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5 Puertas

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Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Casos sin resolver
Popularitas:46
Nilai: 5
nombre de autor: yarely

5 PUERTAS

¿Y si tu destino hubiera sido elegido antes de nacer?

Cinco puertas. Cinco destinos. Un secreto capaz de cambiarlo todo.

Cuando varias personas comienzan a descubrir que sus vidas están unidas por un misterio imposible de explicar, entenderán que algunas puertas nunca debieron abrirse.

NovelToon tiene autorización de yarely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8 — UNA AMISTAD QUE COMIENZA

El silencio que había quedado en la cancha duró apenas unos segundos.

—¿Julietta? —preguntó Gio con preocupación mientras se acercaba rápidamente.

Ella levantó una mano, intentando tranquilizarlo.

—Estoy bien... solo fue un susto.

Sin embargo, al apartar el cabello de su frente, una pequeña molestia la hizo cerrar los ojos por un instante.

Gio frunció el ceño.

Sobre el costado de su cabeza comenzaba a formarse un pequeño chichón.

—No, estás lastimada. Vení conmigo.

Julietta negó suavemente.

—De verdad, no hace falta.

—Sí hace falta —respondió él con firmeza, aunque sin perder la calma—. La enfermería está a unos pasos. Solo quiero asegurarme de que estés bien.

Julietta lo observó unos segundos.

Nunca había visto a alguien preocuparse tanto por un simple pelotazo.

Finalmente sonrió.

—Está bien... pero solo para que te quedes tranquilo.

Los dos comenzaron a caminar hacia la enfermería.

Durante el camino, ninguno dijo una palabra.

El ruido de la cancha iba quedando cada vez más atrás.

Pero en la cabeza de Gio solo se repetía una imagen.

El último punto.

El salto.

El remate.

La pelota desviándose.

De repente, se detuvo unos segundos.

"No...", pensó.

Recordó exactamente cómo había sido la jugada.

Había querido enviar la pelota al fondo de la cancha.

Pero en el último instante había golpeado el balón con un poco más de fuerza de la necesaria.

La dirección cambió.

Y terminó saliendo hacia donde estaban Julietta y Emma.

"Fui yo..."

Sintió un nudo en el estómago.

"Yo le pegué sin querer."

Miró de reojo a Julietta.

Ella seguía caminando con tranquilidad, como si nada hubiera pasado.

Eso solo hizo que él se sintiera más culpable.

Mientras tanto, en la cancha, el entrenamiento había quedado completamente detenido.

Mateo miró alrededor.

—Bueno... ¿alguien entendió qué pasó?

Lucas permanecía inmóvil, mirando el lugar desde donde había salido la pelota.

Emma también observaba la cancha con atención.

Los dos parecían estar reconstruyendo la jugada en sus cabezas.

Pasaron unos segundos.

Entonces Lucas habló.

—Ya sé.

Emma levantó la vista.

—Yo también.

Los dos se miraron al mismo tiempo.

—Fue Gio.

Las palabras salieron de sus bocas casi al unísono.

Mateo abrió grandes los ojos.

—¿Qué?

Lucas señaló la posición donde estaba Gio unos segundos antes.

—La pelota salió de su remate.

Emma asintió.

—Fue un accidente. Nadie lo notó porque todo pasó muy rápido.

Mateo se cruzó de brazos.

—Mmm... no estoy convencido.

Giró lentamente hacia Renata.

Ella levantó una ceja.

—¿Qué?

Mateo sonrió con esa expresión traviesa que todos conocían.

—Seguro fuiste vos.

Renata soltó una risa incrédula.

—¿Perdón?

—Sí. Se nota que estabas celosa porque Gio fue a ayudar a Julietta primero.

Por un segundo hubo un silencio absoluto.

Después...

—¡¿Qué dijiste?!

Renata tomó una pelota del banco y amagó con lanzársela.

Mateo salió corriendo entre risas.

—¡Era un chiste! ¡No sabés aceptar una broma!

—¡Vení para acá!

Emma no pudo evitar reír.

Lucas suspiró antes de caminar rápidamente para ponerse en medio de los dos.

—Ya basta.

Emma también se acercó.

—Renata, tranquila. Mateo solo está molestando, como siempre.

Renata respiró hondo.

Aunque bajó la pelota, todavía seguía mirando a Mateo con ganas de perseguirlo por toda la universidad.

Mientras tanto, en la enfermería, una de las enfermeras colocaba una bolsa con hielo sobre el pequeño chichón que había aparecido en la cabeza de Julietta.

—Por suerte no fue más que un golpe. Ponete hielo unos minutos y vas a estar bien —dijo con una sonrisa antes de salir para atender a otro estudiante.

Julietta soltó una pequeña risa.

—¿Ves? Te dije que no era nada.

