¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?
NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL PRECIO DE UN NO.
Mateo le dio al NO.
No fue un NO de duda. Fue un NO de rabia. Apretó el botón como si quisiera romper la consola.
La consola no hizo el sonido de siempre. No hizo el _click_ seco de condena.
Hizo un zumbido largo, agudo, como cuando un televisor viejo se queda sin señal.
La pantalla se puso completamente roja.
En letras blancas, grandes, apareció:
*JUICIO ANULADO.*
*JUEZ INCOMPATIBLE.*
*INICIANDO PURGA.*
— ¿Qué? — dijo Mateo en voz alta — No, no, yo soy el juez. Yo decido.
La marca negra del brazo reaccionó. Pero no avanzó. Se contrajo.
Fue como si le metieran un alambre caliente por la vena y se lo jalaran hacia abajo. Mateo gritó. Fue la primera vez que gritó de dolor de verdad por la marca. Antes dolía, ahora quemaba.
Se cayó de la silla. La consola seguía en rojo, iluminando todo el cuarto.
En la pantalla apareció una barra que decía: PENALIZACIÓN POR COMPASIÓN. 68% -> 65%.
Le había quitado 3% por perdonar.
Pero no era lo peor. Lo peor fue lo que vino después.
La consola mostró una foto. No era de la niña. Era de su mamá, valeria, cuando Mateo tenía 7 años, en la cocina, haciéndole arepas.
Debajo decía: ARCHIVO ELIMINADO.
Mateo se tocó la cabeza. Sintió un vacío raro, como cuando uno intenta acordarse de una palabra y no sale.
— Mamá... mamá...
Bajó corriendo las escaleras. Valeria estaba en la sala viendo noticias.
La miró. Sabía que era su mamá, sabía que vivía ahí, pero no se acordaba de su nombre. No se acordaba de cómo le decía de chiquito. No se acordaba del olor de las arepas.
— ¿...señora? — le dijo.
Valeria se asustó.
— ¿Qué te pasa, Mateo?
— Nada — dijo rápido, asustado de sí mismo — Nada.
Se metió al baño y se echó agua en la cara. En el espejo vio su reflejo, pero por un segundo su reflejo no tenía rostro. Era blanco, liso.
Subió otra vez. La consola ya estaba apagada. Negra. Muerta.
Mateo la pateó. No prendió.
Se acostó en la cama temblando. No por el dolor del brazo, por el vacío en la cabeza. Había perdonado a una niña que sí merecía ser perdonada, y el juego lo había castigado quitándole a su propia mamá.
Abajo, Héctor recibió una llamada.
Era de la morgue central.
— Rivas, tienes que venir. Encontramos otro sin rostro. En el río Combeima. Igual que los otros tres.
Héctor miró hacia arriba, hacia el cuarto de Mateo. Entendió al instante. Cada vez que Mateo condenaba, aparecía un cuerpo. Pero esta vez Mateo había perdonado. ¿Entonces qué era esto?
— Ya voy — dijo.
Fue a la morgue solo. No le dijo a Zero. Zero ya estaba obsesionado con los sin rostro, si le decía que había otro iba a pedir que le entregaran el caso al CTI y Héctor perdería el control.
En la morgue, el cuerpo estaba en una camilla de metal. Era un hombre de unos 40 años, sin rostro, con la piel lisa como plástico. En el pecho tenía marcada una palabra quemada: CULPABLE.
El médico forense, un amigo de Héctor, le dijo:
— Esto no es humano, Héctor. Esto no tiene huellas, no tiene ADN, no tiene dientes. Es como si nunca hubiera tenido cara. ¿Qué escribo en el informe?
Héctor miró el cuerpo. Sabía que si escribía la verdad, al otro día iba a haber periodistas, científicos, y alguien iba a conectar ese cuerpo con las cajas HEX que vendía Jonás. Y si conectaban a Jonás, conectaban a Mateo.
Por primera vez en 22 años de carrera, Héctor hizo algo ilegal.
— Escribe paro cardíaco por sobredosis — dijo —. Y lo cremamos hoy mismo. Sin fotos.
— ¿Estás loco? Eso es alterar...
— Hazlo. Yo firmo.
El médico lo miró raro pero firmó. Héctor sabía que estaba cruzando una línea de la que no se vuelve. Ya no era un papá tratando de salvar a su hijo. Ahora era un cómplice.
Cuando volvió a la casa, eran las 2 de la tarde. Valeria estaba en la cocina llorando bajito.
— Tu hijo está raro, Héctor. Me dijo señora. No se acordaba de mi nombre.
Héctor subió corriendo. Abrió la puerta del cuarto sin tocar.
Mateo estaba sentado en el piso, con la consola en las piernas, tratando de prenderla. La consola no prendía. Tenía la cara pálida, sudando.
— ¿Qué hiciste? — le preguntó Héctor.
— La perdoné — dijo Mateo con la voz quebrada — Le di al No y me quitó algo. Me quitó a mi mamá, pa. No me acuerdo cómo se llama.
Héctor se arrodilló a su lado.
— ¿A quién perdonaste?
— A una niña. De 9 años. Mató al padrastro que la violaba. No pude decir que era culpable. No pude.
Héctor lo abrazó. Esta vez Mateo sí lo abrazó de vuelta, fuerte, como cuando tenía 8 años y tenía pesadillas.
— Hiciste lo correcto, hijo.
— No — dijo Mateo llorando — Hice lo correcto para ella, pero el juego me castigó. Me bajó a 65%. Y ahora no prende. Me dejó solo.
En ese momento, la consola prendió sola.
Rojo otra vez.
No mostraba otro expediente. Mostraba el mismo.
La misma niña de 9 años, la misma foto, el mismo nombre: LUCÍA HERRERA, 9 AÑOS.
Debajo decía:
*SEGUNDA OPORTUNIDAD.*
*¿CULPABLE? SÍ / NO.*
Y más abajo, en letra pequeña:
_Si fallas dos veces, la purga será de un rostro que amas._
Mateo entendió. Si volvía a decir que NO, la consola no le iba a borrar un recuerdo. Le iba a borrar la cara a su mamá. La iba a convertir en un hueco.
Héctor vio la pantalla y entendió también.
— No lo hagas — le dijo — No la condenes.
— Si no la condeno, mata a mi mamá.
— Si la condenas, te conviertes en lo que juraste destruir. Dijiste que ibas a castigar a los malos. Ella no es mala.
Mateo tenía el dedo temblando sobre el SÍ. Tenía la cara llena de lágrimas. La marca negra le pulsaba en todo el brazo, llegando ya al cuello.
Por primera vez desde que empezó todo, Némesis no se sentía un dios. Se sentía un niño con una pistola en la mano, con su mamá del otro lado.
La consola empezó a contar regresivo: 10, 9, 8...
Héctor le agarró la mano.
— Elige tú, no dejes que el juego elija por ti.
5, 4, 3...
Mateo cerró los ojos y apretó.
La pantalla se puso negra.
Y en toda la casa, todos los espejos se rompieron al mismo tiempo.
CONTINUARA...