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Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Mi ex quiere volver. Yo espero gemelos del magnate

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Posesivo / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Embarazo no planeado / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Mi esposo quería quedarse con mis bebés, criarlos con su amante y echarme después del parto.
Pero mis gemelos no eran suyos.
La clínica había usado por error la muestra de Jerónimo Alcántara, el magnate más temido de México.
Decidí divorciarme, recuperar mi dinero y sacar a la luz las mentiras de los Cardona. Rodrigo creía que yo no era nadie sin su apellido. Pronto descubriría cuánto le iba a costar haberme subestimado.
La esposa que había humillado era V, una artista reconocida. Y el hombre al que él jamás se atrevería a desafiar llevaba tiempo buscándome.
Mientras mi matrimonio se derrumbaba, Jerónimo empezó a hacer algo que mi esposo nunca había hecho: escucharme, protegerme y tomarse en serio lo que yo quería.
Ahora mi ex me ruega que vuelva.
Pero el padre de mis gemelos quiere casarse conmigo.
Y yo no pienso volver con el hombre que quiso quitarme a mis hijos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2

Antes de entrar a la casona, guardé el ultrasonido en el compartimento interior de mi bolso.

Quería salir de allí con una de las ampolletas y una respuesta de Tadeo. Para eso tenía que parecer la misma mujer que llegaba cada mañana a la cocina. La dificultad estaba en que una parte de mí todavía era esa mujer.

Ofelia me esperaba en el comedor de la casa de Las Lomas, con Fabiola a su lado.

—Ya guardaron tu bandeja —dijo mi suegra—. Si no puedes respetar un horario, luego no te quejes del tratamiento.

—Se alargó la consulta.

—Todo se te alarga —murmuró Fabiola, sin dejar el teléfono.

Me habría sido fácil preguntarle a Ofelia qué contenían las jeringas. Más fácil que sentarme y aceptar el vaso de agua que Herlinda me ofrecía. Pero una pregunta directa le daría tiempo de deshacerse de todo antes de que yo pudiera demostrar nada.

—Voy a ver a la abuela —dije—. Después busco al doctor.

Doña Prudencia estaba en su habitación del fondo, con un chal sobre las rodillas y el libro abierto al revés. Cuando me vio mirarlo, lo cerró.

—No me delates. Si Herlinda cree que estoy leyendo, deja de ofrecerme la siesta.

Me reí. Me salió antes de poder evitarlo y me dolió la facilidad con que ella todavía conseguía eso.

Me hizo sentar a su lado.

—Ahora sí. ¿Qué te dijeron?

Había decidido reservarme la noticia, pero cuando me tomó la mano me acordé de la noche en que perdí el primer embarazo. Prudencia se había quedado sentada junto a mi cama mientras todos discutían en el pasillo de quién era la culpa.

Saqué el ultrasonido.

—Son dos.

Buscó sus lentes. Le señalé las dos formas pequeñas, y al tocar la hoja la anciana empezó a llorar.

—Dos bisnietos —susurró—. Mira nada más lo que me viniste a contar.

Le mostró la foto a Herlinda y le pidió el cofre chico. Yo intenté detenerla: no necesitaba un regalo. Ella ya estaba abriéndolo.

Adentro había un brazalete de oro labrado, con una C entrelazada en el broche. Lo había visto en fotografías antiguas, en la muñeca de una Prudencia que todavía no usaba bastón.

—Ofelia me lo pide desde hace años —dijo—. Pero es mío, y quiero dártelo a ti.

—Abuela…

—Por los tres años que me has acompañado. Y porque hoy estoy contenta. No me discutas todo.

Me lo puso, torpe con el cierre. Tuve que ayudarla. Mientras lo hacía, Ofelia apareció en la puerta.

—Mamá, esa pieza…

—Esa pieza la compró mi marido para mí —la cortó Prudencia—. Y yo decido qué hacer con ella. Ven a ver el estudio. Vamos a tener gemelos.

Ofelia tardó un momento en sonreír. Fabiola, detrás, miraba el brazalete.

Yo ya no podía ver una reacción desagradable sin preguntarme cuánto escondía. Aun así, no sabía si Ofelia conocía el plan de Rodrigo o si le bastaba con odiarme. No eran la misma cosa.

Al salir, la oí discutir con su hija sobre la joya.

—Se está quedando con todo lo que no le corresponde.

Me alejé antes de averiguar qué más incluía en ese “todo”.

Tadeo estaba en el estudio, guardando el maletín. Se enderezó al verme.

—Su dosis ya quedó preparada, señora.

—Prefiero que hoy me explique para qué sirve.

—Ya lo hablamos. Para sostener…

Saqué del bolso una foto del diagnóstico que había firmado tres años antes.

