SINOPSIS ~
Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente
Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz
Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería
Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar
Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos
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EL VALLE OCULTO
El hombre que habían detenido los condujo por un sendero que apenas podía distinguirse entre los árboles.
Durante varios minutos nadie habló.
Los seis hombres que habían intentado asaltarlos caminaban delante de ellos, desarmados y vigilados por Arnold y Kael.
Amaris caminaba detrás.
Nox iba a su lado.
El Fenrir parecía tranquilo, pero de vez en cuando levantaba la cabeza y olfateaba el aire.
Amaris lo observó.
Desde que habían encontrado el colgante, había algo diferente en él.
No sabía explicar qué.
—¿Qué estás mirando? —preguntó Kael.
Amaris levantó la vista.
—A Nox.
Kael miró al Fenrir.
—¿Por qué?
—Está extraño.
Arnold, que caminaba unos pasos delante, intervino.
—¿Más extraño de lo normal?
Amaris sonrió ligeramente.
—Mucho más.
Nox giró la cabeza hacia ella.
Sus ojos verdes se encontraron con los de Amaris.
Durante unos segundos ninguno apartó la mirada.
Después Nox continuó caminando.
Kael lo observó.
—Creo que te entiende.
—¿A mí?
—Sí.
Amaris frunció el ceño.
—¿Por qué?
—No lo sé.
Ella guardó silencio.
Desde que Nox había aparecido, había algo en él que le resultaba extrañamente familiar.
No era como conocer a alguien.
Era diferente.
Era más parecido a reconocer una presencia que no recordaba haber conocido.
Pero no dijo nada.
Después de casi una hora, el bosque comenzó a cambiar.
Los árboles se hicieron más altos y espesos.
El sendero descendió lentamente.
Amaris escuchó el sonido de agua.
—Hay un río.
El hombre que iba delante asintió.
—Estamos cerca.
Finalmente atravesaron una última fila de árboles.
Y entonces el valle apareció ante ellos.
Era mucho más grande de lo que Amaris había imaginado.
Había pequeñas casas construidas alrededor de una corriente de agua. Algunas eran de madera y otras estaban hechas de piedra. Había campos de cultivo, aunque muchos parecían abandonados.
Pero lo que más llamó su atención fue la cantidad de personas.
Había niños.
Ancianos.
Familias enteras.
Y casi todos parecían cansados.
Una mujer salió de una de las casas.
Al ver a los hombres, corrió hacia ellos.
—¡¿Lo consiguieron?!
El hombre negó con la cabeza.
—Nos atraparon.
La mujer se quedó pálida al ver a Kael, Arnold y Amaris.
—¿Quiénes son ellos?
—Los que nos derrotaron.
Arnold levantó una mano.
—Eso sonó peor de lo que fue.
Kael lo miró.
—No creo que fuera necesario aclararlo.
La mujer retrocedió.
Amaris observó su expresión.
No parecía hostil.
Parecía asustada.
—No venimos a hacerles daño —dijo Amaris.
La mujer la miró con desconfianza.
—Todos dicen eso.
Amaris no respondió.
No podía culparla.
Kael dio un paso adelante.
—Queremos saber qué está pasando.
Un hombre mayor salió de una de las casas.
Tenía el cabello completamente blanco y caminaba apoyándose en un bastón.
Cuando vio a los recién llegados, observó primero a los bandidos.
Después a Nox.
Su expresión cambió.
Fue apenas un instante.
Pero Amaris lo notó.
El anciano miró al Fenrir con una mezcla de sorpresa y miedo.
—¿Dónde encontraron a esa criatura?
Kael frunció el ceño.
—Él no es una criatura.
El anciano bajó la mirada.
—No quise ofender.
Nox gruñó suavemente.
Amaris se acercó un poco más a él.
—¿Lo conoce?
El anciano la miró.
—No.
Pero su respuesta había sido demasiado rápida.
Amaris lo notó.
Kael también.
—Entonces será mejor que nos expliques qué sucede aquí —dijo Kael.
El anciano suspiró.
—Hace tres meses, el valle comenzó a quedarse sin provisiones.
Arnold miró los campos.
—¿Por qué?
—La cosecha fue destruida por una plaga.
—¿Y los comerciantes?
—Dejaron de venir.
—¿Todos?
El anciano asintió.
—Los caminos que conducen al valle fueron bloqueados.
Kael frunció el ceño.
—¿Por quién?
El anciano miró hacia las montañas.
—No lo sabemos.
Amaris observó las casas.
—Entonces los bandidos comenzaron a robar las provisiones.
—No son bandidos —respondió el anciano.
Kael levantó una ceja.
El hombre señaló a los seis.
—Son habitantes de este mismo valle.
Arnold abrió los ojos.
—¿Qué?
Uno de los hombres bajó la cabeza.
—No queríamos lastimar a nadie.
—Pero atacaron a comerciantes —dijo Kael.
—Porque nadie nos escuchaba.
