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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas
Popularitas:37.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 11

Romina

La noche después de conocer a Geovanny Valverde no pude dormir.

Cada vez que cerraba los ojos, su imagen aparecía detrás de mis párpados. Sus ojos grises, esa mandíbula cuadrada, la forma en que me había mirado... como si pudiera verme el alma. Y su voz. Esa voz grave, profunda, que me había susurrado al oído aquella noche en la habitación oscura.

Porque ya no me cabía duda. Era él.

Pero entonces, en la oscuridad de mi habitación, mientras Laura roncaba suavemente en la habitación de al lado, la duda comenzó a carcomerme.

¿Cómo iba a ser él?

Geovanny Valverde era... era perfecto. Alto, elegante, con esa mandíbula que parecía esculpida por los dioses y esos ojos que helaban y quemaban al mismo tiempo. Vestía trajes impecables, olía a dinero y a poder, se movía por el mundo como si este le perteneciera. Era el director de operaciones de una de las empresas más importantes del país.

Y yo... yo era Romina Valera. La chica del pueblo. La que siempre había sobresalido por sus notas, no por su apariencia. La de caderas anchas y busto grande, la que escondía su cuerpo bajo ropa holgada, la que había pasado años soportando las burlas de su propio hermano.

¿Cómo un hombre como él iba a estar con alguien como yo?

Recordé aquella noche. La oscuridad. Sus manos recorriendo mis curvas con una devoción que me hizo sentir, por primera vez, que mi cuerpo no era un error. Sus labios besando cada pliegue, cada centímetro de piel que siempre había odiado. Sus palabras: Eres perfecta, Eres tan hermosa.

Pero en la oscuridad, no podía verme. No podía ver mis caderas anchas, mi vientre, mis muslos gruesos. Solo me tocaba, solo sentía. Y en la oscuridad, quizás cualquier cuerpo sirve. Quizás cualquier mujer puede ser hermosa cuando no hay luz.

El pensamiento me golpeó como un puñetazo en el estómago.

Seguramente él ni siquiera era el mismo y si lo fuera no recordaba mi cuerpo. Seguramente, para él, esa noche no fue más que una aventura, un encuentro casual con una desconocida a la que salvó de una situación horrible. Seguramente, si supiera que la chica de curvas pronunciadas que tuvo esa noche soy yo, la nueva asistente de su padre, se arrepentiría. O peor aún, se burlaría.

Como León. Como todos.

—No seas tonta, Romina, deja de pensar tanta fantasía.

me susurré a mí misma en la oscuridad.

— Un hombre como ese no mira a mujeres como tú.

Y con esa certeza clavada en el pecho, intenté dormir.

A la mañana siguiente, me levanté decidida a dejar atrás las tonterías. Tenía un trabajo nuevo, un futuro por construir, una familia a la que ayudar. No podía permitirme distracciones, y menos con un Valverde. Ya había tenido suficiente con el hermano menor.

Me vestí con cuidado. Falda lápiz negra, que me llegaba justo debajo de la rodilla, y una blusa blanca de manga larga, holgada, que disimulara mis curvas. Nada llamativo. Nada que pudiera interpretarse como un intento de llamar la atención. Mi armadura de siempre.

Laura ya estaba en la cocina, con el uniforme recién planchado y el café listo.

—¿Dormiste bien?

preguntó, mirándome con atención.

— Tienes ojeras.

—No mucho, pero lo suficiente.

admití, aceptando la taza que me ofrecía.

Ella asintió, pero en su mirada vi que no se tragaba la excusa. Laura siempre podía ver a través de mí.

—¿Es por lo de ayer, Por lo que hablamos, Por lo de Geovanny? Que el te parece a misterioso de esa noche?

Negé con la cabeza, quizás demasiado rápido.

—No. Bueno, sí. Pero ya pasó. Fue una tontería. No puede ser él, Lau. Es una locura.

—¿Por qué es una locura?

preguntó ella, con esa sinceridad brutal que la caracterizaba.

— ¿Porque es guapo, Porque es rico, Porque es un Valverde?

—Por todo eso.

respondí.

— Y porque soy yo.

Laura dejó su taza en la mesa con un golpe seco.

—Romina, no empieces. No empieces con esa mierda de, porque soy yo. ¿Qué significa eso, Qué tiene de malo ser tú?

