Morí una vez intentando salvar una vida. No pienso morir una segunda vez por culpa de unos traidores.
Cuando Saray Lagranh reencarna como Kaileris Enthal, la villana destinada a ser ejecutada en una novela que había leído, descubre que la verdadera culpable era su mejor amiga y que su prometido jamás estuvo de su lado.
Conociendo su trágico final, decide cambiar su destino de la forma más escandalosa posible.
"¿Mi ex prometido y mi ex mejor amiga me convirtieron en la villana? Perfecto. Entonces voy a convertirme en la mujer más influyente de este imperio. Y si para lograrlo termino casándome con el padre de mi ex prometido, mejor aún."
Entre intrigas nobles, planes de venganza, animales rescatados y una protagonista tan inteligente como sarcástica, Kaileris está decidida a demostrar que la mejor venganza no es destruir a tus enemigos...
Es convertirte en la persona que jamás podrán superar.
NovelToon tiene autorización de Cristhel Auren para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El peso del anillo
La entrada de Xilian Carsont al salón fue como una ráfaga de viento helado que congeló las palabras en la garganta de todos los presentes. No llevaba la chaqueta de gala militar, pero la simple presencia de su figura imponente, envuelta en esa camisa de seda fina que marcaba la anchura de sus hombros y sus botas militares resonando firmes contra el parqué, llenó el espacio por completo. Detrás de él, dos oficiales de la cancillería imperial con túnicas grises cargaban un pesado maletín de cuero con los sellos oficiales.
Los ojos rojos profundos del Duque recorrieron la habitación con una frialdad implacable. Se detuvieron un milisegundo en Sabell, que parecía querer ser tragada por la tierra, pasaron por el Barón Hart, y finalmente se clavaron en su hijo.
—Padre... —la voz de Selius sonó extrañamente aguda, desprovista de toda la arrogancia con la que me había gritado un momento antes—. Dime que esto es una broma de Kaileris. Dime que no es verdad.
Xilian ni siquiera se dignó a responderle directamente. Caminó con paso majestuoso hacia el centro del salón, ignorando por completo la cercanía de Selius, y se detuvo justo a mi lado. El aroma a tabaco de hoja y cuero que emanaba de él inundó mis sentidos de inmediato. Al notar su cercanía, le dediqué una mirada cargada de picardía por encima de mi abanico de encaje negro.
—Marqués Enthal —la voz barítona y profunda de Xilian resonó, dirigiéndose a mi padre, quien seguía estático detrás de su escritorio—. Lamento la intrusión sin previo aviso, pero los asuntos del Imperio y de mi propia casa requieren resoluciones inmediatas. Supongo que mi prometida ya les ha adelantado la naturaleza de mi visita.
—¿Pro... prometida? —el Marqués carraspeó, buscando apoyo en los brazos de su sillón—. Duque Carsont... esto es un acontecimiento sin precedentes. Kaileris estaba destinada a su heredero. El escándalo social...
—El escándalo social solo afecta a quienes no tienen el poder para silenciarlo, Marqués —lo cortó Xilian con una tranquilidad soberbia que me hizo morder el interior de mi mejilla para no sonreír de la pura fascinación—. Selius demostró ante toda la aristocracia en el festival del norte que no posee la madurez ni el respeto necesarios para portar el anillo de compromiso de la casa Enthal. Ha elegido otra compañía. Y yo no permitiré que la alianza comercial y estratégica entre nuestras familias se pierda por la incompetencia de mi hijo.
—¡Padre, no puedes hacerme esto! —estalló Selius, dando un paso al frente, con el rostro rojo de la humillación—. ¡Es una locura! ¡Ella es mi ex prometida! ¡Todos se van a burlar de mí! ¿Cómo puedes siquiera mirarla? ¡Mírala! ¡Mira cómo está vestida! ¡Es una provocación!
Xilian giró la cabeza lentamente hacia su hijo. La presión en la habitación cayó en picada. El Duque escaneó a Selius con una mirada tan gélida que el joven lobo retrocedió un paso de forma instintiva, apretando los puños.
