos!
Circe rio.
—¡Eso hago!
El combate continuó.
Hasta que algo cambió.
El patio quedó repentinamente silencioso.
Circe lo notó.
[¿Qué pasó?]
No necesitó mirar para saberlo.
[Adrian.]
El duque probablemente acababa de llegar.
Pero Circe no perdió la concentración.
[Después lo saludo.]
[Esto es más importante.]
[No puedo detenerme por él]
Su espada de madera chocó contra la daga.
Giró.
Esquivó.
Atacó.
El oficial retrocedió.
Circe avanzó.
La pelea estaba llegando a su final.
En uno de los últimos movimientos, Circe perdió ligeramente el equilibrio.
Para evitar caer tuvo que acercarse al soldado.
El joven oficial reaccionó por instinto y colocó una mano en su espalda para impedir que cayera.
Y entonces...
—¡Suficiente!
La voz de Adrian resonó por todo el patio.
El combate se detuvo.
Circe levantó la mirada.
Adrian estaba allí, con su capa sobre los hombros.
Su expresión era mucho más seria de lo habitual.
Circe hizo un pequeño puchero.
—Pero todavía no había terminado.
Adrian miró al oficial.
Después a Circe.
—Ya fue suficiente.
Ella frunció ligeramente el ceño.
No entendía.
[¿Por qué está tan serio?]
No había notado el pequeño detalle que había provocado aquella reacción.
Los soldados, en cambio, sí.
Y varios tuvieron que ocultar una sonrisa.
[El duque está celoso.]
Adrian respiró profundamente.
—Si todavía quiere pelear...
Miró directamente a Circe.
—Puede pelear conmigo.
Circe parpadeó.
Después sonrió.
—¿Con usted?
—Sí.
Ella levantó la daga de madera.
—Entonces podría aprovechar para probar su resistencia.
Adrian sonrió.
Pero esta vez aquella sonrisa tenía algo peligroso.
—Le sorprendería lo buena que puede ser mi resistencia.
Circe lo miró.
Una sonrisa coqueta apareció en sus labios.
—Eso tendremos que comprobarlo.
Los soldados intercambiaron miradas.
Uno de ellos murmuró..
—¿Siguen hablando de la pelea?
Otro se aclaró la garganta.
—No estoy seguro.
Circe, completamente ajena a las interpretaciones de los soldados, simplemente guardó la daga.
—Después.
Adrian la observó.
—Después.
Después del entrenamiento, Circe fue a darse un baño.
Necesitaba relajarse.
Cuando terminó, bajó finalmente a desayunar.
Comió algo ligero.
No quería sentirse pesada después de haber entrenado.
Y apenas terminó...
Fue en busca de Adrian.
Tenía una razón perfectamente válida.
Quería conocer cómo trabajaba.
Si iba a ser su consejera, necesitaba entender el funcionamiento del ducado.
Los negocios.
Las decisiones.
Los problemas.
Y, si tenía suerte...
[Información sobre las familias con las que hace negocios.]
Quizás incluso podría descubrir algo relacionado con los Root.
Encontró a Adrian esperándola.
Y cuando él levantó la mirada y le sonrió...
Circe sintió algo inesperado.
Una pequeña alegría.
Una bastante grande, en realidad.
[¿Por qué me alegra tanto verlo?]
Intentó ignorar la sensación.
Se acercó.
—Buenos días.
Adrian sonrió.
—Buenos días, Circe.
Ella se sentó frente a él.
—Vine a ver cómo trabaja el duque Vanderbilt.
—¿Solo eso?
Circe sonrió.
—Por supuesto.
Adrian la miró con evidente diversión.
—Entonces será un placer mostrarle mi trabajo.
Circe sostuvo su mirada.
[Perfecto.]
Había venido a buscar información.
Y quizá...
Solo quizá...
También había venido porque quería volver a verlo.