Del odio al amor solo hay un paso.
Cual camino eligieron nuestros protagonistas?
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Separación
Noor tomó una decisión que le rompió el corazón.
Necesitaba alejarse.
No porque hubiera dejado de amar a Maximiliano. Precisamente porque lo amaba demasiado y porque ya no sabía distinguir entre la verdad y las mentiras que los rodeaban.
Sentía que, si permanecía cerca de él, terminaría tomando una decisión impulsiva de la que podría arrepentirse.
Una tarde, mientras estaban sentados en silencio, Noor finalmente habló.
—Necesito irme unos días.
Maximiliano levantó la mirada.
—¿A dónde?
—A la casa de mi infancia.
Él permaneció callado durante unos segundos.
—¿Quieres que vaya contigo?
Noor negó lentamente.
—No.
La respuesta pareció dolerle.
—Está bien.
Noor esperaba que insistiera.
Esperaba que le dijera que no quería perderla, que buscara una solución o que simplemente le pidiera que se quedara.
Pero Maximiliano no lo hizo.
Solo bajó la mirada.
Quizá aquella fue la parte que más le dolió.
—Necesito pensar —dijo Noor.
—Lo entiendo.
—No sé cuánto tiempo estaré allí.
—Tómate el tiempo que necesites.
Noor sintió que las lágrimas amenazaban con aparecer.
—Te amo, Maximiliano.
Él la miró.
—Yo también te amo.
Noor se marchó poco después.
Durante el viaje, miró por la ventana del automóvil mientras la ciudad desaparecía lentamente detrás de ella.
Cada kilómetro parecía alejarla de Maximiliano y, al mismo tiempo, acercarla a una verdad que todavía desconocía.
Al llegar, encontró la antigua casa de su infancia.
Era una vivienda grande y antigua, rodeada de árboles.
El jardín estaba cubierto de hojas.
La pintura de las paredes había comenzado a desaparecer.
Pero para Noor cada rincón conservaba un recuerdo.
Recordó las tardes jugando en el jardín.
Las mañanas en que su madre preparaba el desayuno.
Las noches en que su padre le leía cuentos antes de dormir.
Entró en su antigua habitación.
Sobre una pequeña mesa todavía había una fotografía familiar.
Noor la tomó entre sus manos.
—¿Por qué nunca me contaste la verdad, papá? —susurró.
Entonces recordó algo.
La biblioteca.
Su padre siempre había dicho que algunos secretos estaban escondidos en los libros.
Noor bajó rápidamente las escaleras y entró en aquella habitación.
Comenzó a revisar los estantes.
Después de varias horas encontró una pequeña caja escondida detrás de un estante.
Estaba cubierta de polvo.
Dentro había cartas antiguas.
Noor abrió la primera.
"Si algún día Noor encuentra esto, debe saber que su padre jamás traicionó a la familia de Maximiliano."
Las manos comenzaron a temblarle.
Continuó leyendo.
"El verdadero responsable fue alguien cercano a ambas familias. Tomé decisiones que me hicieron parecer culpable porque necesitaba proteger a mi hija."
Noor sintió que las lágrimas recorrían sus mejillas.
—¿Quién fue? —preguntó en voz alta.
Revisó las siguientes cartas.
No encontró ningún nombre.
Pero en la última había algo diferente.
Una dirección.
Noor tomó el papel.
Quizá aquella dirección escondía la respuesta.
Mientras tanto, Maximiliano permanecía solo en su apartamento.
Miró varias veces el teléfono.
Escribió:
"Te extraño."
Lo borró.
Después escribió:
"Espero que estés bien."
También lo borró.
Finalmente dejó el teléfono sobre la mesa.
Había comprendido que amar a Noor también significaba respetar su necesidad de distancia.
Pero aquella tranquilidad duró poco.
Su teléfono comenzó a sonar.
—¿Maximiliano?
Era el abogado de su familia.
—Sí.
—Encontramos algo relacionado con tu padre.
Maximiliano se incorporó inmediatamente.
—¿Qué encontraron?
—Una cuenta bancaria antigua.
—¿Dónde?
—En el extranjero.
—¿A nombre de quién?
El abogado permaneció unos segundos en silencio.
—A nombre del padre de Noor.
Maximiliano sintió que el corazón se le detenía.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
—Necesito ver los documentos.
—Los tendrás mañana.
Maximiliano terminó la llamada.
Aquella información podía significar que el padre de Noor realmente había estado involucrado.
O podía ser otra pieza de la conspiración.
Miró hacia la ventana.
—No voy a creer una mentira más.
Tomó su chaqueta.
Si quería recuperar a Noor, primero debía descubrir la verdad.
Aunque para hacerlo tuviera que enfrentarse a su propia familia.
Y mientras él comenzaba su investigación, Noor guardaba cuidadosamente la dirección encontrada en la casa de su infancia.
Sin saberlo, ambos estaban siguiendo caminos diferentes hacia el mismo secreto.
Un secreto que estaba a punto de revelar quién había iniciado aquella guerra veinticinco años atrás.
Y cuando la verdad finalmente saliera a la luz, ninguno de los dos volvería a mirar el amor de la misma manera.