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MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

MARIONETA: LAZOS DE SANGRE Y OBSESIÓN

Status: Terminada
Genre:CEO / Arrogante / Dominación / Completas
Popularitas:544
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa





Han transcurrido tres años desde aquella noche en que Antonia recuperó su libertad y Aarón comprendió que el amor no se encadena, sino que se respeta. Tres años en los que cada uno ha reconstruido su vida sobre las cenizas del pasado: Antonia brilla como actriz consagrada, dueña de su escenario y de su destino; Aarón ha redimido sus errores, saneado su imperio y se ha convertido en un hombre íntegro, serio y reservado, guiado por la lealtad y la palabra dada; Vicent ha construido junto a él una nueva etapa, firme y honesto; e Irina dirige con dedicación su fundación, transformando su experiencia en refugio para quienes lo necesitan.

La paz parece definitiva… hasta que las sombras regresan con un rostro aún más cruel.

El nuevo titiritero, Julian Van Thal, un hombre influyente, frío y sin escrúpulos, heredero de un imperio aún más vasto que el que alguna vez tuvo.

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Capitulo 10

Antonia entró en casa con el peso aún en el pecho, cerró la puerta con cuidado y se apoyó un momento contra ella, soltando el aire despacio. Lorenzo salió de la cocina con una taza en la mano, y al verla pálida y con la mirada perdida, se acercó de inmediato.

—¿Ocurre algo? —preguntó dejando la taza sobre la mesa—. Llegas temblando. ¿Te pasó algo al salir?

Ella se sentó en el borde del sofá y se frotó los brazos como si tuviera frío, aunque la habitación estaba cálida.

—Se me acercó alguien en el camerino. Un hombre. Dijo llamarse Julian Van Thal. Estuvo viendo la función… y no dejó de mirarme en toda la noche.

Lorenzo se sentó a su lado y le tomó una mano entre las suyas.

—¿Te hizo algo? ¿Te tocó? ¿Te dijo algo que te lastimara?

—No me tocó —respondió ella con voz baja—. Pero me habló como si ya supiera todo de nosotros. De ti, de mamá… y me ofreció protección. Como si yo fuera alguien que necesita que la rescaten y la cuiden… y que decidan por mí. Y la forma en que me miraba, Lorenzo… no me miraba a los ojos. Me miraba como si ya fuera suya. Como si yo fuera algo que ha elegido y está esperando reclamar.

Su hermano apretó los dientes y se puso de pie de un golpe, recorriendo la habitación con paso firme, con la mandíbula tensa y la preocupación transformándose en determinación.

—No va a acercarse más. Me aseguraré de ello. Voy a acompañarte al teatro todas las noches. Te recojo, te llevo, nadie se te acerca sin pasar por mí primero. No voy a permitir que nadie te haga daño.

Antonia lo miró y sintió gratitud y temor a la vez.

—Te conozco, hermano. Sé que te pondrás al frente. Pero también sé que este hombre tiene mucho poder. Más dinero del que podemos imaginar. Y eso lo hace peligroso.

—El dinero no da derecho a poseer a nadie —dijo él deteniéndose frente a ella—. Y no importa cuán poderoso sea. Mientras yo esté aquí, no te tocará. Ni a ti, ni a mamá, ni a nadie de esta casa.

Se sentó de nuevo a su lado y la miró con seriedad.

—Dime la verdad, Antonia… esa mirada que describes… ¿se parece a la de Aarón al principio?

Ella bajó la vista un instante, recordando, y luego la levantó con claridad.

—Eso es lo que me aterra. Al principio pensé que era lo mismo. Pero no. Aarón… cuando me miraba así, era porque creía que yo le pertenecía, sí. Pero con el tiempo cambió. Aprendió a respetarme. A verme como persona. Y aunque dolió, al final entendí que lo que sentía él era amor, aunque mal entendido. Pero este hombre… este Julian… no hay nada de eso. No hay respeto, ni cariño, ni siquiera deseo real. Hay hambre. Como si yo fuera una obra de arte que quiere encerrar en una vitrina para que nadie más la vea. No le importa quién soy. Solo le importa tenerme.

Lorenzo asintió lentamente, comprendiendo la diferencia con el corazón apretado.

—Lo entiendo. Y tú tienes razón. Hay una distancia inmensa entre querer cuidar a alguien y querer poseerla. Aarón aprendió esa diferencia con lágrimas y tiempo. Este hombre… parece que ni siquiera sabe que existe. Y eso lo hace mucho más peligroso.

—Por eso tengo miedo —confesó ella con sinceridad—. Porque con Aarón, al menos, sabía que había un corazón detrás de todo. Con este… siento que estoy frente a un muro frío. Algo que no siente, solo exige.

Lorenzo la abrazó entonces, fuerte y protector, como cuando eran niños y el mundo parecía demasiado grande y hostil para los dos.

—No vas a enfrentarlo sola. Nosotros no somos dos niños asustados ahora. Yo trabajo, tengo recursos, conozco gente. Y si hace falta, llamamos a Aarón también. Sé que él te respeta y te protegería sin dudar.

Antonia se acomodó en ese abrazo y sintió que el miedo aflojaba un poco.

—No quería involucrarlo… pero tienes razón. Si este hombre representa un peligro real, necesitamos estar todos unidos. No voy a dejar que nos rompa de nuevo.

—Nadie nos va a romper —prometió Lorenzo con firmeza—. Porque ahora sabemos distinguir. Sabemos cuándo alguien nos mira con respeto… y cuándo nos mira como si fuéramos propiedad. Y esta vez, no dejamos entrar a nadie que no nos vea de verdad.

Se separaron lentamente, pero él le sostuvo la mirada con confianza.

—Vamos a estar alerta. Cerramos bien, nos acompañamos, nos contamos todo. Y si ese Julian se acerca un paso más… se las tendrá que ver conmigo.

—Gracias, hermano —dijo ella con una sonrisa llena de cariño—. Eres mi fortaleza. Igual que yo soy la tuya.

—Siempre —respondió él apretando su mano—. Contra todo y contra todos. Como siempre ha sido.

Lorenzo le acarició suavemente el brazo, con la mirada firme pero llena de ternura.

—Aarón al menos te amaba, aunque no supiera cómo hacerlo bien —dijo con voz grave—. Este hombre no te ama a ti. Ama lo que tú eres: hermosa, talentosa, libre… y quiere apoderarse de eso para brillar él.

—Es justo lo que siento —asintió Antonia con un escalofrío—. No me quiere a mí. Me quiere como trofeo.

—Y jamás lo será —prometió él, apretando su mano—. Mientras yo respire, nadie te convierte en nada que no quieras ser. Eres Antonia, no la pieza de nadie. Y así seguirá siendo.

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