Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.
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Capítulo 7 _ Salida al cine
Al otro día llegamos temprano al colegio, como siempre. La vuelta era la misma: quedarnos afuera, pendientes de la hija del jefe y esperar hasta que saliera. El sol estaba fuerte desde temprano y nosotros estábamos ahí, haciendo tiempo y hablando de cualquier bobada.
Cuando finalmente salió la hija del jefe, la acompañamos con la mirada hasta que se fue para la casa.
—Listo, muchachos, ya se fue —dijo Kevin.
Yo miré hacia la entrada del colegio.
Ahí estaba Leidy.
Me acordé de lo que habíamos hablado la noche anterior y me acerqué.
—¿Lista, nena?
Ella levantó la mirada y sonrió.
—Sí, vamos pues.
—Dale.
Caminamos hasta donde estaba la moto. Yo saqué un casco que llevaba guardado y se lo entregué.
—Ponete esto, pues.
—Gracias.
Leidy se acomodó el casco mientras yo revisaba rápidamente que todo estuviera bien.
—Subite.
Ella se montó en la parte de atrás y yo me acomodé adelante.
—Agarrate fuerte para que no me vaya a caer —le dije en tono de recocha.
Leidy soltó una risita.
—Ay, usted sí habla bobadas.
—Pues uno nunca sabe, mija. Mejor prevenir.
—Bueno, pues.
Encendí la moto y arrancamos.
Por las calles de Cali había bastante movimiento. Carros, buses, motos, gente caminando y ese ruido típico de la ciudad. Mientras avanzábamos, yo iba pendiente del camino y Leidy se mantenía agarrada para no perder el equilibrio.
Después de un rato llegamos al centro comercial.
Estacionamos y entramos.
—¿Qué película querés ver? —le pregunté.
—No sé. Mirá las que hay.
Nos acercamos a la cartelera. Había varias opciones: una de acción, una de comedia, una de terror y una romántica.
Leidy señaló la última.
—Esa parece buena.
—¿La romántica?
—Sí. ¿O no querés?
—A mí me da igual. Escojamos esa pues.
Compramos las entradas y también unas crispetas grandes para compartir durante la película.
Entramos a la sala y buscamos nuestros puestos.
Las luces se apagaron y comenzó la película.
Era una historia romántica sobre dos personas que se conocían por casualidad y, después de varias situaciones, terminaban enfrentando diferentes problemas para poder estar juntas.
Leidy estaba bastante concentrada.
De vez en cuando se reía por alguna escena y otras veces comentaba en voz baja.
—Ve, esa vieja sí es terca —susurró.
Yo me reí.
—¿Viste? Yo te dije que esa película iba a estar buena.
—Todavía no ha terminado, Cris.
—Pues esperemos a ver.
Seguimos mirando.
Había momentos tranquilos, otros más dramáticos y varias escenas que hacían que la gente de la sala reaccionara. Algunos se reían, otros hablaban bajito y hasta hubo quienes se emocionaron con ciertas partes.
Leidy no dejaba de mirar la pantalla.
—Está bonita la película —dijo.
—Sí, está entretenida.
Llegó la parte final y la historia cerró con los protagonistas resolviendo sus problemas.
Cuando aparecieron los créditos, las luces volvieron a encenderse.
—¿Te gustó? —pregunté.
—Sí. Aunque me dio pesar en algunas partes.
—A mí me gustó. Pensé que iba a ser más aburrida.
—Jajaja, usted no sabe escoger películas.
—Pero vos fuiste la que escogiste esa.
—Bueno, pero salió buena.
Salimos de la sala y caminamos por el centro comercial.
Compramos algo para tomar y nos sentamos un rato a conversar.
—¿Y ahora qué? —preguntó Leidy.
—Pues podemos dar una vuelta antes de irnos.
—Bueno.
Pasamos otro rato hablando de cosas del colegio, de Cali y de la película. La tarde se nos fue rápido.
Después miré la hora.
—Ve, ya se nos hizo tarde. Vamos pues.
Regresamos donde estaba la moto.
Leidy se puso nuevamente el casco y se subió.
—¿Lista?
—Sí.
—Entonces agarrate bien.
—Sí, ya sé.
Me reí y encendí la moto.
Arrancamos de regreso mientras las calles de Cali comenzaban a llenarse de gente.
La salida había sido tranquila: una película, unas crispetas, conversación y una vuelta por el centro comercial.
Nada complicado.
Solo una tarde diferente después del colegio.