—Ya sabes lo que quiero decir

murmuré, sintiendo el calor en las mejillas.

—Sé lo que tú crees que quieres decir

 me corrigió, acercándose a mí.

— Pero escúchame bien, porque no pienso repetirlo. Tú eres hermosa. Tú eres inteligente. Tú eres lo mas, Romina. Y si ese tal Geovanny es o no ese hombre misterioso, no tiene nada que ver. Pero no me vengas con que no eres suficiente para nadie, porque eso es mentira y lo sabes.

Quise creerle. De verdad quise hacerlo. Pero las palabras de Laura, por más sinceras que fueran, no podían borrar años de miradas, de comentarios, de sentirme invisible o visible de la peor manera.

—Vamos

dije, cambiando de tema.

— No podemos llegar tarde.

llegamos al edificio de Corporaciones Valverde Subí al piso ejecutivo con el corazón latiendo acelerado. Mi puesto era asistente de Ernesto Valverde, pero también colaboraría con Geovanny. Eso significaba verlo. De ahora en adelante todo los días, y tenía que estar preparada para eso.

La mañana pasó entre papeleos, llamadas y reuniones. Ernesto fue amable como siempre, explicándome los procesos, presentándome a las personas clave. Me sentía útil, competente, en mi elemento. Los números no juzgan. Los números no tienen ojos grises que te desnudan el alma.

A eso de las once, estaba revisando unos informes financieros cuando la puerta de la oficina se abrió.

Y ella entró.

Nunca había visto a nadie así en persona. Era alta, esbelta, con unas piernas interminables que asomaban bajo una falda tubo color crema. Su blusa era de seda, blanca, impecable, dejando ver la curva perfecta de sus hombros. El cabello rubio le caía en ondas suaves sobre la espalda, y su rostro... su rostro parecía sacado de una revista. Pómulos altos, labios carnosos pintados de un rojo sutil, ojos claros, grandes, enmarcados por pestañas perfectas.

Cada paso que daba gritaba elegancia. Cada movimiento era pura gracia. Era una modelo. Tenía que serlo. Una de esas mujeres que aparecen en las portadas, que desfilan en pasarelas, que hacen que el mundo se detenga a mirarlas.

Yo, a su lado, debía parecer un mueble.

—Buenos días

dijo, con una voz melódica, perfecta.

— ¿Está Geovanny?

Geovanny. Venía a ver a Geovanny.

El mundo se detuvo a mi alrededor.

—Eh... sí

atiné a decir, señalando la puerta del despacho contiguo.

—Creo que está en su oficina.

Ella sonrió, una sonrisa de anuncio de dentífrico, y asintió con un gesto elegante.

—Gracias, preciosa.

Preciosa. Me llamó preciosa. Y lo dijo con tanta naturalidad, con tanta amabilidad, que por un momento casi lo creí. Pero no podía ser. No cuando ella era lo que era y yo lo que era.

La vi alejarse hacia la oficina de Geovanny, sus caderas moviéndose con una gracia que yo jamás tendría, y sentí que algo se rompía dentro de mí. Algo pequeño, algo que apenas había comenzado a construir. Una ilusión tonta, un sueño absurdo.

Esa era su mujer. Tenía que serlo. Su novia, su prometida, su esposa. Alguien digna de él. Alguien delgada, perfecta, elegante. Alguien que encajaba en su mundo de cristal y acero.

Y yo ahí, con mi falda lápiz y mi blusa holgada, mis caderas anchas apretadas contra la silla, mi busto grande que siempre intentaba disimular, pensando tonterías. Pensando que quizás, solo quizás, el hombre de la noche podía ser él. Pensando que quizás, solo quizás, había sido especial para alguien.

Qué ingenua. Qué ridículamente ingenua.

Pasaron los minutos. Desde mi escritorio podía oír el murmullo de voces en la oficina de Geovanny. Risas. Ella reía. Él también, supuse. Una pareja perfecta.

Cuando salió, media hora después, me lanzó otra sonrisa radiante.

—Cuídame a ese hombre, ¿eh?

 dijo con complicidad.

— Que trabaja demasiado.

—Sí, claro

 respondí, con una sonrisa forzada.

Y se fue, dejando tras de sí una estela de perfume caro y la certeza de que yo no pertenecía a ese mundo.

