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Prohibido Llamarte Amor

Prohibido Llamarte Amor

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Dejar escapar al amor / Diferencia de edad / CEO / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.

***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.

Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.

Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.

Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.

Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24. Te veo después

La carretera seguía mojada.

La lluvia de la noche anterior había dejado algunos tramos cubiertos de agua, aunque hacía horas que no caía una sola gota.

Conducía con calma.

Había dejado la hacienda atrás hacía varios kilometros y todavía podía sentir el beso de James sobre mis labios.

Sonreí.

No había llegado a la ciudad y ya quería verlo otra vez.

El teléfono comenzó a sonar a través del sistema del auto. Miré la pantalla.

Maxton.

Pensaba llamarlo apenas llegara. Se me adelantó.

Contesté.

—Hola.

—Por fin.

No sonó molesto. Sonó aliviado, y de alguna forma eso fue peor.

—Te escribí anoche. También esta mañana.

—Vi los mensajes.

—¿Y no podías contestarme?

Miré la línea blanca que se desenrollaba frente a mí.

—No quería responderte con un mensaje.

Hubo un silencio pequeño. Suficiente para que él entendiera que algo venía.

—¿Todo está bien? Te escucho distinta.

Acomodé las manos sobre el volante, las dos, como si necesitara sostenerme de algo.

—Pensaba llamarte al llegar a la ciudad.

—Lizzie. ¿Qué pasa?

No tenía sentido darle más vueltas.

—Quiero terminar nuestro compromiso.

El silencio fue inmediato.

—¿Qué?

—No quiero casarme contigo, Maxton.

Durante varios segundos solo escuché el zumbido de las ruedas contra el asfalto húmedo.

—¿Estás terminando conmigo? —Lo dijo despacio, como si probara las palabras para ver si le cabían en la boca.

—Sí.

Otra pausa.

—No esperaba escuchar eso hoy.

—Lo sé.

Esperé el reclamo. No llegó.

—¿Desde cuándo? —preguntó al fin.

—Desde hace tiempo.

—¿Cuánto tiempo?

—No puedo darte una fecha.

—Cuando fui a verte...

Se detuvo.

—¿Ya estabas pensando en esto?

Recordé aquel día.

Maxton había viajado únicamente para verme después de que dieron de alta a papá. Se había quedado unas horas y después había vuelto a marcharse.

Yo había estado distante.

Mucho más de lo que entonces quise admitir.

—Sí.

Escuché cómo soltaba lentamente el aire.

—Por eso estabas así.

No fue una pregunta.

—Sí.

—Pensé que era por tu padre.

—En parte lo era.

—Pero no solamente.

—No.

Maxton permaneció en silencio.

No estaba enojado.

Al menos no parecía estarlo.

—¿Por qué no me dijiste nada ese día?

Pensé la respuesta.

—Porque todavía necesitaba ordenar algunas cosas.

—¿Y ya las ordenaste?

—Sí.

No dudé.

—Estoy segura de lo que quiero.

—Y no soy yo.

La frase me hizo apretar ligeramente los dedos alrededor del volante.

—No quiero casarme contigo.

—Eso no fue lo que dije.

Guardé silencio.

Maxton tampoco insistió.

Durante unos segundos solo escuchamos el ruido de la carretera.

—¿Quieres cancelar la boda o terminar conmigo?

—Ambas.

Esta vez la respuesta fue inmediata.

No quería dejarle ninguna esperanza que no existía.

—Entiendo.

Su voz sonó diferente.

Más baja.

—Maxton...

—No. Está bien.

Respiró profundamente.

—Prefiero que seas clara.

Eso podía dárselo.

—Lo siento por haber esperado tanto.

—Yo también.

No hubo crueldad en la respuesta.

Solo verdad.

La carretera comenzó a elevarse ligeramente y reduje la velocidad antes de una curva.

—Hay algo que no entiendo —dijo.

—¿Qué?

—Cuando fui a verte no parecías una mujer a punto de terminar su compromiso.

Fruncí ligeramente el ceño.

—Estabas distante, sí. Pero me besaste. Hablamos. Me dejaste ir pensando que seguíamos bien.

No tenía cómo contradecirlo.

—Lo sé.

—Y ahora me dices que ya tenías dudas.

