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Se Lo Dejo A Su Amante

Se Lo Dejo A Su Amante

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Divorcio / Completas
Popularitas:82.4k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Creyó vivir un cuento de hadas hasta que descubrió la traición: su esposo compartía su vida, su tiempo y su dinero con otra mujer. En lugar de luchar por un amor muerto, decidió renunciar a todo… menos a sí misma.

Pero pronto descubrirán que recibir lo que otros abandonan, trae consecuencias terribles. Ella se libera, se transforma y triunfa; ellos caen en la trampa que ellos mismos construyeron. ¿Quién saldrá ganando al final?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El nombre que todo lo cambia

La noche se había instalado pesada y silenciosa sobre la casa grande, pero para Yaneth ya no existía el descanso. Se quedó sentada en el borde del sofá de la sala, con la luz apagada, solo iluminada por el brillo tenue de las farolas que entraban por las ventanas. Tenía el trozo de papel doblado entre sus dedos, como si fuera un trozo de carbón ardiente que quemaba su piel cada vez que lo tocaba. Lo había leído una y otra vez, hasta que cada palabra se le grabó a fuego en la memoria: Clarisa… pronto serás solo mío… ella no te merece…

Ella. La llamaban “ella”. Como si Yaneth fuera un estorbo, algo viejo que ya no servía, un mueble que se mantiene por costumbre mientras se disfruta de lo nuevo y brillante. ¿Cómo podían hablar así de ella? ¿Cómo podían reírse de su esfuerzo, de su amor, de todos los años que había dedicado a hacer de Emiliano un hombre exitoso, respetado y seguro?

Las lágrimas volvieron a brotar, pero ya no eran las mismas de antes: ya no venían de la duda, sino de la certeza dolorosa. Lloró en silencio, sin hacer ruido, apretando los labios para que ningún sonido escapara y llegara hasta la habitación donde él dormía tranquilo, como si nada hubiera pasado. Mientras ella se consumía por dentro, él descansaba con la conciencia limpia, convencido de que su secreto estaba bien guardado, de que su esposa jamás se atrevería a mirar más allá de lo que él le permitía ver.

—¿Cuánto tiempo? —repitió en un susurro, preguntando a la oscuridad—. ¿Un año? ¿Dos? ¿Cinco? ¿Mientras yo cuidaba que su ropa estuviera impecable, que sus comidas fueran perfectas, que todo en su vida fuera fácil y cómodo, él le contaba a otra mujer mis cosas, nuestros planes, nuestros errores? ¿Acaso todo lo que vivimos fue solo una farsa para él?

Pasaron las horas, y el reloj de pared marcó las dos de la madrugada cuando por fin se levantó, con el cuerpo entumecido pero la mente mucho más clara que nunca. Se puso de pie despacio, guardó el papel en un cajón secreto de su bolso, donde guardaba sus documentos personales, y se dirigió hacia la cocina. Encendió la luz suave y se miró en el reflejo de la ventana: vio una mujer pálida, con los ojos hinchados y el cabello desordenado, pero también vio algo nuevo en su mirada: ya no había miedo, solo una determinación fría y profunda.

—No voy a caer —se dijo a sí misma, apoyando las manos sobre la encimera—. No voy a dejar que ellos me destruyan. Si él creyó que siempre sería sumisa y ciega, se equivocó desde el principio. Ahora yo sé la verdad, y la verdad es mi arma.

Esa madrugada, mientras la ciudad dormía, Yaneth empezó a planear. No sabía todavía exactamente qué haría, pero tenía claro desde el primer momento: no iba a actuar sin pruebas, sin seguridad, sin saber contra quién y contra qué se enfrentaba. Si iba a luchar, o mejor dicho, si iba a ganar, necesitaba saberlo todo: quién era Clarisa, dónde vivía, qué hacía, cómo se conocieron, hasta dónde llegaba la relación y, lo más importante, qué bienes, qué negocios y qué secretos compartían Emiliano y ella.

Recordó entonces lo que había aprendido en estos años: Emiliano era cuidadoso, pero no perfecto. Siempre dejaba huellas: cuentas, recibos, mensajes, correos, citas que anotaba en agendas o en su teléfono. Hasta hoy, Yaneth nunca había revisado nada, porque el respeto y la confianza le impedían entrar en su espacio privado. Pero esa confianza había muerto esa misma noche, junto con la última ilusión que le quedaba.

