NovelToon NovelToon
La maestra que será nuestra madrastra

La maestra que será nuestra madrastra

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Reencuentro / Donde hubo fuego cenizas quedan / Completas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Aurora Medina llega a la capital con una misión: domar al grupo más rebelde del exclusivo Colegio Altamira, un aula de hijos de millonarios que ya hizo renunciar a cinco tutores. Lo que no imagina es que, detrás de esos dos gemelos insoportables que le declaran la guerra, se esconde el hombre que le rompió el corazón doce años atrás… justo antes de llegar al altar.

Alejandro Bustamante lo tiene todo: dinero, poder y una frialdad que congela salas de juntas. Todo, menos a la única mujer que amó. Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, él está dispuesto a usar cualquier arma para reconquistarla. Incluso a sus propios hijos.

Pero entre ellos hay una herida vieja, una verdad enterrada y una mentira que destruyó dos vidas. Y mientras el hielo empieza a derretirse, no todos quieren ver a Aurora convertida en la nueva señora Bustamante…

¿Podrá Aurora perdonar el pasado y aceptar el lugar que el destino le tenía reservado: el de madre de los hijos del hombre al que juró no volver a amar?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

De pie frente al aula ruidosa y desordenada, don Ricardo y Aurora permanecían hombro con hombro. El director volvió a soltar el aire con lentitud y se masajeó las sienes, que empezaban a dolerle. Aquel hombre maduro sabía que necesitaría una reserva descomunal de paciencia para lidiar con los extraordinarios alumnos del 1.º C.

Mirando de reojo a Aurora, con una expresión cargada de culpa, don Ricardo le susurró:

—Profesora, si siente que no puede con la clase ni con la tutoría, le aseguro que no me molestará en absoluto que renuncie ahora mismo —le ofreció, incómodo, dispuesto a darle una salida antes de que se le viniera abajo la moral.

Pero se equivocaba de medio a medio. Aquel episodio del borrador volador y el caos general no habían hecho más que disparar la adrenalina de Aurora. Para ella, enfrentarse a unos chicos consentidos e indómitos no era una desgracia, sino un desafío de lo más apetecible. En lugar de retroceder y rendirse ante el destino, su vocación de maestra se encendió con las ganas de domarlos.

Aurora miró a don Ricardo con una sonrisa tenue, pero rebosante de convicción.

—Quédese tranquilo, don Ricardo. Le prometo que no voy a renunciar a la tutoría del 1.º C. ¡Confíe en mí! —dijo, firme y con voz clara.

Su voz retumbó en el aula y cambió el ambiente de golpe. Aquellas palabras valientes llegaron nítidas a los oídos de todos los alumnos. Y en vez de admirarla, aún les cayó peor. A ojos de aquellos niños ricos y malcriados, Aurora no era más que una maestra nueva que se las daba de valiente y buscaba llamar la atención.

Al oír una respuesta tan resuelta, don Ricardo se quedó un momento perplejo, hasta que por fin sonrió, aliviado.

—Muy bien, entonces me retiro, profesora. Cualquier cosa, o si la situación se le sale de las manos, venga a verme directamente.

—Descuide, don Ricardo —respondió ella con aplomo.

Con el corazón encogido y el paso algo vacilante, el director se marchó, dejando a Aurora sola en la guarida del 1.º C. En su fuero interno, rogaba que de verdad lograra dominar a los chicos más difíciles del colegio. Resultaba irónico: apenas llevaban un año estudiando allí, pero la influencia y el poder de sus padres —altos funcionarios y grandes empresarios— maniataban una y otra vez a la institución.

En cuanto se cerró la puerta, Mateo, el principal instigador, se inclinó hacia delante. Susurró con malicia a los que tenía cerca, dando las órdenes de un plan para darle a la nueva tutora una primera lección que la dejara escarmentada.

Aurora, que percibió el murmullo en las últimas filas, no perdió la calma. Dejó el bolso sobre la mesa y abrió un grueso libro.

—Chicos, antes de empezar la clase de Matemáticas, voy a pasar lista —dijo con un tono amable pero lleno de autoridad—. Cuando diga su nombre, se ponen de pie junto a su pupitre, ¿de acuerdo?

—¡Sí, profesora! —contestaron todos a coro, con una voz tan exagerada como sincronizada. Mateo y su gemela, Martina, cruzaron una sonrisa cómplice.

Aurora bajó la vista y abrió la primera página de la lista.

—¿Agustina? —llamó.

¡Zas!

Apenas pronunció el nombre, no se levantó una sola persona, sino toda la clase a la vez. Se pusieron de pie muy tiesos, aguantando la risa, convencidos de que su plan para confundir y sacar de quicio a la nueva había funcionado a la perfección. Esperaban verla entrar en pánico o estallar, como los cinco tutores anteriores.

Se equivocaban de lleno. Aurora no mostró el menor asomo de alarma. Su rostro permaneció impasible. Solo dejó escapar un breve suspiro, cerró la lista con calma y cruzó las manos sobre la mesa mientras recorría el aula con una mirada afilada e intimidante.

—Muy bien. ¿Así que les gusta jugar a esto? —hizo una pausa y esbozó una sonrisa despectiva—. Pues les voy a seguir el juego.

El desafío abierto los tomó por sorpresa. Las sonrisas traviesas se les borraron de la cara, sustituidas por el desconcierto. No sabían que, en la lista nueva que sostenía Aurora, el colegio se había anticipado a sus travesuras incluyendo en cada hoja la foto reciente y el nombre completo de cada alumno. Para Aurora, dueña de una memoria prodigiosa, aquel juego de niños se convertiría en un búmeran.

