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El hombre que mantenía era un CEO

El hombre que mantenía era un CEO

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Intrigante / Mujer poderosa / Amor a primera vista / Equilibrio De Poder / Traiciones y engaños / Sustituto/a / Donde hubo fuego cenizas quedan / Amante arrepentido / Ella Mayor Que Él / Amor platónico / Completas
Popularitas:17.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Durante tres años, Ximena Salazar esperó a un esposo que huyó al extranjero con su amante la misma semana de la boda. Cuando Fernando regresa a Monteverde con esa mujer embarazada del brazo, Ximena deja de esperar.
Le devuelve el apellido, recupera todo lo que entregó a la familia Ayala y decide seguir adelante con el único hombre que nunca le ha pedido explicaciones: Adrián, el desconocido irresistible al que ha mantenido en secreto durante tres años.
Solo hay un problema.
Adrián no es pobre, ni indefenso, ni el amante discreto que ella creía tener bajo control. Es el heredero de los Bramonte, el magnate más temido de la Capital y un hombre capaz de poner de rodillas a una familia entera con una sola llamada.
Mientras su exmarido intenta recuperarla, una falsa heredera roba su nombre y la alta sociedad se empeña en destruirla, Ximena tendrá que revelar los secretos que lleva años ocultando. Porque ella tampoco es una mujer cualquiera.
Él podría darle un imperio.
Pero Ximena ya sabe construir el suyo.
Y Adrián solo quiere una cosa a cambio: que la mujer que lo “mantuvo” deje de tratarlo como un capricho y lo elija para siempre.

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Capítulo 16

Cap 16: El arete de zafiro

En el auto, de vuelta del Cumbre, con la ciudad deslizándose por la ventanilla, Ximena estiró la mano y le rozó a Adrián la oreja izquierda, donde brillaba, minúsculo y frío, un arete de zafiro.

—Nunca te lo quitas —dijo—. Ni para dormir, ni para bañarte. Tres años y jamás te lo vi fuera. ¿De quién es?

Adrián le atrapó la mano al vuelo y se la llevó a los labios, besándole la palma.

—Me lo dio alguien. Hace mucho. No significa nada.

—Los hombres no cargan quince años un arete que no significa nada.

—Curiosa. —Sonrió de lado, esquivo, con la vista en el camino—. Cuando te den celos de verdad, celos de los buenos, te cuento de quién es. Ese día.

Ella bufó y no insistió. Pero el pequeño zafiro se le quedó grabado en la mente, punzándole con una familiaridad que no supo de dónde le venía, como una fotografía vieja entrevista de reojo en un cajón ajeno. Un azul. Un azul que había visto antes. En otra parte. En otra vida.

Sacudió la cabeza y lo dejó ir.

En Villaverde, Adrián se remangó la camisa, sacó del refrigerador un costillar que había comprado de camino y se puso a prepararlo con adobo de tamarindo y chile ancho, como si hubiera nacido para eso, con una destreza que a Ximena todavía le sorprendía.

—Siete años de internado —le contó, moviendo la carne en la sartén, el aroma llenando la cocina—. Lejos de casa, comida de reformatorio. Aprendí a cocinar para no morirme de hambre y de tristeza. —Le echó una mirada por encima del hombro—. Ahora te toca a ti sufrir mi talento. Siéntate.

Cenaron tarde, en el balcón, con la ciudad titilando abajo y una botella de vino tinto entre los dos. Ximena, con las piernas encogidas sobre la silla y la cabeza recostada en el hombro de él, sintió por primera vez en semanas que el nudo del pecho se le aflojaba, que respiraba completo.

Adrián dejó la copa, la atrajo hacia sí y la besó despacio, sin ninguna prisa, saboreándole el vino en los labios. La brisa fresca de la noche entraba por la puerta abierta. Él la conocía de memoria: dónde detenerse, dónde apurar, cómo hacerle temblar la respiración con solo la boca en el cuello y las manos en la cintura. La levantó en brazos y la llevó adentro con el aire de la noche todavía prendido en la piel de los dos.

No hubo prisa en nada. Hubo esa manera suya, entre feroz y devota, de reclamarla centímetro a centímetro, de murmurarle contra la piel palabras que ella fingía no escuchar; y esa manera de ella de rendirse solo con él, de deshacerse como no se deshacía con nadie, con nadie en el mundo. Se buscaron largo, hondo, en la penumbra, hasta quedar sin aliento y enredados, el corazón de él golpeando contra la espalda de ella.

Después, exhausta, Ximena se durmió profundo con la nariz hundida en su hombro, respirando ese aroma frío, limpio, que sin darse cuenta se le había vuelto el único somnífero que le funcionaba. Adrián se quedó despierto en la oscuridad, mirándola, memorizando el peso tibio de su cuerpo dormido sobre el suyo, y descubrió con una punzada dulce y aterradora que ya no sabría dormir sin ella.

Los días siguientes, Fernando empezó a aparecer a diario por la cadena "a recoger a Lili". La verdad era otra: rondaba las oficinas, se demoraba en los pasillos, con la esperanza tonta de cruzarse con Ximena aunque fuera un segundo.

Y entonces Adrián volvió a irse. Otro viaje por lo de Edén, tres días. Ximena no lo dijo en voz alta, pero lo extrañó como una tonta; el insomnio regresó, peor que antes. Sin su aroma en la almohada, la cama se convirtió otra vez en un desierto de sábanas frías, y ella dando vueltas hasta el amanecer.

Una tarde, agotada, se quedó dormida en el sillón de la sala de descanso de la cadena.

La despertó una presencia demasiado cercana. Abrió los ojos y Fernando estaba inclinado sobre ella, muy cerca, la respiración entrecortada, a un aliento de besarla en la boca.

—Fernando. —Ella no se movió ni un músculo—. Aléjate. Ahora.

—No puedo. —La voz le temblaba, ronca—. Contigo... contigo sí puedo, Xime. Solo contigo. Desde la quemadura, desde aquel verano, con nadie más he podido. Ni con Lili. —Bajó aún más la voz, avergonzado—. El bebé fue en una clínica. In vitro. Nunca fue... nunca fue como debe ser entre un hombre y una mujer. Solo tú me haces sentir vivo. Siempre fuiste solo tú.

Desde la puerta entreabierta llegó un jadeo ahogado.

Lili. Blanca como el papel. Lo había oído todo.

Ximena se levantó despacio, se acomodó el saco con una calma perfecta, y aprovechó al vuelo la grieta que se abría de par en par ante sus ojos.

—Qué feo, Lili. —Su voz era casi compasiva, y por eso cortaba más—. Todo este tiempo peleando a muerte por un hombre que ni siquiera te dijo la verdad de las cosas. ¿Sabías, por ejemplo, que él y yo nunca nos casamos legalmente? Nunca. No hay matrimonio. El acta que él tiene guardada es un papel sin valor. —Movió la cabeza hacia un lado, midiéndola—. Si de verdad quieres asegurar tu lugar a su lado, exígele que firme el acuerdo de divorcio de una buena vez. Un papel bien firmado, ante notario. Que no te vea la cara toda la vida.

Lili la miró, temblando de rabia y de humillación, y de pronto algo se le prendió detrás de los ojos: la idea. La trampa que ella misma iba a fabricar sin saberlo.

—Lo voy a hacer —masculló—. Le voy a exigir que firme. Hoy mismo.

—Buena idea. —Ximena se compuso el saco frente al espejo de la sala de descanso, sin apuro—. Y ya que andas en trámites, pídele también que ponga tu nombre en alguna propiedad. En una tarjeta. En algo. —La miró por el reflejo—. ¿O nunca te has preguntado por qué, en tres años, ese hombre no te ha dado ni tu propio techo? Vives de tu sueldo, Lili. Del que ganas aquí. El día que lo pierdas, ¿de qué vas a vivir? ¿Del apellido que él no te dio?