Al amanecer, se escucharon pasos arriba. Emiliano bajó poco después, vestido impecable, con su traje oscuro, corbata ajustada y el cabello peinado con precisión, igual que siempre. Parecía descansado, seguro de sí mismo, sin rastro de culpa ni preocupación. Al verla en la cocina, con una taza de café en la mano y la mirada fija en la ventana, se detuvo un momento y habló con tono indiferente:

—¿Ya estás despierta? Temprano para ti. ¿No pudiste dormir bien? —preguntó, sin esperar realmente una respuesta, mientras abría la nevera y sacaba lo que necesitaba para su desayuno, como si la casa fuera solo suya y ella una empleada más.

Yaneth giró despacio hacia él. Se obligó a mantener la calma, a no dejar ver el dolor ni la rabia que le quemaba el pecho. Le sonrió levemente, una sonrisa que ya no llegaba a sus ojos, una sonrisa que ahora era solo una máscara, igual que la que él usaba todos los días.

—Sí, me desperté temprano —respondió con voz suave y serena—. Me sentí mejor al descansar un poco. No te preocupes por mí. Espero que tengas un día excelente en la oficina.

Él la miró unos segundos, sorprendido quizás por su tranquilidad, esperando tal vez que ella siguiera triste o exigente, como solía hacer cuando algo le molestaba. Al ver que no había reclamos ni preguntas, soltó un gruñido de aprobación, se sirvió su café y siguió hablando mientras comía rápido:

—Así me gusta. Que te mantengas tranquila y ordenada. Hoy tengo reuniones todo el día, quizás también salga a cenar con socios importantes. No me esperes despierta, puede que llegue muy tarde o que me quede en la ciudad si se prolonga todo. No llames si no es urgente, ¿entendido? Necesito concentración total.

—Claro, Emiliano —respondió ella, con la misma dulzura aparente—. Haz lo que debas hacer. Yo me encargo de todo aquí, como siempre. Que te vaya muy bien.

Él asintió, tomó su maletín, se ajustó el saco y salió por la puerta sin despedirse bien, sin un beso, sin una palabra amable, igual que venía haciendo desde hacía mucho tiempo. Cuando el coche se alejó por la calle, Yaneth se quedó sola en el umbral, mirando cómo desaparecía, y sintió que con él se iba también la última parte de la mujer ingenua que había sido.

Ahora estaba sola, sí, pero ya no estaba indefensa.

Cerró la puerta con llave, caminó hacia el estudio y entró con paso firme. Ya no había miedo ni dudas. Empezó a revisar todo con cuidado, ordenando cada cosa tal como la encontraba para que él no notara nada. Revisó cajones, carpetas, papeles antiguos, facturas, tarjetas de presentación. Encontró direcciones, nombres de lugares, números de teléfono y recibos de restaurantes, hoteles y regalos caros que nunca llegaron a sus manos. Cada nuevo hallazgo era como un cuchillo más, pero también como una pieza que encajaba en el rompecabezas que ella empezaba a armar.

Y entonces, en una agenda de cuero que él guardaba en el fondo de un estante, encontró lo que buscaba: escrito con su propia letra, en una página marcada con un corazón pequeño, aparecía claramente: Clarisa Méndez. Seguía un número de teléfono, una dirección y una nota breve: “Siempre tú. Mi verdadera compañera.”

Yaneth se quedó con la mano temblando sobre la página, leyendo ese nombre una vez más, ahora completo, claro y definido. Clarisa Méndez. Ya no era solo “la amante”, ya tenía rostro, nombre, identidad. Ahora sabía quién era la mujer que había ocupado su lugar, que había recibido los besos, los regalos y las promesas que debían ser solo para ella.

—Ya te conozco —susurró Yaneth, con una voz que ya no temblaba—. Sé cómo te llamas, sé dónde estás. Y tú también vas a saber quién soy yo. Vas a saber exactamente qué te has ganado, y qué clase de hombre has elegido para compartir tu vida.

