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La Gemela Equivocada

La Gemela Equivocada

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Secuestro y encarcelamiento / Romance oscuro / Completas
Popularitas:273
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Stella Rossi siempre fue la gemela difícil. Lengua afilada, temperamento indomable y una lealtad feroz hacia su hermana Luna. Cuando la familia Lombardi entrega a Luna en un matrimonio arreglado con Takeo Akira —el temido Kumichō de la Yakuza japonesa—, Stella toma su lugar sin pensarlo dos veces.

Lo que no calculó fue a Takeo.

Frío, calculador y obsesionado con la venganza contra los Lombardi, Takeo descubre el engaño en la noche de bodas. La mujer que tiene frente a él no es la dócil Luna que eligió como peón de su plan. Es Stella: insolente, desafiante y absolutamente imposible de controlar.

Atrapada en una mansión-fortaleza en Tokio, sin aliados y sin escapatoria, Stella se niega a quebrarse. Pero la guerra entre ellos comienza a cambiar de forma. El odio se mezcla con el deseo. La desconfianza se enreda con la necesidad. Y lo que empezó como una alianza de sangre se convierte en algo mucho más peligroso: un vínculo que ninguno de los dos estaba preparado para sentir.

Mientras Takeo ejecuta un plan de venganza que lleva años construyendo, Stella descubre que el verdadero campo de batalla no está entre familias ni imperios criminales.

Está entre ellos dos.

Y cuando las lealtades se quiebren, los secretos salgan a la luz y la violencia alcance a quienes más aman, ambos tendrán que decidir qué vale más: la venganza que lo consume o el amor que ninguno de los dos pidió.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 - La gemela equivocada

Takeo

En cuanto la limousine se detiene frente a la mansión, bajo primero. El aire de la mañana es fresco, pero eso poco me importa. Doy la vuelta al vehículo y abro la puerta para Luna.

En el instante en que ella pone los pies afuera, sus ojos recorren toda la propiedad. La sorpresa en su rostro es evidente. Observa los jardines impecablemente cuidados, la arquitectura imponente que mezcla tradición japonesa con líneas modernas, las cámaras discretamente posicionadas y los guardias de seguridad repartidos por el terreno.

Se queda algunos segundos en silencio, claramente impresionada.

Yo, sin embargo, no digo una palabra.

Dirijo mi mirada a Isamu.

—No quiero ser molestado.

Él hace una breve reverencia.

—Sí, Kumichō.

Sostengo la mano de Luna solo lo suficiente para guiarla.

—Vamos, Luna.

Ella me acompaña en silencio.

Entramos en la mansión. Los empleados que están en el gran hall inmediatamente se inclinan en señal de respeto.

—Bienvenido de vuelta, Kumichō.

Paso frente a todos sin disminuir el ritmo. No hago presentaciones. No explico quién es cada uno, ni muestro la casa. Eso puede esperar.

En este momento, solo existe una prioridad.

Subimos la enorme escalera de madera oscura. Luna sigue mirando discretamente cada detalle, intentando esconder la curiosidad. Percibo cada movimiento suyo, pero finjo no notarlo.

Camino por los largos corredores hasta detenerme frente a la puerta doble al final del pasillo.

Abro la puerta.

—Entra.

Ella entra despacio.

El cuarto es amplio, elegante y silencioso. Una pared entera de vidrio revela la vista hacia un lago rodeado de cerezos. La cama ocupa el centro del ambiente, mientras una chimenea de piedra, una sala de estar privada y puertas que llevan al clóset y al baño completan la suite.

Cierro la puerta detrás de nosotros.

Ahora, finalmente, estamos solos.

Camino hasta el minibar en la esquina de la suite.

Aflojo la corbata con un movimiento impaciente, desabotono el primer botón de la camisa y tomo una botella de whisky. El líquido ámbar se desliza por el cristal mientras lleno un vaso.

Doy un trago pausado.

Cuando me giro, encuentro a Luna exactamente donde la dejé.

Sigue cerca de la puerta, con las manos unidas frente al cuerpo, observando todo en absoluto silencio.

Levanto una ceja.

—Puedes hablar.

Ella sonríe de ese modo dulce e inocente que parece tan natural en ella.

—¿Puedo... tomar también?

La pregunta me arranca una leve sonrisa.

Tomo otro vaso.

—Puedes.

Sirvo una dosis pequeña y extiendo el vaso hacia ella.

Luna camina hasta mí sin prisa.

