NovelToon NovelToon
Renacer Para Salvar A Mi Familia

Renacer Para Salvar A Mi Familia

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:15.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Melany. v

Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.

He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

El sol de la mañana apenas comenzaba a filtrarse entre las persianas de la oficina presidencial, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de parquet pulido. Para el resto del mundo corporativo, aquel era el inicio de un nuevo trimestre financiero; para Evana, era el primer día oficial al mando del imperio que utilizaría como su trinchera de guerra.

Sentada tras el imponente escritorio de caoba que durante décadas perteneció a su padre, Evana observaba las carpetas organizadas con precisión frente a ella. Llevaba puesto un elegante traje sastre de dos piezas en tono gris, con las líneas tan afiladas como su actitud. Su apariencia era pulcra, majestuosa e inquebrantable, pero por dentro, la memoria de la sangre de su esposo e hijos todavía le quemaba la piel.

Un golpe suave y familiar en la puerta de madera tallada interrumpió sus pensamientos.

—¿Se puede, señora presidenta? —preguntó Valeria, asomando la cabeza con una sonrisa cálida y sosteniendo una bandeja con una taza de café humeante y un plato de croissants frescos.

—Pasa, Valeria —respondió Evana, relajando apenas un milímetro la rigidez de sus hombros.

Valeria entró a la oficina con pasos ligeros, trayendo consigo una ráfaga de aire fresco y cercano. Colocó la bandeja a un lado del escritorio y preparó la taza exactamente como a Evana le gustaba. Su presencia era un alivio palpable en medio de la atmósfera densa de la alta dirección.

—Sé que dijiste que no querías desayunar, pero te conozco desde que teníamos diez años y sé que no has probado bocado en toda la mañana —dijo Valeria—. No puedes cazar tiburones con el estómago vacío, amiga.

—Gracias, Valeria. De verdad no sé qué haría sin ti aquí —admitió Evana, tomando la taza y dejando que el calor del té de hierbas le reconfortara las manos.

—Harías lo mismo de siempre: ser una fuerza imparable de la naturaleza —se burló Valeria suavemente, apoyando las manos en el borde del escritorio—. Pero en serio, Evana... si la carga se vuelve muy pesada, dímelo. Estoy aquí para llevar tus horarios.

Evana la miró a los ojos, sintiendo una oleada de gratitud sincera. En este presente confuso, donde su padre se comportaba con una extraña amabilidad y su futuro estaba envuelto en sangre, la lealtad de Valeria era su único puerto seguro.

—Por ahora, necesito que convoques a la junta directiva en diez minutos —dijo Evana, volviendo al tono profesional—. Es hora de limpiar la casa.

Diez minutos más tarde, la gran sala de juntas estaba abarrotada por los doce directores ejecutivos de la compañía. Hombres y mujeres de mediana edad, acostumbrados a la vieja guardia de su padre, conversaban entre ellos con murmullos condescendientes. Varios de ellos aún no digerían que una joven de veintiún años hubiera asumido el control absoluto del grupo financiero.

Evana caminó hacia la cabecera de la mesa. No se sentó. Permaneció de pie, apoyando la punta de sus dedos sobre la superficie de cristal, observándolos uno por uno en absoluto silencio durante un minuto entero.

La tensión en la sala creció hasta volverse sofocante.

—Buenos días —comenzó Evana. Su voz no era alta, pero poseía una resonancia helada que cortó los murmullos de raíz—. He revisado las auditorías internas de los últimos dos años. Lo que he encontrado es una combinación patética de incompetencia, sobrecostos injustificados y fugas de capital en el departamento de desarrollo.

Un ejecutivo senior, el director de finanzas, aclaró su garganta con molestia y acomodó su corbata.

—Señorita Evana, con todo respeto, su padre aprobó personalmente esas partidas presupuestarias. Entendemos su entusiasmo por marcar territorio, pero la reestructuración corporativa requiere un análisis más profundo y menos... apresurado.

Evana ni siquiera parpadeó. Deslizó una carpeta roja sobre la mesa directamente hacia él.

—Señor Bermúdez, en la página catorce encontrará los recibos de tres empresas fantasma registradas a nombre de su cuñado. A través de ellas, usted ha desviado más de dos millones de dólares bajo el concepto de 'consultorías externas'.

El rostro del hombre se descompuso al instante, pasando del enojo a un palidez cadavérica.

—Usted... usted no puede...

—Está despedido —sentenció Evana sin elevar la voz—. Y si para el mediodía no ha firmado su renuncia irrevocable renunciando a su liquidación, los abogados de la empresa presentarán la denuncia penal correspondiente ante la fiscalía. Guardias, acompáñenlo a desocupar su oficina.

Dos agentes de seguridad privada, previamente instruidos por Evana, entraron a la sala y escoltaron al hombre fuera de la estancia ante la mirada aterrorizada del resto de los directores.

—Para los que se quedan —continuó Evana, recorriendo la mesa con la mirada—: las reglas han cambiado. No me importan sus años de antigüedad, sus vínculos con mi padre o sus influencias políticas. A partir de hoy, esta empresa no tolerará la mediocridad ni la deslealtad. Si alguien duda de mi capacidad para destruirlos, les sugiero que pongan a prueba mi paciencia.

A partir de esa tarde, el apodo de la "CEO de Hielo" resonó por todos los pasillos del edificio. Evana trabajó sin descanso durante catorce horas continuas. Dictó nuevas directrices, congeló contrataciones dudosas y reestructuró las divisiones operativas con un rigor quirúrgico. Tenía una misión doble: convertir la empresa en un bastión inexpugnable y encontrar a los culpables de la futura masacre de su familia.