Gio negó con la cabeza.

—Igual prefería asegurarme.

Julietta lo observó unos segundos.

Desde que lo había conocido, siempre le había parecido un chico serio.

Incluso un poco distante.

Pero en ese momento descubría otra parte de él.

Una mucho más amable.

Más cercana.

—¿Por qué te preocupaste tanto? —preguntó con curiosidad.

Gio bajó la mirada por un instante.

Se rascó la nuca con algo de vergüenza.

—Porque... me preocupé.

Julietta sonrió divertida.

—Eso ya lo sé.

Él dejó escapar una pequeña risa.

—Bueno... porque ya sos mi amiga.

Las mejillas de Julietta se tiñeron de un suave color rosado.

No esperaba escuchar esas palabras.

—Gracias... —respondió en voz baja.

Durante unos segundos, el silencio volvió a instalarse entre los dos.

Pero esta vez no era incómodo.

Era tranquilo.

Como si ninguno quisiera romper ese momento.

Para cambiar de tema, Julietta sonrió.

—Por cierto... estuviste genial jugando al vóley.

Gio levantó la vista, sorprendido.

Después volvió a rascarse el pelo, un poco avergonzado.

—¿En serio?

—Sí. Se nota que te encanta jugar.

Él sonrió con timidez.

—Muchas gracias.

Julietta notó que era la primera vez que veía a Gio sonreír de esa manera.

Y le gustó.

—¿Te duele mucho? —preguntó él mirando el golpe.

Ella acomodó la bolsa de hielo sobre su cabeza.

—Mucho mejor que hace un rato.

—Me alegro.

En ese momento, la puerta de la enfermería se abrió.

Emma entró casi corriendo.

—¡Julietta!

Se acercó enseguida.

—¿Cómo te sentís?

Julietta sonrió para tranquilizarla.

—Estoy bien, Emma. Solo fue un golpe.

Emma suspiró aliviada.

—Me asustaste.

Detrás de ella aparecieron Lucas, Mateo y, unos segundos después, Renata.

Mateo fue el primero en hablar.

—Bueno... parece que sobreviviste al ataque de una pelota asesina.

Julietta soltó una carcajada.

—Sí, por suerte.

—Qué lástima... ya estaba preparando un discurso para recordarte.

—¡Mateo! —exclamó Emma entre risas.

Lucas negó con la cabeza.

—Algún día vas a aprender cuándo hacer un chiste.

—Ese día todavía está muy lejos —respondió Mateo orgulloso.

Incluso Renata dejó escapar una pequeña sonrisa antes de volver a ponerse seria.

Mientras todos hablaban, Gio se acercó discretamente a Emma.

—¿Podemos hablar un segundo?

Emma asintió.

Los dos dieron unos pasos hacia un costado de la enfermería.

Gio respiró hondo.

—Creo... que fui yo quien le pegó la pelota.

Emma no pareció sorprenderse.

Al contrario.

Sonrió con tranquilidad.

—Lo sé.

Gio abrió un poco los ojos.

—¿Cómo que lo sabés?

—Lucas y yo reconstruimos la jugada.

Los dos llegamos a la misma conclusión.

Fue un accidente.

Gio bajó la mirada.

—Me siento muy mal por eso.

Emma apoyó una mano sobre su hombro.

—No fue a propósito.

Y Julietta también lo sabe.

Él suspiró.

—Solo... no quiero que ella piense que fui un irresponsable.

Emma sonrió.

—Quedate tranquilo.

Lucas y yo no vamos a decir nada.

Cuando quieras contarlo, lo harás vos.

Gio sintió un gran alivio.

—Gracias.

Emma hizo un pequeño gesto con la cabeza.

—Para eso están los amigos.

Cuando regresaron junto al grupo, Julietta ya se había levantado de la camilla.

La enfermera les indicó que podía volver a su casa sin problemas, siempre que siguiera poniéndose hielo si el golpe le molestaba.

Todos comenzaron a salir de la enfermería.

Mateo seguía haciendo bromas durante el camino.

Lucas lo escuchaba resignado.

Emma caminaba al lado de Julietta.

Y Gio, sin darse cuenta, redujo un poco el paso para asegurarse de que ella estuviera bien.

Unos metros más atrás, Renata observó la escena en silencio.

Apretó con fuerza la correa de su bolso deportivo.

No entendía por qué le molestaba ver a Gio tan pendiente de Julietta.

Siempre habían sido rivales.

Eso era todo.

¿Entonces por qué sentía esa extraña incomodidad?

Desvió la mirada antes de que alguien pudiera notarlo.

Ni ella misma tenía la respuesta.

Pero, sin saberlo, aquel simple golpe con una pelota acababa de cambiar mucho más que un entrenamiento de vóley.

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