Cerró la agenda con cuidado, la volvió a dejar exactamente en su sitio y se dirigió hacia la ventana. El sol ya había salido por completo, iluminando la ciudad de Cali con luz clara y fuerte, y por primera vez en mucho tiempo, Yaneth no se sintió perdida. Tenía un camino por delante: largo, difícil y doloroso, pero claro y decidido.

No iba a destruirse a sí misma por salvar un matrimonio que ya estaba muerto. Iba a reconstruirse a sí misma, pieza por pieza, más fuerte y más valiosa que antes. Y cuando llegara el momento, cuando tuviera todas las pruebas listas y el plan perfecto… entonces diría la frase que resonaría en la vida de los dos para siempre:

Se lo dejo a su amante.

Que se lo lleven todo. Que carguen con lo que ellos mismos buscaron. Ella ya empezaba a caminar hacia algo mucho mejor.

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veronica pinto
hay esta protagonista como que es un poco lenta teniendo todo en frente ya hubiera mandado a un investigador 🤔🤔
Elia María Ramírez Rodríguez
Ese es el tema que toda mujer pasamos alguna vez por eso las mentiras de nuestra pareja ya sea por cualquier detalle.......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
A veces es difícil dar el primer paso hacía tú realidad hacía vida pero no porque no quieras ó porqué no puedas sino porque todavía no te desengañas bien a bien de la persona que está a tu lado de la que no te merece ya cuando la venda cae de tus ojos entonces ya es otra cosa lo que vez y esperas......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Sabías palabras las de Yaneth.......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Que bien para Yaneth va iniciar de nuevo pero si un peso colgado en la espalda que no la deje avanzar........ ♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Jajajaja que tristeza tan grande la Emiliano después de que tenía todo quedaron sin la mayor parte 😛 el sé creyó suio mundo de mentiras.......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Clarissa se acercó a Emiliano por se dinero para tener una vida llena de lujos un estatus en la sociedad de una mujer rica, amada, ESPOSA ara lograr todo eso pasó siendo la AMANTE por cuatro largos años y al final se queda sin nada.......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Wow que duro darte cuenta de que la mujer que despreciaste todo el tiempo es mucho más digna que tú.......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Emiliano solo tiene lo que sembró en cuatro años que anduvo con Clarissa ojalá Yaneth logre recuperar algo económico por durar 8 años casada con ese desgraciado bueno solo para mentir y ser infiel lo que ellos no saben es que hay un gran Karma existe y para ese par de desgraciado........♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
La AMANTE siempre se cansa de ser la otra y desea el lugar de la ESPOSA pero lo que no sabe ella es cuado tenga ese lugar pasa a ser la engañada y otra pasa a ocupar el lugar que ella tenía cuando era la amante........♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Yaneth que bueno que estás guardando todas las pruebas de delitos de Emiliano junto con Clarissa........♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Yaneth déjaselo envuelto en papel de regalo lo que ya a ti no te sirve ya sea por la causa que sea, es mejor dejarlo a quien quiera recojer la basura 🗑️ tuya es la riqueza de Clarissa.......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Cuando se de cuenta Emiliano de donde viene la bola 🎳 que va explotar en su cara no va a saber nada solo va a sentir su propias mentiras descubiertas ......♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Es mejor cortar por lo más sano para Yaneth, que Emiliano se quede con Clarissa lo que busco, que es para el alguien que lo merece al gran hombre que es........♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
Ya no hay una venda en los ojos que se llama amor, confianza ciega, puede tener muchos nombres por o el resultado es el mismo no ver la verdad del engaño.
cuando cae esa venda vez toda la verdad 😔 ya no hay vuela atrás........♥️💓🧡💛
Elia María Ramírez Rodríguez
No hay peor ciego 😔 quien no quiere ver.......♥️🩷🧡💛
Pany Rojas
8 años, nunca trabajó ni tuvieron hijos, como le va a quitar algo ??? dice construimos juntos, cómo, qué aportó Ella ????
Glidier Marquez
ya es hora de llamar a un abogado para dividir los bienes tiene puros recibos ya me desespera la verdad no se como lo va a enfrentar🤭
Liliana Vargas
🤣🤣🤣🤣muy aburrida
Maris Benitez
Okey ya confirmo que él la engaña 💔
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