Al caer la noche, cuando el edificio quedó en penumbra y la mayoría del personal se había marchado, Evana permaneció en su oficina a oscuras, iluminada solo por la luz de la pantalla de su ordenador portátil.

Abrió un archivo encriptado que solo ella conocía. En la pantalla, un lienzo en blanco comenzó a llenarse con un diagrama estructurado: nombres de empresarios rivales, fondos de inversión extranjeros y agencias de seguridad privadas.

«Para contratar a una docena de mercenarios altamente entrenados dentro de quince años», analizó en silencio, apoyando el mentón sobre sus manos entrelazadas,

«el dinero tuvo que salir de algún lugar. Nadie organiza una ejecución de ese nivel sin un financiamiento masivo e indetectable. El dinero negro se empieza a mover desde ahora».

Repasó mentalmente la lista de empresas competidoras. Entre todas ellas, había un nombre que sobresalía con luz propia en el mapa corporativo de la ciudad: el grupo industrial de Thomas.

El recuerdo del rostro de su esposo, agonizante en el piso de su casa de campo mientras intentaba cubrir a su pequeña Mía con su propio cuerpo, hizo que a Evana se le oprimiera el pecho de una forma desgarradora. Tuvo que cerrar los ojos y presionar su mano contra el estómago para contener el sollozo que amenazaba con salir.

«Aún no nos conocemos en esta vida», pensó, sintiendo cómo una lágrima solitaria le resbalaba por la mejilla.

«Ahora mismo, ante el mundo, eres el CEO de la firma enemiga. Se supone que debo odiarte, competir contigo y mostrarme despiadada. Pero no sé cómo voy a mirarte a los ojos en esa cumbre sin romperme en mil pedazos».

Un toque suave en la puerta la hizo reaccionar. Evana borró la lágrima con rapidez y cerró la ventana del ordenador antes de dar el pase.

Era Valeria, vistiendo su abrigo y llevando su bolso al hombro.

—Evana, ya son casi las nueve de la noche —dijo con voz dulce y preocupada—. La junta directiva está temblando, las finanzas están aseguradas y tu reputación de mujer implacable ha quedado más que clara por hoy. Tienes que irte a casa a descansar.

—Solo estaba revisando unos últimos informes, Valeria —respondió Evana, forzando una sonrisa tranquila—. Ya me iba.

—Más te vale —sonrió Valeria, acercándose para darle un cálido abrazo de despedida—. Estuviste increíble hoy en la sala de juntas.

—Gracias, Valeria. Que descanses.

Cuando Valeria salió de la oficina, la quietud volvió a envolver el lugar. Evana caminó hacia el ventanal de cristal que daba a la avenida principal. Abajo, las luces de la metrópoli brillaban como un mar de diamantes fríos. Al otro lado de la calle, el rascacielos de la corporación de Thomas mantenía sus pisos superiores encendidos.

Evana apoyó la frente contra el cristal frío, sintiendo el peso aplastante de la soledad y la venganza.

«Falta muy poco para volver a verte, Thomas», murmuró hacia la noche. «Seré la mujer más cruel del mundo para todos los demás, pero te juro que encontraré a los asesinos de nuestros hijos antes de que sea demasiado tarde».

1
Nata Mazó
yo lo sabía que ella los había matado 😡😡😡
Limaesfra🍾🥂🌟
soy violenta yo👿 pero una bala es mejor que un encierro
Carmen Mena
excelente historia
Carmen Mena
Excelente historia, gracias por los capítulos autora
Patricia Polo
fuerte la cosa ahora puede mandar los sicarios para acabarlos como en la vida pasada con todos solo que está vez están preparados contra esas alimañas 😡
Tatiana Aricapa
yo digo que la amiga es la triadora
Tatiana Aricapa
nadie está preparado para esa esena😭
Limaesfra🍾🥂🌟
este Sergio es un cobarde
alegra
no es una loca es una sicópata. si no lo puede tener nadie lo tendrá
Carmen Mena
Por culpa de Sergio, mataron a Evana y su familia.
Gracias por los capítulos autora
Myriam Hernandez
Excelente
Patricia Polo
bueno pero que culpa tiene Evana de su desdén porque no culpa a la madre por andar de culoloco para ver si pescaba un tiburón buscando beneficios sin trabajar a y el viejo ese también no pudo tener ese cierre arriba no el señor tenía que bailar 😂😂😂😂😂 ahora arregla tu miércoles santo viejo tonto
Limaesfra🍾🥂🌟: exacto. ademas es un cobarde que sIgue guardando secretos a su hija sobre quien es Beatriz..
total 2 replies
Blanca Pirela
La gran pregunta, quien está detrás del “coleccionista” ? Beatriz cree ser una jugadora u solo es otro peón
Patricia Polo
busquen a esa malechora antes de que nascan los nenes porque ahora no me queda duda ellas son las culpables de todo
Carmen Mena
Gracias por los capitulos autora
Patricia Polo
así es Thomas talvez tenemos a la posible asesina
Laura Barrios
Hua catmrajo estoy estresada jajJaja
Laura Barrios
si yo también pienso que es la amoga
Blanca Pirela
Como debe ser unidos contra todo y todos 🥰
Blanca Pirela
Y aquí tenemos a la loca detrás de la masacre
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play