Lili apretó los labios, y por un instante el miedo le ganó a la rabia en la cara. Era la primera vez que alguien le ponía delante, con esa frialdad, la cuenta de lo que en realidad tenía: nada.

—Cállate —susurró—. Fernando me ama.

—Claro que sí. —Ximena recogió su bolso—. Por eso te esconde en un departamento rentado y a mí me paseó como esposa. El amor de los Ayala es muy raro, ya lo irás conociendo.

—Hazlo. —Pasó junto a ella rumbo a la salida, sin apurar el paso—. A ver de qué eres capaz.

Y sonrió para sus adentros, porque sabía con exactitud de relojero lo que Lili iba a encontrar cuando fuera a divorciar un matrimonio que jamás, en tres años, había existido.

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Carmen Boggiatto
y Lili,? que pena 🤰sigue siendo mala
Carmen Boggiatto
hay Susanita, no aprendes nena!!!! cada maldad que planeas para Ximena, se vuelve en tu contra 🤣🤣
es dura de entender, pero bueno , veamos como termina esta mujer
Carmen Boggiatto
será que Adrián sea algo más de Wanda? a quien se párese Adrián , ? a alguien que ella amo ? y no fue correspondido
Mar Sol
Seguramente es Gael, el secretario de Adrián, su mano derecha, el que dijo eso.
Carmen Boggiatto
coincido con Mar sol, está haciendo su mejor trabajo actoral , haciendo creer que no sabe nada, que tiene miedo , no sabe el norte, sur este oeste que mejor , pero como x dinero baila el mono , y este mono hace mas que bailar
Mar Sol
Soledad, se expresa con enojo de Ximena como si le hubiera quitado algo, Adrián ya era para Ximena desde niños, no cuando la creatina, mustia de Cintia empezó a gustar de Adrián.
Carmen Boggiatto
tanta maldad x querer la herencia para ella sola , tanto odio😞
Mar Sol
Dios las hace y ellas se juntan, por que al igual que Wanda está loca, también esa mujer, Soledad, madre de Cintia.
Carmen Boggiatto
que poco tacto 😢
Mar Sol
Estoy en crisis nerviosa, escritora, le has dado un giro tremendo a la historia, muchas gracias.
Mar Sol
Escritora, no nos hagas esto, Ximena y Adrián, ya han pasado por mucho, ¿ahora esto?
Mar Sol
Un bebé que les dará alivio y al mismo tiempo, los pone en peligro, con locas como Wanda, mamá de Cintia y aliados.
Mar Sol
¡¡Ándale, cínica!! el chasco que se llevó, se le voltio el tiro, lo bueno es que ella desprecia a los que se dedican al mundo del espectáculo, así que si vió a su galán con Cintia, no le va afectar, jajajaja.
Mar Sol
Es despreciable Wanda, ya no tiene nada y sigue dañando a los demás, es ruin, nefasta, quiere la caída de su propia sangre a como de lugar.
Mar Sol
Par de locas, madre e hija ¿que les pasa? ¿acaso no han visto lo que le pasó a Susana? Cintia y esa señora Soledad, le están jugando al vivo.
Mar Sol
¿Es en serio? ¡¡Adrián es hijo de Wanda!!
Mar Sol
Es probable que si sea esa posibilidad, pero no con Adrián, seguramente es con Wanda, ella tiene una mala sangre.
Mar Sol
¡¡Que horror!! otra loca que también se unió al club, Cintia dirá lo que quiera, Ximena no le quitó nada, Adrián ya la tenía en la mira a Ximena desde que era niña.
Mar Sol
Ximena es astuta, con carácter que no presume, llevó a Susana a su ruina, Wanda salió raspada y eso puede ser peligroso, al verse afectada, atacará a Ximena, con alguna trampa, para dejarla en mal con Adrián.
Mar Sol
Es entendible la actitud de Damián, por que está enamorado de Ximena.
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