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Entre Dos Mundos

Entre Dos Mundos

Status: En proceso
Genre:Escuela / BL / LGBT
Popularitas:468
Nilai: 5
nombre de autor: Luis Fernando Sanchez

Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.

NovelToon tiene autorización de Luis Fernando Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4 — Nuevas personas

El tercer día de universidad comenzó con una mañana tranquila. Mateo llegó al campus poco después de las siete y media, con un café en una mano y su mochila en el hombro. Había decidido salir de casa más temprano porque tenía que terminar una parte de su proyecto de Arquitectura antes de entrar a clase. Encontró una mesa libre cerca de uno de los jardines y se sentó para trabajar. El campus todavía estaba relativamente tranquilo; algunos estudiantes caminaban apresurados hacia sus clases y otros se encontraban sentados en las bancas, desayunando o hablando con sus amigos.

Mateo abrió su computadora y comenzó a revisar sus diseños. Estaba tan concentrado que no notó que alguien se acercó hasta que una voz lo interrumpió.

—¿Siempre llegas antes que todos?

Mateo levantó la mirada.

Era Daniel, el chico que había conocido el día anterior en su clase.

—Supongo —respondió Mateo—. Me gusta llegar temprano.

Daniel dejó su mochila junto a la mesa.

—¿Puedo?

—Claro.

Daniel se sentó frente a él y observó la pantalla.

—¿Eso es lo que hiciste ayer?

—Sí. Todavía me faltan algunas cosas.

—Está bastante bien.

—Gracias.

—Yo llevo tres horas intentando hacer algo parecido y parece que mi edificio va a caerse antes de que termine.

Mateo se rio.

—¿Quieres que lo vea?

Daniel giró su computadora hacia él.

—Por favor. Antes de que el profesor me expulse.

Mateo comenzó a revisar el proyecto y le señaló algunos errores. Daniel escuchó atentamente.

—¿Cómo sabes todo eso?

—He practicado bastante.

—Entonces definitivamente necesito que seas mi amigo.

Mateo levantó una ceja.

—¿Por mi proyecto?

—Por ahora.

Los dos rieron.

Daniel parecía ser una persona fácil de tratar. No hacía preguntas incómodas ni intentaba impresionar a Mateo. Simplemente hablaba con naturalidad.

—¿Ya conoces a más gente? —preguntó Daniel.

—A algunas personas.

—¿A quién?

Mateo pensó un instante.

—A Alexander.

Daniel levantó la mirada.

—¿Alexander Whitmore?

Mateo asintió.

—Sí.

Daniel sonrió.

—Vaya.

—¿Qué?

—Nada.

—Dime.

—Es que Alexander es bastante conocido.

—Ya me di cuenta.

—Su familia es dueña de varias empresas, ¿sabías?

Mateo negó con la cabeza.

—No.

—Bueno, ahora lo sabes.

Mateo cerró su computadora.

—Eso explica algunas cosas.

—¿Como qué?

—Nada.

Daniel lo observó unos segundos.

—¿Te cae bien?

Mateo respondió inmediatamente.

—Sí.

—¿Mucho?

Mateo lo miró.

—Lo conocí hace dos días.

Daniel sonrió.

—Solo preguntaba.

Antes de que Mateo pudiera responder, una chica apareció detrás de Daniel.

—¿Este es el famoso Mateo?

Daniel se giró.

—¿Qué haces aquí?

—Te estaba buscando.

La chica miró a Mateo y sonrió.

—Soy Sophie.

—Mateo.

—Ya sé.

Mateo miró a Daniel.

—¿Famoso?

—No le hagas caso —dijo Daniel.

Sophie se sentó junto a ellos.

—Daniel me habló de ti.

—¿Qué le dijiste?

Daniel levantó las manos.

—Nada malo.

Sophie soltó una risa.

—Solo dijo que eras bueno en Arquitectura.

Mateo sonrió.

—Ah.

Los tres comenzaron a conversar. Sophie estudiaba Psicología y había conocido a Daniel hacía apenas unos meses, aunque parecía que llevaban años discutiendo.

—Daniel es incapaz de llegar puntual a ninguna parte —comentó Sophie.

—Eso es mentira.

—Ayer llegaste veinte minutos tarde.

—El profesor todavía no había empezado.

—Eso no significa que llegaras puntual.

Mateo comenzó a reír.

—¿Siempre son así?

—Sí —respondieron ambos al mismo tiempo.

Se miraron y después comenzaron a reír.

