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La Esclava Del Conquistador

La Esclava Del Conquistador

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Viaje a un mundo de fantasía
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La esclava del conquistador

Khadir, el conquistador más temido del continente, jamás ha perdido una guerra. Reyes se arrodillan ante él, imperios caen bajo su espada y todo aquello que desea termina perteneciéndole. Hasta que encuentra a Mila.

Capturada tras la caída de su reino, Mila es entregada como esclava al hombre que destruyó todo lo que amaba. Khadir espera quebrar su voluntad como ha hecho con miles de enemigos, pero descubre que ella es distinta. Ni las cadenas, ni las amenazas, ni el poder absoluto consiguen doblegarla.

Lo que comienza como una lucha entre amo y esclava se convierte en una peligrosa batalla de voluntades, donde cada victoria tiene un precio y cada derrota deja cicatrices imborrables.

En un mundo gobernado por la guerra, la conquista y la ambición, solo uno podrá imponerse... porque el mayor imperio jamás será una ciudad, sino el corazón del enemigo.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La cacería y el trato

El bosque no lo recibió. Lo observó. Silencioso. Antiguo. Vivo. El rey Ur avanzaba solo entre los árboles, paso firme sobre tierra húmeda. Sin guardias que lo protegieran. Sin estandartes que anunciaran su llegada. Sin el peso inútil de toda una corte detrás de él. Solo su espada, su arco… y su voluntad.

El aire allí era distinto: más frío, más denso, más… atento. Como si cada raíz y cada rama supieran que pasaba, como si la tierra misma bajo sus pies lo juzgara. Tres noches enteras no fue de cacería verdadera: fue preparación. Persiguió ciervos, siguió jabalíes, derribó presas menores y las marcó todas con veneno —suficiente para debilitar, para frenar, para dejar rastro—. Una trama tejida con paciencia extrema.

Esperó. Inmóvil en lo alto de un roble milenario, duro como la piedra, mientras la oscuridad se cerraba a su alrededor. El bosque respiraba lento y profundo a su alrededor. Algo se movió a lo lejos: demasiado suave para un humano, demasiado decidido para cualquier animal. Luego… un grito. No humano. Ni enteramente bestial. Algo intermedio: agudo, desgarrado, un dolor que hizo estremecer hasta al propio rey.

Allí estaba. No corrió: el poder no se apresura. Esperó, contuvo el aire… y bajó. Silencioso como una sombra, preciso como una hoja bien afilada. Llegó hasta ella: de rodillas, una flecha suya clavada en su muslo, temblando no por debilidad, sino por contener una fuerza inmensa que amenazaba con desbordarse. Levantó la mirada… y él vio esos ojos. Rojos. Profundos. Distintos. Llenos de un odio puro que no retrocedía ante nada. El rey sonrió levemente: las leyendas eran ciertas.

Intentó ponerse de pie y no pudo: el veneno la tenía sujeta. Pero seguía siendo peligrosa: se sentía ante algo mucho mayor que cualquier prisionera. El rey avanzó paso a paso mientras ella mostraba dientes demasiado afilados y demasiados para ser normales. Sin prisa, la rodeó con cuerdas preparadas para resistir cualquier fuerza… y la llevó consigo. Sabía perfectamente: esto no era una presa común. Era algo único. Algo poderoso. Algo valioso más que cualquier tesoro.

La jaula no era perfecta, pero sí lo bastante fuerte. Ella no gritó. No suplicó. Solo lo miraba, siempre, con una mirada que nada lograba doblegar. Pasaron los días: su odio no disminuía, se afilaba más cada amanecer. El rey regresaba una y otra vez: no solo por deseo, sino por una curiosidad que se volvió obsesión. La estudiaba, la medía, la dosificaba… no para romperla, sino para comprenderla y dominarla.

Cuando habló por primera vez, no fue con miedo: fue con desprecio.

—Humano… hueles a muerte.

—Bien —respondió él sonriendo.

Pero algo cambió en ella: transformaciones sutiles primero, luego claras. El rey comprobó su pulso, distinto al de cualquier ser conocido… y comprendió: llevaba su hijo. Un ser raro, poderoso más allá de lo imaginable.

—Llevas a mi hijo —dijo él con seguridad absoluta.

Ella se quedó inmóvil. Por primera vez dudó. Escuchó.

—No te tendré prisionera para siempre —le propuso—. Entrégalo… y serás libre.

—Tú decides todo ahora —respondió ella con voz firme—. ¿Y esperas que crea en tu palabra?

—En mi pueblo los tratos se cumplen —dijo ella, Lianne—. Este niño no es solo tuyo: nunca será del todo humano. Si lo dejo aquí… jamás será una posesión. Cuando crezca lo suficiente… elegirá. Si quedarse… o volver conmigo.

El rey lo pensó: una condición… y una amenaza a la vez.

—Trato hecho —dijo él extendiendo la mano—. Te lo prometo.

Ella aceptó el pacto sin confiar, pero decidida. Pasaron los meses bajo vigilancia estricta. Ella apenas cambiaba igual que los demás: envejecía distinto, conservaba su brillo, su agudeza, su forma de esperar sin desesperarse. El rey aprendió: menos veneno, más observación. Descubrió gustos extraños: carne vieja, sangre… necesidades distintas a las suyas. Y ella nunca suplicó:

—No me rebajo ante nadie —dijo con dignidad.

El niño crecía y se sentía su presencia ya desde antes de nacer: fuerte, densa, real. Una noche él entró y la encontró con la mano sobre su vientre:

—Duele como no lo conoces tú… pero es fuerte —le dijo ella.

Entonces el rey dejó de verla solo como algo tomado: entendió que era el puente hacia todo lo que anhelaba poseer. Nadie más debía saber lo que ella era. El nacimiento llegó en silencio absoluto: solo ellos dos y la vida nueva. Lianne lo sostuvo entre sus brazos y por primera vez se suavizó:

—Khadir —susurró con voz distinta y hermosa—. Significa: mezcla de dos mundos. Algo nuevo. Algo superior.

Le puso en el pecho un amuleto de plata y obsidiana: su única herencia.

—Soy Lianne Cromwell. Dile quién fue su madre.

Se levantó entonces: recuperada, entera, llegada la hora pactada. El rey respetó el acuerdo. Ella saltó hacia la oscuridad… y no cayó: descendió ligera, veloz, desapareciendo entre las sombras tal como vino. El rey sostuvo al niño entre sus brazos, firme y silencioso, y sonrió con esa ambición que nada detiene:

—Las leyendas eran ciertas… y ahora todo ese poder es mío.

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BERNARDINA PASTELIN
desgraciado viejo😡😡😡
EspirituCreativo: Tranquila lectora... Y si es un viejo calculador
total 1 replies
BERNARDINA PASTELIN
🤔🤔🤔🤔🤔 menciona que viene del futuro
EspirituCreativo: Si lectora viene del futuro, vivió un tiempo como princesa del reino y se adapto pero no perdió su ímpetu
total 1 replies
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