Nuestros dedos se rozan por un instante cuando ella sostiene el cristal.

Ella levanta el vaso, manteniendo los ojos fijos en los míos.

Ni por un segundo desvía la mirada.

Entonces lleva la bebida a los labios y da un trago.

Bastan dos segundos.

Abre los ojos de par en par y empieza a toser.

—Cof... cof...

Rápidamente apoya el vaso sobre la barra del minibar, llevándose una mano a la garganta mientras intenta recuperar el aliento.

No puedo evitarlo.

Una risa baja escapa de mis labios.

Ella me mira, completamente sonrojada.

Las mejillas se ponen rojas, y baja la cabeza un instante, claramente avergonzada.

—Esto es horrible... —murmura, haciendo una pequeña mueca.

Mi risa aumenta un poco.

Ella levanta los ojos nuevamente.

—Pensé que sería más rico.

—No supiste apreciarlo...

Luna carraspea, todavía con las mejillas levemente sonrojadas.

—Yo... voy a tomar un baño.

Hago un breve gesto con la cabeza.

—El baño queda en la puerta a tu izquierda.

Ella murmura un "gracias" casi inaudible y sigue en la dirección indicada.

Observo sus pasos hasta que desaparece detrás de la puerta. Algunos segundos después, escucho el clic suave de la cerradura.

Dirijo mi atención al vaso en mi mano.

Termino el resto del whisky en un solo trago. El calor de la bebida baja por la garganta mientras mis pensamientos vuelven, inevitablemente, a todo lo que sucedió en las últimas horas.

La boda.

Y la mujer que ahora ocupa mi cuarto.

Coloco el vaso sobre el minibar y me quito el reloj de pulso, acomodándolo cuidadosamente sobre la barra. Enseguida, deshago el nudo de la corbata y la dejo junto al reloj.

Desabotono algunos botones más de la camisa, respirando hondo.

El agua de la regadera ya puede escucharse del otro lado de la puerta.

Sin prisa, camino hasta el baño de la suite.

Toco dos veces la puerta antes de hablar, en un tono firme.

—Voy a usar el otro lado del baño.

La suite fue diseñada para ofrecer privacidad. El amplio baño posee ambientes separados por una división de vidrio esmerilado y puertas independientes, permitiendo que ambos lo usen al mismo tiempo sin invadir el espacio del otro.

Sin esperar respuesta, entro en mi área del baño y cierro la puerta detrás de mí.

No veo su rostro.

Solo su silueta.

El agua escurre continuamente de la regadera, dibujando su sombra del otro lado del vidrio.

Sus cabellos están recogidos en lo alto de la cabeza, exponiendo la curva delicada del cuello. Los movimientos son lentos, casi cautelosos. Ella todavía parece incómoda en aquel lugar... conmigo.

Permanezco inmóvil por algunos segundos.

No debería estar prestando atención.

Pero mis ojos siguen ahí.

Ella levanta uno de los brazos para regular la temperatura del agua, y su silueta se mueve suavemente detrás del vidrio empañado.

Desvío la mirada.

No por vergüenza.

Por disciplina.

Siempre tuve control absoluto sobre mis impulsos. No sería ahora que lo perdería.

Cierro los ojos un instante.

Entonces noto que el sonido de la regadera del otro lado cesa.

Luna cerró la llave.

Sigo inmóvil, esperando escuchar la puerta cerrarse.

Pero eso no sucede.

El silencio se prolonga.

Frunzo el ceño.

Antes de que pueda pensar en cualquier cosa, la puerta de vidrio de mi área del baño se desliza lentamente.

Levanto la mirada.

Luna está ahí.

Desnuda.

Por un instante, ninguno de los dos dice una palabra.

Ella parece vacilante, como si hubiera reunido coraje apenas en aquel segundo.

Mi autocontrol vacila.

Doy un paso al frente.

Después otro.

Me detengo frente a ella, lo suficientemente cerca para sentir su respiración.

—Luna...

Mi voz sale más baja de lo que pretendía.

Ella levanta los ojos y los fija en los míos.

Ninguno de los dos retrocede.

Llevo la mano hasta su rostro, sosteniéndolo con delicadeza.

Acorto la distancia entre nosotros y uno nuestros labios en un beso lento, cuidadoso, como si estuviera probando un límite que ambos todavía estaban aprendiendo a conocer.

Ella corresponde, el beso es cálido.