—No eran dudas.

Maxton guardó silencio.

—¿Qué eran entonces?

Pensé unos segundos.

—Una decisión que todavía no estaba preparada para tomar.

—Hasta ahora.

—Hasta ahora.

Otra pausa.

—¿Pasó algo desde que fui a verte?

La pregunta quedó suspendida entre nosotros.

James.

Su hacienda.

La noche anterior.

Aquella mañana.

Pero nada de eso había creado lo que sentía.

Solo había conseguido que dejara de ignorarlo.

—Sí —respondí.

Maxton no preguntó qué.

Tal vez todavía no quería saberlo.

—¿Ya no me amas?

Mis manos se tensaron ligeramente alrededor del volante.

La pregunta llegó tranquila.

Sin acusación.

—Maxton...

—No estoy intentando hacerte cambiar de opinión.

Su voz se escuchó más cerca a través de las bocinas.

—Solo intento entender.

Miré la carretera.

—Cuando estuve ahí pensé que estabas agotada. Pensé que cuando tu padre estuviera mejor, nosotros volveríamos a estar bien.

No respondí.

—Pero tú ya estabas en otro lugar.

Tragué saliva.

—Sí.

Maxton permaneció callado unos segundos.

—Entonces dime una cosa.

—¿Qué?

—¿Dejaste de amarme?

La curva se acercaba.

Reduje un poco más la velocidad.

No contesté inmediatamente.

—O quizá esa no sea la pregunta —murmuró.

Hubo una pausa.

—¿Alguna vez me amaste?

Mis dedos se cerraron sobre el volante.

Había querido a Maxton.

Eso lo sabía.

Había disfrutado nuestros años juntos. Había confiado en él. Había aceptado su anillo convencida de que el cariño, la tranquilidad y una vida construida juntos podían ser suficientes.

Pero amar...

Ahora sabía cómo se sentía.

Y aquello hacía mucho más difícil responder.

—Lizzie.

Tomé aire.

—Maxton, yo...

Un claxon ensordecedor atravesó el interior del auto.

Levanté la mirada.

Un tráiler apareció al otro lado de la curva.

El remolque se había desplazado sobre el pavimento mojado e invadía parte de mi carril.

Giré el volante por instinto.

—¡Lizzie!

Las ruedas derechas salieron del asfalto.

El auto golpeó el acotamiento y el volante vibró violentamente entre mis manos.

Intenté mantenerlo recto.

Grava.

Otra vez asfalto.

Corregí.

El auto perdió adherencia.

—¡Lizzie! ¿Qué pasa?

Todo comenzó a suceder demasiado rápido.

El auto giró.

Carretera.

Cielo.

Árboles.

Escuché mi nombre otra vez.

Después el impacto.

Metal.

Cristales.

El cinturón se clavó contra mi cuerpo y mi cabeza golpeó con fuerza.

Todo se detuvo.

No supe cuánto tiempo pasó.

Segundos.

Tal vez menos.

Había un zumbido dentro de mi cabeza.

Intenté abrir los ojos.

Nada parecía estar en su sitio.

—¡Lizzie!

Una voz.

Lejana.

—¡Elizabeth, respóndeme!

Maxton.

La llamada seguía conectada.

Intenté moverme.

Un dolor agudo me atravesó y me obligó a detenerme.

—¡Lizzie! ¡Háblame!

Quise hacerlo.

No salió ningún sonido.

Sentí algo caliente deslizarse por mi sien.

Cerré los ojos.

—¡Elizabeth!

La voz de Maxton comenzó a alejarse.

quizá era yo.

Intenté pensar.

Tenía que pedir ayuda.

Tenía que decirle dónde estaba.

Tenía que...

James.

Su rostro apareció en mi mente.

La hacienda.

Su beso antes de subir al auto.

Escríbeme cuando llegues.

Le había prometido hacerlo.

James estaría esperando.

Tenía que avisarle.

Tenía que decirle que...

La oscuridad comenzó a cerrarse a mi alrededor.

—¡Lizzie!

Ya casi no podía escuchar a Maxton.

Lo último que vi fue a James de pie junto al auto mientras me marchaba.

Te veo después.

Después.

Cerré los ojos.

Y la pregunta de Maxton quedó sin respuesta.

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