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Hollow Creek

Hollow Creek

Status: Terminada
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Maldición / Completas
Popularitas:114
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

La luz naranja temblaba entre los árboles.

Camila la siguió sin correr. El polvo le llenaba los zapatos y cada paso le dolía en los gemelos. Llevaba casi una hora caminando desde que el auto se quedó muerto. El sol ya se había ido del todo. Solo quedaba ese resplandor bajo y el olor a humo de leña.

Cuando llegó al claro, se detuvo.

Había cinco personas alrededor de una fogata mal hecha. Dos carpas pequeñas, una camioneta vieja estacionada de cualquier manera y un montón de mochilas tiradas. La luz de la fogata les pintaba la cara de rojo y sombra. Nadie la había visto todavía.

Uno de ellos, un chico alto de pelo corto, levantó la cabeza.

—¿Hola? —dijo, poniendo una mano sobre los ojos como si el fuego le molestara.

Camila dio un paso más.

—Se me rompió el auto. Más atrás. En el camino.

Se quedaron callados unos segundos. El más joven, que parecía no tener ni veinte años, se levantó de golpe. Tenía un celular en la mano y lo apuntó hacia ella como si fuera a grabarla.

—¿Estás sola?

—Sí.

La chica de pelo negro largo se puso de pie también. Era la más seria del grupo. Miró a Camila de arriba abajo, sin sonreír.

—¿Cómo llegaste hasta aquí? Este camino casi no se usa.

—Eso mismo me pregunto yo —respondió Camila. La voz le salió ronca. Se dio cuenta de que no había hablado con nadie en horas.

El alto se acercó un poco.

—Soy Leo. Ella es Sofía —señaló a la de pelo negro—. Ese de ahí es Mateo. La de la gorra es Naiara. Y el que está grabando es Tomi. Baja eso, Tomi.

Tomi bajó el celular, pero no lo guardó.

Camila se quedó parada al borde de la luz. No sabía si acercarse más. El fuego olía bien. A madera y a algo que estaban cocinando, tal vez salchichas o carne. El estómago le dio un tirón. No había comido desde el mediodía.

—¿Quieres sentarte? —preguntó Leo—. Tenemos agua. Y un poco de comida.

Sofía no se movió. Seguía mirándola.

—¿Segura que estás sola? No trajiste a nadie detrás.

—Si trajera a alguien, no estaría pidiendo ayuda —contestó Camila. Se oyó más seca de lo que quería.

Naiara, la de la gorra, soltó una risa corta.

—Déjala. Se le nota en la cara que viene de un mal día.

Camila se acercó. Se sentó en un tronco caído, un poco separada del grupo. Leo le pasó una botella de agua. Estaba tibia, pero la bebió igual. El líquido le bajó por la garganta como si llevara días sin tragar.

Mateo, que hasta entonces no había hablado, se limpió las manos en el pantalón.

—¿Dónde se te rompió el auto exactamente?

—Unos kilómetros atrás. La rueda reventó. Había cables y mallas en el camino. Parecía puesto a propósito.

Se miraron entre ellos. Sofía frunció el ceño.

—¿Mallas?

—Sí. Como de alambre. Enredadas en el eje.

Naiara se quitó la gorra y se pasó la mano por el pelo.

—Este lugar es raro. Desde que llegamos sentimos que alguien nos mira. Pero no hemos visto a nadie.

Tomi levantó el celular otra vez.

—Grabé ruidos anoche. Como pasos. Pero cuando revisé no había nada.

Camila bebió más agua. El fuego crepitaba. Las sombras de los árboles se movían aunque casi no había viento. Se le ocurrió que cualquiera podía estar ahí afuera, mirándolos, y ellos no se enterarían hasta que fuera demasiado tarde.

Leo se sentó frente a ella.

—Nosotros llegamos ayer. Íbamos a quedarnos el fin de semana. Pescar un poco, desconectar. Pero el camino está peor de lo que pensábamos. La camioneta casi no pasa.

—¿Tienen señal? —preguntó Camila.

Todos negaron con la cabeza.

—Ni una barra —dijo Mateo—. Intentamos subir a la colina esta mañana. Nada.

Sofía se cruzó de brazos.

—¿Y tú? ¿Qué haces sola en medio de la nada?

Camila miró el fuego. Las llamas se movían lentas.

—Necesitaba aire. Mi madre murió hace poco. No quería estar en la casa.

Nadie dijo nada durante unos segundos. El silencio se volvió más pesado. Tomi guardó el celular por fin. Naiara le pasó una bolsa de papas fritas. Camila tomó unas pocas. Sabían a sal y a plástico, pero las comió igual.

—Puedes quedarte con nosotros esta noche —dijo Leo—. Mañana vemos qué hacemos. Si quieres, te acompañamos hasta el auto y tratamos de arreglarlo. O te llevamos hasta el pueblo más cercano, si la camioneta aguanta.

Camila asintió.

—Gracias.

Se quedó mirando las caras de los cinco a la luz del fuego. Leo parecía el que mandaba, o al menos el que intentaba. Sofía no confiaba en nadie. Mateo estaba inquieto, como si quisiera ponerse a caminar ya. Naiara era la más calmada, pero sus ojos no paraban de mirar hacia el bosque. Y Tomi… Tomi parecía demasiado joven para estar ahí.

El viento cambió de dirección. Trajo un olor distinto. Dulce y pesado. Como carne que lleva demasiado tiempo al sol. Nadie dijo nada. Quizá no lo notaron.

Camila se limpió las manos en el pantalón.

Pensó en el auto destrozado. En los cables. En la figura que creyó ver entre los árboles.

Y en que, por primera vez desde que salió de Austin, no estaba completamente sola.

Eso no la hacía sentir más segura.

Al contrario.

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LJ Series
Me gustan este tipo de historias 👀
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo
LJ Series
Interesante, veamos que tal
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