Cuando el beso termina, ella tiene los ojos cerrados, hermosa. Ella vuelve a besarme.

Para facilitarlo, la levanto, Luna pasa las piernas alrededor de mi cintura. No lo pienso dos veces, camino con ella en brazos de vuelta al cuarto sin interrumpir el beso.

En el cuarto nos recostamos sobre la cama, ella deja de besarme.

Entonces, casi en un susurro, dice:

—¿Puedes... apagar la luz?

Observo su rostro un instante.

En vez de sumergir el cuarto en la oscuridad completa, extiendo la mano hasta la mesita de noche y apago solo la lámpara de mi lado.

La suite queda envuelta en una penumbra. Iluminando apenas lo suficiente para distinguir nuestros contornos.

Mi boca vuelve a devorar la suya, distinto a lo que pensaba, la mujer con la que me casé sabe besar muy bien, mis manos recorren su cuerpo, con deseo. Suelto sus cabellos mientras bajo con mis labios por su cuello, chupo su piel marcándola con mi boca y mis dientes, mientras mis dedos se pierden en su coño depilado. Luna gime, sin pudor alguno...

Mi lengua circula su pezón antes de tomar el seno con la boca.

Los gemidos de ella llenan el cuarto. Necesito estar dentro de ella. Me recuesto a su lado, jalando su cuerpo, sostengo una de sus piernas y me posiciono detrás de su cuerpo, rozo mi verga contra su entrada mientras beso su cuello. Su piel se eriza, me posiciono y empujo, la cabeza de mi verga entra, pero Luna se tensa, sigo besando su cuello.

—Relájate, princesa...

Empujo nuevamente, entrando a la mitad, el coño me aprieta tan fuerte que necesito controlarme para no venirme...

Ella gime, bajito.

—Ay...

No fuerzo, espero a que se acostumbre, mientras jalo su rostro y beso su boca de forma lenta, poco a poco ella vuelve a relajarse.

Y es en ese momento que empujo un poco más, fundiendo nuestros cuerpos.

Entro y salgo despacio, el coño apretado poco a poco me recibe con más facilidad, mi mano sigue sosteniendo su pierna izquierda mientras entro y salgo de ella, cada vez más rápido.

El coño pulsa anunciando el orgasmo, Luna gime cada vez más fuerte, mientras empiezo a embestir con fuerza. Ella se viene, mientras muerdo su hombro apreciando cada pulsar de su coño.

Pero estoy lejos de venirme...

Suelto sus piernas, jalo su cuerpo encima del mío, ella entiende. Se sienta sobre mi verga, aun sin saber bien cómo, cabalga sobre mí, sostengo con fuerza su cintura dictando el ritmo. Sostengo su nuca jalándola para un beso, ella se menea sobre mí y me vengo como un adolescente emocionado. Mi verga todavía pulsa dentro de ella.

Mis ojos recorren su cuerpo lentamente, atentos a cada detalle. Entonces lo veo.

Una pequeña marca de nacimiento en el costado del vientre.

Mi cuerpo entero queda inmóvil.

Esa marca.

Mi mandíbula se contrae.

No estaba en el dossier.

Maldición.

Mi mente trabaja con velocidad brutal. Las piezas comienzan a encajar una tras otra. El silencio excesivo desde la ceremonia. Las sonrisas cuidadosamente ensayadas. La forma en que me mira sin bajar la cabeza. La fuerza escondida detrás de esa falsa delicadeza.

Fui engañado.

Con un movimiento rápido, invierto nuestras posiciones. En un giro brusco, presiono su cuerpo contra el colchón.

Mis manos suben hasta su cuello.

Mis dedos se cierran alrededor de su garganta.

No lo suficiente para lastimarla gravemente.

Lo suficiente para mostrar que ahora estoy en control.

Sus ojos encuentran los míos.

No hay lágrimas.

No hay desesperación.

Solo desafío.

Aprieto un poco más.

—Tú no eres Luna.

Mi voz sale baja, fría y cargada de convicción.

—Stella.

Por un instante, el cuarto se sumerge en un silencio sofocante.

Entonces, para mi sorpresa...

La maldita sonríe.

Una sonrisa lenta.

Provocadora.

Como si estuviera esperando exactamente ese momento.

—Hola, marido...

Ella inclina levemente la cabeza, aun con mis manos todavía en su cuello.

—Te tardaste en darte cuenta...

Su sonrisa se ensancha.

Mi sangre hierve.

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