—Mide tus palabras, Selius —advirtió el Duque, su voz descendiendo a un tono peligrosamente bajo y ronco—. Estás hablando de la futura Duquesa Carsont. A partir de este momento, cualquier insulto hacia su decencia o su vestimenta será tomado como una afrenta directa a mi persona. Y sabes muy bien cómo respondo a las afrentas.
El silencio que siguió fue sepulcral. Sabell tiraba de la manga de la capa de su padre, rogándole con la mirada salir de ese lugar. El Barón Hart, comprendiendo que jugar en la liga del "General de Sangre" era una sentencia de muerte política, se limitó a hacer una reverencia apresurada.
—Duque... Marqués... si nos disculpan, la casa Hart no tiene nada más que hacer aquí —balbuceó el Barón, arrastrando a su hija hacia la salida.
Al pasar por mi lado, Sabell me lanzó una mirada cargada de un odio puro y venenoso. Yo simplemente le dediqué un sutil saludo con la cabeza, bajando mi abanico lo suficiente para mostrarle una sonrisa de absoluta superioridad. Ya no era la Kaileris despechada a la que podía pisotear; ahora era la mujer que gobernaría el territorio que ella tanto ansiaba tocar.
En cuanto las puertas se cerraron tras ellos, Xilian hizo una señal con la mano a los notarios. Los hombres se acercaron a la mesa principal, desplegando un pergamino de alto gramaje con el escudo imperial en tinta dorada y lacre rojo.
—Marqués Enthal —dijo el Duque, extendiendo una pluma estilográfica de plata—. El contrato disuelve el antiguo acuerdo con Selius y estipula las nuevas cláusulas de mi unión con Lady Kaileris. Las rutas del sur quedan bajo el control directo del mando militar imperial, y a cambio, el marquesado recibirá la protección total del ducado ante el consejo de ancianos. Firme.
Mi padre, temblando sutilmente pero consciente de que esta alianza lo posicionaba en la cumbre del poder del Imperio, estampó su firma y el sello de la casa Enthal sin dudarlo.
Xilian tomó la pluma, firmó con un trazo firme y elegante, y luego se giró hacia mí. Sus ojos rojos profundos se encontraron con los míos, brillando con una mezcla de curiosidad analítica y un sutil desafío.
—Su turno, milady —susurró, extendiéndome la pluma.
Caminé hacia la mesa con paso cadencioso, dejando que la seda de mi vestido azul noche hiciera un suave crujido. Tomé la pluma, sintiendo el calor residual de sus dedos en el metal plateado, y firmé con una caligrafía perfecta. Al terminar, dejé la pluma a un lado y me giré hacia él.
Antes de que pudiera decir algo, Xilian metió la mano en el bolsillo de su uniforme militar y sacó una pequeña caja de terciopelo negro. Al abrirla, la luz del salón hizo brillar un anillo imponente: un diamante de corte brillante engastado en platino puro, rodeado por pequeños rubíes que simulaban gotas de sangre. El anillo de la verdadera Duquesa Carsont.
Selius, que seguía estático en una esquina del salón presenciando su propia ruina, ahogó un gemido de rabia y frustración al ver la joya. Ese anillo nunca habría sido para Sabell; era un tesoro familiar que solo el jefe de la casa podía otorgar.
Xilian tomó mi mano derecha. Su agarre fue firme, dominante. Deslizó el anillo por mi dedo anular con una lentitud deliberada, asegurándose de que el platino frío se asentara contra mi piel. Luego, sin soltar mi mano, se inclinó ligeramente hacia mí. Su rostro quedó a escasos centímetros del mío, permitiéndome sentir su respiración profunda.
—Ya está hecho, Kaileris —murmuró en un barítono tan bajo que solo yo pude escucharlo, sus ojos rojos fijos en mis labios rojos—. Has entrado oficialmente en la jaula del lobo. Espero que estés lista para las consecuencias de esta noche.
Sostuve su mirada, sintiendo una corriente eléctrica recorrer mi espalda ante su cercanía y posesividad.
—No se preocupe, Excelencia —respondí en el mismo tono confidencial, rozando sutilmente mis dedos contra los suyos antes de que me soltara—. Sé perfectamente cómo domar a las bestias. La tormenta apenas comienza.
la belleza cuesta y es doloroso /CoolGuy/