Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #5: Consecuencias
Intenté hacer todo lo posible para hacer que ese hombre estuviera decente por más de un día, pero lastimosamente, las cosas no serían sencillas.
—Recuerda, nada de alcohol. Y cada dos días, te bañas, te peinas y sobre todo —le expliqué caminando con él por los pasillos de la academia de magia—.
—¡Ya entendí! Nada de tequila hasta que termines de estudiar —me respondió mi hermano, vestido con traje, con su cabello puntiagudo domado por un gel especial y con un olor a rosas—.
—Exacto, compor…
Antes de que pudiera terminar de hablar, un Rey regordete y bajito de una isla lejana apareció en la academia con soldados a su lado. Sus subordinados apuntaron al vagabundo con sus espadas para amenazarlo.
—¡Adam Loki! Al fin te encuentro, miserable. ¡Pirata!
—Es Capitán Adam, para ti. Señor… señor… ¿Cuál era tu nombre? —le respondió apartando la espada de un soldado de su cuello con el dedo—.
—¿Ah? ¡¿Acaso no te acuerdas de mí?! ¡¡Tú te atreviste a robar mi corona!! Sucio hombre de pacotilla.
—No. Es que no soy mucho de recordar nombres, pero si me dices tu nombre tal vez pueda recordarlo.
—Bastardo… ¡Te voy a llevar a la horca! A ti y a esa maldita que te ayudó a escapar.
—¡Su majestad! ¡Espere! —lo detuve antes de que le hicieran daño a ese tonto—. No, no puede hacer eso. No sé qué hizo, pero ahora él está bajo el cuidado de mi reino.
—¿Almecna? ¿No es así? —me preguntó al ver mis orejas puntiagudas y mi corona de hielo en la cabeza—. Creí que los rumores sobre una reina de 22 años eran solo una exageración, pero veo que es verdad.
—Les pido que bajen sus armas y hablemos como buenos aristócratas. Así podremos decidir un castigo justo para el Capitán Adam Loki.
—¡Hmph! ¿Capitán? Él ya no es un Capitán, su propia tripulación lo traicionó por mujeres y alcohol —el Rey alzó la mano—. ¡Bajen sus armas! Muchachos. Hablaremos con la elfa primero,
—Su majestad, pero…
—¡Dije que vamos a hablar con ella! Queremos justicia, pero no somos salvajes para negar una charla con un colega gobernante. Y si no le molesta, señorita Elfa, quisiera también reunirme con la señorita Jena Oragon.
En un intento por conservar mi proyecto social de la academia y la vida de la novia de mi cuñado Len Max, llevé al Rey a mi dormitorio para hablar con él mientras estábamos sentados en una mesa y bebíamos un poco de agua con azúcar y cacao.
—¿Y bien? ¿Qué castigo propone ponerle a ese miserable y a su ayudante? —con su taza golpeó la mesa con fuerza—. ¡O mejor dicho! ¡Van a pagar por ellos! ¡Y me darán mi corona! ¡O una corona mejor!
—No vamos a darles un castigo —gruñó el héroe abrazando a su prometida para cuidarla—.
—Por lo que me cuenta, su corona era de perlas y oro, ¿No es verdad? —le pregunté con una taza en mis manos—.
—¡Sí! ¡¿Van a darme una?! Y que sea mejor, por favor.
“¿Qué hiciste con la corona?” Le pregunté a Adam mediante un pequeño y sencillo hechizo de telepatía.
“La vendí por alcohol y prostitutas” me dijo por telepatía, sin pudor ni vergüenza alguna.
“Supongo que era de esperarse de alguien tan miserable” pensé frunciendo el ceño.
—¿Qué le parece si le pido a mi gente que le haga una corona? —continué intentando negociar—.
—Sí, no es necesario ir al extremo con Jen y Adam. Le juro que buscaremos los materiales que nos pida y será igual a la suya antes del robo de mi protegido —añadió Len acariciando la cabeza de su novia—.
—Huhm, no, no, no. Muchachos, no quiero que mi corona esté hecha, perdone mis palabras, con materiales de elfos. William, dile por qué mi corona era tan importante.
—La corona del Rey Schroeder es una de las pocas reliquias capaces de controlar a las bestias del fin del mundo —nos explicó uno de los subordinados.
—¿Huh? ¿Las bestias del fin del mundo?
—Las hijas del Ragnarok —respondió el Rey extendiendo la mano a uno de sus subordinados para que le dieran un mapa del tesoro—.
—La corona del Rey controlaba a Fenrir, es por eso que no quiere una corona que no sea capaz de controlar a las bestias —siguió con su explicación—.
—Si me permite darle un aporte a su misión de traerme una corona —el Rey puso un mapa en la mesa de forma brusca—. Existe una corona mejor que la mía, la corona que controla a Jormungandr, el único ser capaz de matar al Kraken. Mi corona de vuelta o la corona de Jormungandr o… la muerte del miserable Pirata que me la quitó, esa es mi última palabra, muchacha.
—La vida de mis dos protegidos, la corona de esa serpiente y su corona de Fenrir. Esas son mis opciones ¿Verdad? —recapitulé en voz baja comenzando a morder mi uña—.
—¿Ya tomó una decisión? Muchacha.
—No se preocupe por su corona, le traeremos una mejor, solo les pido un poco de tiempo.
—Bien, los espero en mi reino. Sus amigos ya saben su ubicación, así que, buena suerte cruzando el fin del mundo. Reina y Héroe.
Cuando ese Rey se fue de la academia, me dejé caer en mi cama con un largo suspiro y grito de impotencia. La parejita solo salió de mi habitación para tomar aire y el responsable de todo, en cambio, se quedó en una esquina viendo el mapa con una pequeña sonrisa en su rostro.
—¡¿Por qué mierda robaste una corona así?! ¡¿Y cómo se te ocurre venderla para ir a ver unas prostitutas?! ¡¿Eres idiota?!
—Oy…
—¡No respondas! Es una pregunta retórica, ya sé que eres idiota.
—Vamos, primer oficial, solo necesitamos un barco y una tripulación digna de una aventura como esta —me intentó animar mientras se sentaba en la orilla de mi cama—.
—Ugh, no puedo arriesgar a mi gente por esta estupidez. Pero… Agh, ¿Dónde piensas sacar a unos desquiciados que quieran ir al fin del mundo a robar una reliquia mágica para salvarte el culo? —gruñí pensando en un plan para salvar mi año, a mi amiga Jena y mi propio trasero como reina—.
—Bermudas.
—¿Ah?
—Sip. Iremos a Bermudas, ahí podremos conseguir una tripulación para nuestro barco, llamado ¡Pandora!
—De verdad te odio… —susurré levantándome de la cama—. ¡Ahora muévete! —le grité caminando hacia la puerta—. Tenemos que prepararnos para ir al fin del mundo y, claro, tengo que hablar con el director para justificar mi ausencia en estos días.
Al final, tuve que usar mi posición como reina para conseguir un barco, recursos para el viaje, un soborno para el director y, claro, un reemplazo temporal por el tiempo que iba a estar lejos de mi reino.
—¡¡Primer oficial!! —rugió corriendo por el barco como un niño—. ¡¡Prepara las velas!! ¡¡Y que alguien me entregue una botella de tequila!!
—Eva, Jen de… de… ¿de verdad iremos con este tipo? —nos preguntó Len abrazando su mochila con fuerza—.
—Sí, por desgracia —le respondí resignada, subiendo al barco con mi amiga hada y un pequeño dragón hecho de nieve—.
—Sigo sin entender qué le ve Lily a este idiota como para enamorarse de él —susurró mi cuñado Len—.
—Ni yo, Len, ni yo.