Apoyé los codos en el escritorio y respiré hondo. Había sido una estúpida. Una completa estúpida por permitirme soñar. Por pensar que aquella noche significaba algo más que un accidente. Por creer que un hombre como Geovanny Valverde podía mirar a alguien como yo.

—Romina, ¿estás bien?

La voz de Ernesto me sacó de mis pensamientos. Levanté la vista y lo vi frente a mí, con una expresión de preocupación genuina.

—Sí, sí, perfectamente

 mentí, enderezando la espalda.

— ¿Necesita algo?

—Que me traiga estos informes a la sala de juntas, por favor. Y de paso, ¿vio salir a la visita de Geovanny? Era Camila, su prometida.

Prometida.

La palabra cayó como una losa.

—Sí, la vi

logré decir con voz firme.

— Es... es muy hermosa.

—Lo es

sonrió Ernesto con orgullo.

— Modelo internacional. Están comprometidos desde el año pasado. Una gran mujer para mi hijo.

Asentí, tomando los informes que me extendía. Mis manos no temblaron. Mi rostro no se inmutó. Años de práctica escondiendo mis emociones dieron resultado.

Pero por dentro, por dentro todo ardía.

Geovanny Valverde tenía prometida.

El resto de la jornada pasó en automático. Hice mi trabajo, sonreí cuando había que sonreír, respondí cuando había que responder. Pero una parte de mí se había cerrado. Una parte de mí que, sin darme cuenta, había comenzado a abrirse la noche anterior.

Al final del día, cuando recogía mis cosas para irme, la puerta de la oficina de Geovanny se abrió. Él salió, con el traje ligeramente desordenado, la corbata aflojada, el cabello revuelto como si se hubiera pasado las manos por él varias veces.

Nuestras miradas se encontraron.

Por un instante, todo se detuvo. Sus ojos grises me atravesaron, buscando algo, preguntando algo. Y yo, tonta de mí, sentí ese cosquilleo en el vientre, ese calor en la piel, esa maldita esperanza que se negaba a morir.

—Buenas noches, Romina

 dijo, con esa voz que me desarmaba.

—Buenas noches

respondí, y mi voz salió firme.

Di media vuelta y me fui, sintiendo su mirada en mi espalda hasta que la puerta del ascensor se cerró.

En el camino a casa, apoyada contra la ventanilla del taxi, dejé que las lágrimas cayeran en silencio. Lágrimas de rabia, de decepción, de esa vieja conocida, la certeza de no ser suficiente.

Porque al final, siempre volvía a lo mismo. Mi cuerpo. Mis kilos de más.

Continuara...

1
Vane Sailo☆
Gracias por la novela esta muy buena y me gusta que no aburre el drama si no que atrapa cada capítulo
Nay Gutierres ☆
la vida de Romina identifica a más de una mujer que piensa que no merece algo y merecemos todo lo que queramos
Ara Celis ☆
muy buena me gusta mucho
Roy Gomera ☆
me gustó gracias espero seguir leyendo
Laly(⁠つ⁠≧⁠▽⁠≦⁠)⁠つ
leí el primer capítulo y me quedé enamorada de la trama muy buena la novela
Ana Mosqueado
más capítulos autora por favor esta muy buena la novela
Anyeli Sinraiza
me recordó a mi mamá 🤣
Anyeli Sinraiza
que buena familia la de Romina 🥰
Iris fontama☆
la quiere pero se comporto primero como un cobarde
Sofia Vermel
cometió estupideces 🤭
Paula Perez
empieza el romanceeeeeee
Paula Perez
unos golpes te vendrían bien 🤣
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Buena trama ágil sin tanto contratiempo
Gaga⊂⁠(⁠´⁠・⁠◡⁠・⁠⊂⁠ ⁠)⁠∘⁠˚⁠˳⁠°
desde el primer capítulo quede encantada y cada capítulo es mejor gracias autora por la novela
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Ellos empezaron al revés primero el bebé después el romance jjjj
Lulu(⁠つ⁠≧⁠▽⁠≦⁠)⁠つ
de las novelas que he leído de este género, esta me encanta la recomiendo
Xary Fernández ☆
me gustó bastante la trama quede prendada desde el principio
Reyna Matos ☆
espectacular la novela
Coly Perez
ahora vendrán mi parte favorita el romance 🥰
Yul Barrero☆
yo creo que ya la convenció jajajaja
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