Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 13
El silencio que quedó sobre la cubierta después de que Derek se alejara fue casi más intenso que el propio beso.
Jade permaneció inmóvil durante unos segundos.
No podía moverse.
No podía pensar.
Solo podía sentir todavía el calor de sus labios sobre los suyos.
Se llevó lentamente los dedos a la boca.
—¿Qué acaba de pasar?
Su propia voz sonó apenas como un susurro.
Había sido ella quien lo había provocado aquella noche. Había sido ella quien se acercó demasiado, quien jugó con la distancia y terminó dejándolo con ganas de besarla.
Pero aquella vez había sido diferente.
Esta vez Derek había tomado la iniciativa.
Y la había besado.
No había sido un roce accidental ni un gesto insignificante.
Había sentido la intensidad con la que él la había acercado a su cuerpo, la seguridad de sus manos y aquella manera en que parecía haber olvidado por unos instantes que ambos estaban allí por trabajo.
Jade cerró los ojos.
Su corazón todavía golpeaba con fuerza.
—No puede ser...
Respiró profundamente e intentó recuperar la calma.
......................
Pero, en otra parte del buque, Derek tampoco estaba precisamente tranquilo.
Caminó hacia su camarote con pasos firmes, intentando mantener la expresión seria que acostumbraba llevar delante de los demás.
Nadie debía notar lo que acababa de suceder.
Mucho menos él mismo.
Llegó a su puerta, entró y la cerró detrás de sí.
Se quedó apoyado contra ella durante unos segundos.
Entonces soltó el aire lentamente.
—Me atrapó.
Se pasó una mano por el cabello.
—Esa mujer me atrapó.
Derek soltó una pequeña risa, aunque no había nada gracioso en lo que estaba sintiendo.
Había intentado darle una lección.
Eso era lo que se había repetido antes de acercarse a ella.
Quería demostrarle que no podía provocarlo y después fingir que nada había sucedido.
Pero había terminado siendo él quien perdía el control.
Recordó el momento en que sus labios habían encontrado los de Jade.
Y su mandíbula se tensó.
La deseaba.
Había algo en ella que despertaba una parte de él que llevaba demasiado tiempo ignorando.
Su carácter.
Su manera de desafiarlo.
La forma en que lo miraba sin bajar la cabeza.
Y ahora también conocía la sensación de tenerla cerca.
Derek cerró los ojos.
—La deseo como un loco.
No intentó negarlo.
La quería cerca.
Quería volver a besarla.
Quería sentir nuevamente aquella conexión que había surgido entre ambos.
Por un instante, incluso imaginó lo fácil que sería dejarse llevar y hacerla suya.
Pero la idea duró apenas unos segundos antes de que recuperara la razón.
Lo que sentía era deseo.
Una atracción intensa, casi imposible de ignorar.
Jade le gustaba demasiado físicamente, y eso era precisamente lo peligroso.
Derek estaba acostumbrado a controlar sus emociones y sus decisiones.
Con ella comenzaba a costarle.
—Solo es deseo —se dijo.
Abrió los ojos y miró hacia la ventana del camarote.
—Nada más.
Eso era lo que quería creer.
Porque involucrarse sentimentalmente con una mujer como Jade no estaba en sus planes.
Ella era demasiado independiente.
Demasiado desafiante.
Y, sobre todo, demasiado capaz de entrar en su cabeza.
Derek se apartó de la puerta y caminó hasta la pequeña mesa.
Apoyó ambas manos sobre ella.
—No voy a enamorarme de ti, Jade Castillo.
Sonrió ligeramente.
—Pero sí quiera hacerte mía.
......................
Mientras tanto, Jade finalmente regresó a su camarote con el corazón todavía acelerado.
Cerró la puerta detrás de ella y apoyó la espalda contra esta.
—¿Cómo se atreve a hacerme esto?
Se llevó ambas manos al rostro.
Sentía las mejillas ardiendo.
—¿Cómo se atreve?
Caminó hasta el espejo.
Cuando vio su reflejo, se quedó completamente quieta.
Sus mejillas estaban rojas.
Sus ojos tenían un brillo diferente.
Y sus labios se veían ligeramente hinchados después de aquel beso.
Jade los observó durante varios segundos.
Aquello era suficiente para recordarle exactamente lo que había ocurrido.
Se tocó suavemente el labio inferior.
—Esto es deseo.
La palabra salió lentamente.
Como si decirla en voz alta hiciera que todo tuviera sentido.
Nunca había deseado a un hombre de aquella manera.
Jamás había sentido que un simple beso pudiera alterar tanto sus pensamientos.
Había tenido citas.
Había conocido hombres.
Había recibido cumplidos.
Pero ninguno había conseguido provocar aquella reacción en ella.
Ninguno había hecho que su corazón latiera de aquella forma.
Jade apartó la mirada del espejo.
—No.
Se cruzó de brazos.
—Esto no volverá a pasar.
Pero su propia voz carecía de la seguridad habitual.
Porque una parte de ella todavía podía sentirlo.
El beso.
La cercanía.
La intensidad.
Y, sobre todo, la manera en que Derek había conseguido hacerla olvidar durante unos segundos todas las razones por las que debía mantenerse alejada.
Jade respiró profundamente.
—Te gusta demasiado.
Volvió a mirarse.
—Ese es el problema.
Derek le gustaba.
Demasiado.
Y si seguía acercándose a él, sabía que podía terminar perdiendose.
Pero había algo que tenía mucho más claro.
No estaba dispuesta a permitir que Derek Moncada jugara con ella.
No quería convertirse en una aventura para un hombre acostumbrado a conseguir lo que quería.
Ella no era un premio.
No era un pasatiempo.
Y mucho menos una mujer a la que pudiera besar cuando tuviera ganas y después ignorar como si nada hubiera ocurrido.
—No voy a ceder.
Lo dijo con firmeza.
—No importa cuánto me atraigas.
Se acercó al espejo y sostuvo su propia mirada.
—No voy a dejar que juegues conmigo.
Jade tomó aire.
Intentó ordenar sus pensamientos.
Había ido a aquel barco para trabajar.
Para demostrar su capacidad.
No para enamorarse.
Ni siquiera para desear a su cliente de aquella manera.
Y mucho menos para terminar envuelta en una relación que pudiera hacerle daño.
Se apartó del espejo.
—Mañana será diferente.
Intentó convencerse.
—Voy a comportarme como si esto nunca hubiera ocurrido.
Pero apenas terminó de decirlo, una sonrisa involuntaria apareció en sus labios.
Recordó el beso.
Y la sonrisa desapareció inmediatamente.
—No.
Negó con la cabeza.
—Definitivamente no.
Se sentó en el borde de la cama y dejó escapar un suspiro.
......................
Derek probablemente estaría haciendo exactamente lo mismo: intentando convencerse de que aquello solo había sido un momento de deseo.
Y quizá ambos tenían razón.
Todavía no había amor.
Solo atracción.
Solo deseo.
Solo dos personas intentando mantenerse lejos mientras cada encuentro los acercaba un poco más.
......................
Jade se recostó finalmente sobre la cama.
Cerró los ojos.
Pero aquella noche descubrió que dormir sería mucho más difícil de lo que había imaginado.
Porque, por primera vez en su vida, había deseado a un hombre de una manera que no sabía controlar.
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos