Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
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capitulo 17
El restaurante era un lugar exclusivo en la cima de una colina, con una vista panorámica iluminada bajo el cielo nocturno. Las mesas estaban cubiertas con manteles blancos y servilletas de lino, y la luz de las velas creaba una atmósfera íntima y elegante.
Will y Evolett se sentaron en una mesa junto a la ventana, donde la ciudad se extendía a sus pies como un manto de luces.
—Impresionante
susurró Evolett, observando el paisaje.
—Es mi restaurante favorito en Lyon
dijo Will.
—Vengo siempre que puedo. La comida es excelente y la vista es incomparable.
Un camarero llegó con la carta de vinos y dos copas de champán. Will lo saludó con familiaridad, y Evolett observó la escena con una mezcla de curiosidad y admiración. Will era un hombre de mundo, acostumbrado a estos ambientes. Y ella, a pesar de todos sus miedos, comenzaba a sentirse parte de él.
—¿Qué te pareció la colección?
preguntó Will, mientras levantaba su copa.
—En serio. Quiero tu opinión honesta.
Evolett tomó un sorbo de champán y reflexionó.
—Los vestidos eran hermosos, pero sentí que les faltaba una narrativa. Como si el diseñador se hubiera preocupado más por la forma que por el fondo.
—¿Y cómo lo solucionarías?
Evolett se tomó un momento para ordenar sus pensamientos.
—Incorporando elementos que hablen de la vida de quien lleva la prenda. Un dobladillo irregular que sugiera movimiento, un pliegue que parezca un abrazo, un color que evoque una emoción. La moda debería ser un lenguaje, no solo una declaración estética.
Will la miró con una intensidad que la hizo sentir desnuda.
—Eso es exactamente lo que necesito para nuestra colección. Alguien que entienda que la moda es emoción.
—¿Y qué emoción quieres transmitir con nuestra colección?
preguntó Evolett, sintiéndose más audaz con el champán.
Will guardó silencio por un momento, como si estuviera considerando la pregunta con seriedad.
—Quiero transmitir esperanza
dijo al fin.
—La sensación de que, incluso después de la tormenta, se puede encontrar la luz. De que se puede renacer.
Evolett sintió que las palabras resonaban en su pecho. Esperanza. Renacer. Era exactamente lo que ella estaba intentando hacer.
—Me gusta esa idea
dijo, con voz suave.
—Creo que podemos hacer algo hermoso juntos.
Will sonrió, y en sus ojos había algo más que satisfacción profesional. Había una conexión.
La cena transcurrió entre risas y conversaciones fluidas. Hablaron de todo, de la infancia de Will, de su pasión por la moda, de los sueños de Evolett. Ella le contó sobre el orfanato, sobre su deseo de diseñar prendas que hicieran sentir a las mujeres fuertes y hermosas. sintió que, por primera vez, podía ser ella misma sin miedo.
Cuando la cena terminó y salieron del restaurante, la noche de Lyon se extendía ante ellos. Will la tomó del brazo mientras caminaban hacia el coche, y Evolett sintió que el frío de la noche se disipaba con su calor.
—Ha sido una noche perfecta
dijo ella, con sinceridad.
—Todavía no ha terminado
—respondió Will, con una sonrisa misteriosa.
El coche los llevó de vuelta al hotel, pero en lugar de detenerse en la entrada, el chofer continuó hasta un mirador al borde del río. Will bajó y abrió la puerta para Evolett.
—Ven
dijo, extendiéndole la mano.
—Quiero mostrarte algo.
Caminaron hasta el borde del mirador, donde Lyon se reflejaba en las aguas del río Saona. Las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas caídas, y el silencio solo era roto por el suave murmullo del agua.
—Es hermoso
susurró Evolett.
—Lo sé
respondió Will, sin apartar la mirada de ella.
—Pero no tanto como tú.
Evolett sintió que el corazón se le aceleraba. Will dio un paso hacia ella, y por un momento, el mundo se redujo a la distancia entre sus rostros.
—Will
susurró, sin saber qué más decir.
Él levantó una mano y acarició su mejilla con una suavidad que la hizo temblar.
—No tengas miedo
dijo, con voz baja.
—No te voy a hacer daño. Nunca te haré daño.
Evolett cerró los ojos, sintiendo que el miedo se disipaba lentamente. No sabía lo que estaba pasando, pero no quería que se detuviera.
Cuando abrió los ojos, Will la miraba con una intensidad que la desarmaba.
—Deberíamos volver al hotel
dijo él, con voz ronca.
—Mañana tenemos otro desfile.
Evolett asintió, sintiendo que las palabras se le atascaban en la garganta. Pero cuando él tomó su mano para guiarla de vuelta al coche, ella no la soltó.