El silencio cayó sobre el grupo.
Amaris miró a Kael.
Él no respondió.
Había algo que no encajaba.
Si alguien estaba bloqueando los caminos, ¿por qué?
Y si los comerciantes habían dejado de llegar, ¿quién se beneficiaba?
Nox comenzó a caminar hacia una de las casas.
Kael lo llamó.
—Nox.
El Fenrir se detuvo.
Amaris lo siguió con la mirada.
Había vuelto a mirar hacia el mismo lugar.
Hacia una pequeña estructura de piedra ubicada al borde del valle.
Parecía un antiguo almacén.
Pero algo en ella había llamado su atención.
—Creo que quiere que vayamos allí —dijo Amaris.
Kael la miró.
—¿Cómo lo sabes?
Amaris tardó unos segundos en responder.
—No lo sé.
Y eso era verdad.
Solo lo había sentido.
Caminaron hacia la estructura.
Arnold los siguió.
La puerta estaba cerrada.
Kael examinó la cerradura.
—Está vieja.
Amaris señaló el suelo.
—Pero alguien la ha abierto recientemente.
Había marcas recientes alrededor de la entrada.
Kael sonrió.
—Buena observación.
Amaris se encogió de hombros.
—Solo estoy mirando.
Kael forzó la puerta.
El interior estaba oscuro.
El olor a humedad llenaba el lugar.
Había sacos vacíos, herramientas viejas y algunas cajas.
Pero no había alimentos.
Arnold revisó una esquina.
—Nada.
Nox entró.
Caminó hasta el fondo.
Y se detuvo.
Kael encendió una pequeña llama en su mano para iluminar el lugar.
—¿Qué pasa?
Nox olfateó una de las paredes.
Amaris se acercó.
Había una marca tallada en la piedra.
No era reciente.
Era antigua.
Muy antigua.
Una figura parecida a la cabeza de un lobo.
Amaris sintió un escalofrío.
Kael sacó el colgante que había encontrado horas antes.
Lo acercó a la pared.
La forma coincidía.
Arnold se quedó mirando.
—Eso no puede ser una coincidencia.
Nox se acercó lentamente.
Kael sostuvo el colgante frente a la marca.
Por primera vez, el Fenrir mostró los dientes.
No hacia ellos.
Hacia la pared.
—¿Qué significa? —preguntó Amaris.
Nadie respondió.
El anciano apareció detrás de ellos.
Al ver el colgante, su rostro perdió el color.
Kael lo notó.
—Usted sabe qué es.
El anciano no respondió.
—¿Qué es? —repitió Kael.
El hombre apretó el bastón entre sus manos.
—Ese símbolo pertenece a una historia que debería haber permanecido olvidada.
Amaris sintió un extraño vacío en el pecho.
—¿Qué historia?
El anciano miró directamente a Nox.
—La historia de los guardianes del antiguo bosque.
Nox levantó la cabeza.
El hombre tragó saliva.
—Hace siglos existió una criatura que tenía un poder que ningún humano podía comprender.
Amaris sintió un escalofrío.
No sabía por qué.
Pero aquellas palabras le resultaban familiares.
—¿Qué criatura? —preguntó Arnold.
El anciano tardó unos segundos en responder.
—El Gran Zorro.
Amaris quedó inmóvil.
Por alguna razón, escuchar aquel nombre hizo que su pecho se sintiera extraño.
Nox la miró.
Solo durante un instante.
Pero fue suficiente para que Amaris lo notara.
—¿Qué sabes de él? —preguntó.
El anciano bajó la mirada.
—Solo lo que cuentan las historias.
—¿Y este símbolo?
—Los guardianes que servían a la criatura utilizaban ese símbolo.
Kael observó a Nox.
Después volvió a mirar el colgante.
—¿Guardianes?
El anciano asintió.
—Se decía que protegían al Gran Zorro.
Nox se quedó completamente inmóvil.
Amaris sintió que algo dentro de ella parecía despertar.
Una imagen fugaz apareció en su mente.
Un bosque cubierto de niebla.
Una figura blanca.
Y unos ojos verdes.
Parpadeó.
La visión desapareció.
—Amaris.
La voz de Kael la hizo volver en sí.
—¿Estás bien?
Ella lo miró.
—Sí.
Pero no estaba segura.
No entendía qué acababa de ver.
Nox se acercó y se quedó junto a ella.
Amaris bajó la mirada hacia él.
Sus ojos verdes parecían observarla con una tristeza que no comprendía.
Por primera vez, tuvo la sensación de que aquel animal no estaba descubriendo algo sobre ella.
Estaba recordando algo.
Algo que ella había olvidado.
Y mientras el sol comenzaba a ocultarse detrás de las montañas, ninguno de los tres sabía que habían encontrado algo mucho más importante que el motivo de los robos.
Habían encontrado la primera pieza de una historia que llevaba siglos esperando ser recordada.
Y Nox sabía exactamente dónde comenzaba.