Se dio la vuelta, tomó una tiza blanca y empezó a escribir con una letra pulcra y decidida. El chirrido de la tiza contra la pizarra resonó en el silencio repentino del aula. Todos se miraban entre sí, muertos de curiosidad por lo que estaba escribiendo su nueva maestra.

Cuando Aurora dejó de escribir y se apartó, todos los ojos se abrieron de par en par al leer:

"Prometo no portarme mal; si falto a mi palabra, estoy dispuesto a aceptar el castigo."

Aquella frase, ahí escrita a la vista de todos, dejó atónito al 1.º C. Antes de que alcanzaran a protestar, Aurora ya se había girado y los miraba uno por uno con una autoridad incontestable.

—Copien esto en su cuaderno. ¡Diez páginas completas! Y luego me lo entregan —ordenó, y marcó una pausa para dar énfasis—. Si alguien no lo hace, el castigo será mucho peor: le pediré al director que los ponga a limpiar la biblioteca durante una semana entera al salir de clases.

—¡¿Qué?! —exclamaron todos al unísono.

Aquellos rostros consentidos palidecieron de golpe. Imaginarse acomodando miles de libros y barriendo la enorme biblioteca mientras sus compañeros ya estaban en casa era una pesadilla. Así que, aunque a regañadientes, prefirieron ponerse a copiar antes que convertirse en peones improvisados.

Aurora volvió a la pizarra. En la esquina superior escribió la hora exacta: justo una hora a partir de ese momento. Era el plazo que debían respetar.

Pero justo cuando se disponía a girarse otra vez hacia la clase…

¡Fiu!

Una pelota de béisbol blanca salió disparada desde el fondo del aula, directa a la nuca de Aurora. Los alumnos que lo vieron contuvieron el aliento, seguros de que a la maestra se le abriría la cabeza.

¡Zas!

Sin siquiera volverse, guiada solo por un oído afiladísimo, la mano derecha de Aurora se disparó hacia atrás. Con un giro dinámico y certero, propio de las artes marciales, atrapó la pelota a pocos centímetros de su cabeza. Su cuerpo rotó con soltura, dejando en el aire una leve corriente.

La clase entera se quedó boquiabierta. El aula se enfrió como el hielo. Nadie sabía que, en sus años en el campo, Aurora había sido instructora de artes marciales, condecorada y con cinturón negro. Repeler un ataque cobarde como aquel no le suponía el menor esfuerzo.

Aurora contempló la pelota en su mano y luego clavó la mirada en los alumnos.

—¿Quién lanzó esto? —preguntó, con una voz serena pero cargada de amenaza—. Espero que tengan agallas. El que fue, que dé la cara y pida disculpas. No sean cobardes.

La tensión se rompió con el chirrido de una silla en la última fila. Mateo se puso de pie. Con paso altanero y las manos en los bolsillos, avanzó hacia el frente.

—Fui yo quien le lanzó la pelota, estimada profesora —respondió en voz alta, desafiándola delante de todos.

Aurora lo miró y negó despacio con la cabeza, decepcionada.

—Entonces, ¿estás listo para asumir el castigo por no saber respetar a un maestro?

Lejos de asustarse, Mateo le sostuvo la mirada con los ojos encendidos de rencor. En vez de contestar, giró sobre sus talones, cruzó con arrogancia por delante de la mesa y salió del aula sin más. Poco después, Martina se levantó y fue tras su hermano, saliendo también sin la menor consideración por las reglas.

Los demás esperaban que Aurora gritara histérica o saliera corriendo tras ellos hecha una furia. Pero se quedó quieta en su sitio. No los reprendió ni les cortó el paso a los gemelos.

Aurora se había quedado prendada de la mirada que Mateo le había clavado un instante antes. Detrás de aquella máscara de rebeldía y soberbia, había captado algo distinto. Sus ojos no destilaban solo una rabia incontrolable: había una herida profunda. Ese niño parecía cargar con un dolor inmenso y con un rechazo enorme hacia el mundo.

¿Qué le pasa a ese chico? ¿Qué es lo que esconde en realidad?, pensó Aurora, comprendiendo que su misión en aquella aula iba mucho más allá de enseñar números.

Continuará…

1
Leticia Baeza Vazquez
pues con tanto engaño y no ser la sangre pues no yamaba
Leticia Baeza Vazquez
q bueno q sufrió la perra desgraciada q hizo q la tomara x haberlo drogado maldita te lo cobro el karma
Leticia Baeza Vazquez
esa zorra de la nueva secretaria 😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor solo x darle gusto Alos padres así será de estúpida es una mujer estudiada pero parece una ignorante pendeja
Leticia Baeza Vazquez
espero y te des cuenta de la víbora q tienes x madre y esa maldita q bueno q se murió la desgraciada
Leticia Baeza Vazquez
esa mamada q ponen en todas las novelas afuerza aceptar lo q ofrecen si yo digo no es no y quién me obliga nadie osea era una porquería escritora ten más imaginación
Gladys Baldallo: Casi todas las novelas es lo mismo mientras más la joden la protagonista más quiere a su destructor. casi todas las y que "románticas" son corta y pega las unas de las otras..
ya las mujeres no somos así...
total 1 replies
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
Haver escritora y deja la estupidez y q ella no puede decir No oque diablos osea la pones como estúpida manipulable x unos putos mocosos asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor escritora no mames osea la humilló x una putizorra ofrecida y ahora resulta q x unos escuincles la BAS hacer una maldita manipulable osea asco q se de su lugar y consiga alguien mejor y la valore , si no espera de mi todas las críticas 😡😡😡😡😡
Leticia Baeza Vazquez
eso de tener amigas zorras y disculpa escritora pero no la cages si dejas q ella y ese perro infiel desgraciado se quede con ella osea
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play