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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 — Adiós, Luna de Plata

Siete días.

Era todo lo que quedaba.

Siete días entre el fin de una vida y el inicio de otra.

Siete días desde la fiesta.

Siete días desde el rechazo.

Siete días desde que Ayla anunció su boda con Xavier.

Y ahora el momento finalmente había llegado.

La mansión Blackwood estaba extrañamente silenciosa aquella mañana.

Como si toda la manada supiera que algo importante estaba por suceder.

Porque lo sabía.

Ayla se iba.

Definitivamente.

La habitación que había ocupado durante tantos años parecía diferente.

Más pequeña.

Más distante.

Como si ya no le perteneciera.

Una maleta abierta descansaba sobre la cama.

Pero casi no había cosas para llevar.

Ropa.

Algunos libros.

Pequeños recuerdos.

Nada más.

Ayla sostuvo una fotografía antigua.

En ella aparecían Magnus, los cinco herederos y ella.

Todos sonriendo.

Todos felices.

Todos juntos.

Un apretón surgió en su pecho.

No porque estuviera arrepentida.

Sino porque aquella felicidad había sido real.

En algún momento.

Antes de las mentiras.

Antes de las manipulaciones.

Antes de la destrucción.

Luna apareció en su mente.

—Estás triste.

—Me estoy despidiendo.

—Hay una diferencia.

Ayla sonrió.

—Siempre tienes respuesta para todo.

—Alguien tiene que tenerla.

Ella guardó la fotografía dentro de la maleta.

No pretendía borrar el pasado.

Pero tampoco permitiría que él controlara su futuro.

Un golpe suave interrumpió sus pensamientos.

—Adelante.

Magnus entró.

Y bastó una mirada para que Ayla notara que no había dormido.

De nuevo.

—Deberías descansar.

—Tú te vas en unas horas.

No voy a descansar.

Ayla rió.

Magnus se acercó.

Observó la maleta.

Observó la habitación.

Observó a la muchacha que había criado durante tantos años.

Y algo dentro de él dolió.

—Todavía recuerdo el día en que llegaste.

Ayla bajó los ojos.

—Yo también.

—Eras tan pequeña.

—Y tú parecías aterrador.

Magnus soltó una carcajada.

Una de las pocas de los últimos meses.

—Era aterrador.

—Todavía lo eres.

Los dos sonrieron.

Pero la sonrisa no duró.

Porque ambos sabían que aquel momento llegaría.

Tarde o temprano.

—¿Estás segura?

La pregunta vino cargada de significado.

Ayla encontró su mirada.

—Sí.

—Xavier es un hombre difícil.

—Lo sé.

—Terco.

—Ya me di cuenta.

—Intimidante.

—También me di cuenta.

Magnus suspiró.

—Entonces creo que no puedo hacer nada más.

Ayla caminó hasta él.

Y lo abrazó.

Fuerte.

Como no lo hacía desde hacía mucho tiempo.

El Alfa cerró los ojos.

Sosteniéndola con cuidado.

Como hacía cuando ella era niña.

—Gracias.

La voz de ella salió baja.

—Por todo.

Magnus tardó algunos segundos en responder.

Porque la emoción le apretaba la garganta.

—Siempre serás mi hija.

Las lágrimas llegaron.

De ambos lados.

Porque algunos lazos no dependían de la sangre.

Al mediodía, la manada Obsidiana llegó.

El sonido de los caballos resonó por los portones.

Los guerreros vestidos de negro atravesaron los caminos principales.

Ordenados.

Imponentes.

Silenciosos.

Al frente venía Xavier.

Montado en un enorme lobo negro.

Los habitantes de la manada observaban desde las ventanas.

Desde los jardines.

Desde las calles.

Todos querían presenciar aquel momento.

La despedida de la muchacha que había crecido entre ellos.

Muy lejos de allí, los cinco herederos regresaban a la Luna de Plata.

Exactamente como habían prometido.

Ninguno de ellos imaginaba que ya llegaban tarde.

El viaje había sido largo.

Y Selena se había empeñado en prolongarlo aún más.

—Cuando lleguemos, todo se resolverá.

Finn observaba el camino.

Pero ya no parecía tan convencido.

—Tal vez.

Selena lo notó de inmediato.

Aquel «tal vez» le molestó.

Mucho.

Porque meses atrás habría sido un «sí».

Sin dudas.

Sin cuestionamientos.

Ahora no.

Ahora existían grietas.

Pequeñas.

Pero peligrosas.

—Ayla va a entender.

Nadie respondió.

—Ella siempre entiende.

El silencio permaneció.

Selena apretó los dedos.

Aquello estaba empeorando.

Cada vez más.

En la mansión Blackwood, los criados cargaban las últimas maletas.

Ayla bajó por la escalinata principal.

Vestida con ropa de viaje.

Sencilla.

Elegante.

Lista para una nueva vida.

Cuando llegó al salón principal, encontró prácticamente a toda la manada reunida.

Los ancianos.

Los guerreros.

Los empleados.

Las familias que ella había ayudado a lo largo de los años.

Muchos tenían lágrimas en los ojos.

—Señora Ayla...

Una de las criadas se acercó.

—Gracias por todo.

Enseguida apareció otra.

Después otra.

Y otra más.

La fila parecía no tener fin.

Ayla se dio cuenta de algo en ese instante.

No estaba dejando solo una manada.

Estaba dejando a una familia entera.

Una familia que no estaba formada por los herederos.

Sino por las personas que estuvieron a su lado durante todos aquellos años.

Las lágrimas volvieron.

Pero esta vez no eran de tristeza.

Eran de gratitud.

Cuando finalmente cruzó los portones principales, Xavier ya la esperaba.

Los ojos dorados encontraron los de ella.

Y, por algún motivo, la ansiedad disminuyó.

Como si aquel hombre representara estabilidad.

Seguridad.

Un nuevo comienzo.

Él extendió la mano.

Ayla la observó por un instante.

Entonces la aceptó.

Xavier la ayudó a montar.

Los guerreros de la Obsidiana se organizaron de inmediato.

Listos para partir.

Magnus permaneció cerca del portón.

Observando.

Intentando grabar aquella imagen en la memoria.

Porque sabía que nada volvería a ser igual.

—¿Estás lista? —preguntó Xavier.

Ayla miró hacia atrás.

Una última vez.

La mansión.

Los jardines.

La manada.

Las personas.

Los recuerdos.

Las sonrisas.

Los dolores.

Los errores.

Todo.

Entonces respiró hondo.

—Lo estoy.

Xavier asintió.

Y el grupo empezó a moverse.

Lentamente.

Primero.

Después más rápido.

Hasta que los portones de la manada Luna de Plata quedaron atrás.

Menos de una hora después...

Cinco jinetes cruzaron esos mismos portones.

Kael.

Darius.

Rowan.

Lucien.

Finn.

Y Selena.

Desmontaron rápidamente.

Confundidos.

Porque algo estaba mal.

Muy mal.

El silencio.

El movimiento.

Las expresiones de los habitantes.

Finn fue el primero en darse cuenta.

—¿Dónde está todo el mundo?

Un guerrero desvió la mirada.

Lucien sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Qué pasó?

El hombre vaciló.

Entonces respondió.

—Llegaron tarde.

El estómago de Kael se hundió.

—¿Tarde para qué?

El guerrero respiró hondo.

—Ayla se fue.

El mundo pareció detenerse.

—¿Qué? —susurró Rowan.

—Dejó la manada esta mañana.

Nadie pudo hablar.

Nadie pudo respirar.

Porque, de repente, una verdad terrible empezó a formarse frente a ellos.

Ayla no estaba esperando.

Ayla no estaba posponiendo nada.

Ayla no estaba intentando obligarlos a elegir.

Realmente se había ido.

Y en ese exacto momento, muy adelante en el camino que llevaba a la manada Obsidiana, Ayla avanzaba hacia su propio futuro.

Sin mirar atrás.

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