—Y esto también quiero que me lo explique. ¿Dónde están los estudios que lo respaldan?

Tadeo dejó el maletín sobre la mesa. Antes de responder miró hacia el pasillo.

—No es el lugar para hablar de su expediente.

—Entonces dígame dónde. Voy a pedir una segunda opinión y necesito los originales.

—La señora Ofelia tiene…

—Se los estoy pidiendo a usted. Su firma está aquí.

Había visto a aquel hombre salir dos veces del casino de Santa Fe, esperando que nadie lo reconociera. Hasta esa mañana me había parecido un asunto suyo. Ahora necesitaba saber si sus deudas explicaban la docilidad con que obedecía a los Cardona.

—No sé qué le pagaron ni qué les debe —añadí—. Sí sé que, cuando otro médico revise esto, va a hacerle las mismas preguntas.

Tadeo se quitó los lentes.

—No había una causa demostrada para declararla infértil.

Lo miré sin entender de inmediato.

—Usted me dijo que no iba a poder.

—Me pidieron que recomendara el procedimiento. Rodrigo insistió en que era lo mejor para los dos. Yo debí…

—No. No diga lo que debió hacer. Dígame qué puso en mi expediente.

Tardó en contestar. Tuve que repetir la pregunta. Al final sacó una copia de la carpeta que llevaba y me señaló la conclusión, escrita por él y presentada como un hecho donde solo había pruebas insuficientes.

Tres años pensando que Rodrigo no me tocaba porque mi cuerpo lo había decepcionado. Y ni siquiera habían necesitado demostrar que estuviera enferma.

—Me va a entregar todo lo que firmó sobre mí —dije.

—Necesito tiempo.

—Tiene hasta mañana. Y no va a cambiar una hoja.

No confiaba en él. Fotografié la copia antes de guardarla y le pedí que me diera una ampolleta de la bandeja, todavía cerrada. Quiso envolverla; preferí conservar también la caja y su etiqueta.

—¿Va a denunciarme?

—Voy a averiguar qué me hicieron.

Me marché antes de la comida. Le dije a Prudencia que necesitaba descansar y ella me besó la mejilla, sin exigir que me quedara. En el coche lloré otra vez, esta vez de rabia por haber salido de aquella casa con pruebas y todavía sentirme culpable por dejarla sola.

En el departamento de Polanco llamé a Poncho.

Alfonso Vega contestó con el ruido de la cafetera detrás. Durante mi matrimonio había seguido administrando el Café Camelia y los ingresos de mi trabajo, aunque yo apareciera cada vez menos.

—¿Vienes a cerrar cuentas? —preguntó—. Ya te iba a reclamar.

—Necesito verte. Y que me ayudes a analizar algo.

Dejó de bromear.

Le conté lo suficiente para que supiera que no era un malentendido matrimonial. Mandó a recoger la ampolleta esa misma tarde. No prometió tener todas las respuestas: prometió empezar por esa.

Después fui al cajón donde guardaba mi teléfono de trabajo. Había rechazado encargos durante años para que Rodrigo no tuviera que explicarle a su madre por qué su esposa pasaba noches enteras en un estudio. Al principio me pareció una concesión pequeña. Después dejé de contar cuántas llevaba.

Llamé a Tania. En cuanto oyó mi voz, preguntó si estaba bien.

Miré el brazalete de Prudencia y me lo quité para no golpearlo contra la mesa.

—No mucho —admití—. Pero quiero volver a trabajar.

Hubo una pausa. Luego oí que Tania apartaba algo y se sentaba.

—Te escucho.

—Abre la agenda de Vivian. Y avisa a la galería que V acepta encargos otra vez.

1
Mar Sol
¡¡Ándale!! ¡¡Sin vergüenza!! Ofelia es malvada, ahora sí, se le callo el teatrito.
Mar Sol
Jerónimo ya se dió cuenta, que Renata es, V.
Mar Sol
¡¡Hay Dios!! si Jerónimo cuida a Renata sin saber lo de los bebés, pues ahora más la va a cuidar, por que ya investigó quien lo va hacer padre.
Gloria...🇻🇪
La manzanilla no es buena para las embarazadas
Mar Sol
Rodrigo es un cretino, infiel, no merece ni un gramo de consideración de parte de Renata, afortunadamente, Jerónimo está pendiente de ella.
Mar Sol
Jerónimo, acertadamente se acercó a la persona que puede ayudar a su hermana.
Mar Sol
Horrible persona es Ofelia, necesita un escarmiento por entrometida y despreciable.
Mar Sol
Jerónimo se dió cuenta que ella es V.
Mar Sol
¡¡que horror!! Rodrigo es un poco hombre, Ofelia y Ámbar, son unas descaradas.
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