Mateo sintió algo que no había sentido desde que llegó a la universidad.

Por primera vez empezaba a formar parte de un pequeño grupo.

A unos edificios de distancia, Alexander estaba sentado en una mesa con dos amigos.

Ryan hablaba sobre la fiesta que se celebraría el viernes mientras Emma revisaba algunos mensajes en su teléfono.

—¿Entonces vas a ir? —preguntó Ryan.

Alexander bebió un poco de su café.

—No sé.

—Siempre dices eso.

—Porque todavía no sé.

Emma levantó la mirada.

—Estás distraído.

Alexander la observó.

—¿Yo?

—Sí.

Ryan sonrió.

—Yo sé por qué.

Alexander frunció el ceño.

—¿Por qué?

—Por el chico nuevo.

Alexander permaneció en silencio.

Emma miró a Ryan.

—¿Qué chico?

—Mateo.

Alexander dejó la taza sobre la mesa.

—¿Cómo sabes su nombre?

—Lo vi contigo ayer.

—¿Y?

Ryan sonrió.

—Nada. Solo me pareció curioso.

Emma observó la reacción de Alexander.

—¿Es tu amigo?

Alexander asintió.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace unos días.

Ryan soltó una carcajada.

—Eso es rápido para ti.

—¿Qué quieres decir?

—Normalmente tardas semanas en confiar en alguien.

Alexander no respondió.

Emma continuó observándolo.

—Te cae bien.

—Sí.

—Mucho.

Alexander sonrió.

—¿Por qué están interrogándome?

—Porque estás sonriendo —respondió Emma.

Alexander dejó de sonreír inmediatamente.

—No estoy sonriendo.

Ryan señaló su rostro.

—Lo estabas haciendo.

Alexander negó con la cabeza.

—Están locos.

Emma volvió a mirar su teléfono, pero antes de hacerlo dijo:

—Solo ten cuidado.

Alexander frunció el ceño.

—¿Con qué?

Emma levantó la mirada.

—Con las personas que dejas entrar en tu vida.

Alexander no respondió.

No sabía exactamente qué había querido decir.

Al terminar sus clases, Mateo salió del edificio junto con Daniel y Sophie.

—¿Tienes planes? —preguntó Daniel.

—Tengo que estudiar.

—Eso no cuenta como plan.

—Para mí sí.

Sophie se rio.

—Definitivamente eres responsable.

Mateo sonrió.

—Tengo que mantener buenas calificaciones.

—Por la beca —dijo Daniel.

Mateo asintió.

—Sí.

Daniel guardó las manos en los bolsillos.

—¿Quieres comer con nosotros?

Mateo dudó.

—¿Ahora?

—Sí.

—Tengo que terminar unas cosas.

Sophie intervino.

—Puedes estudiar después.

Mateo pensó unos segundos.

—Está bien.

Los tres comenzaron a caminar hacia la cafetería.

Pero antes de llegar, Mateo sintió vibrar su teléfono.

Lo sacó.

Alexander: ¿Dónde estás?

Mateo sonrió.

Mateo: Voy a comer con unos amigos.

La respuesta tardó unos segundos.

Alexander: ¿Puedo unirme?

Mateo miró a Daniel y Sophie.

—¿Pasa algo? —preguntó Sophie.

—No.

Mateo escribió:

Mateo: Claro.

Pocos minutos después, Alexander apareció.

Venía acompañado por Ryan y Emma.

—Hola —dijo Alexander.

Mateo sonrió.

—Hola.

Daniel y Sophie saludaron.

—Soy Daniel.

—Sophie.

—Alexander.

—Ryan.

—Emma.

Los seis entraron a la cafetería y buscaron una mesa grande.

Al principio la conversación fue un poco incómoda. Los grupos no se conocían y todos parecían estar intentando descubrir qué decir.

Ryan fue el primero en romper el silencio.

—Entonces, Mateo, ¿cómo conociste a Alexander?

Mateo miró a Alexander.

—En clase.

—¿Solo en clase?

Alexander intervino.

—Ryan.

—¿Qué?

—Déjalo.

Mateo sonrió.

—Nos conocimos el primer día.

Ryan asintió.

—Entiendo.

Sophie observó a Alexander y después a Mateo.

No dijo nada.

Durante la comida, poco a poco comenzaron a hablar todos.

Daniel y Ryan descubrieron que ambos seguían varios equipos deportivos. Sophie y Emma hablaron sobre las carreras que estudiaban. Mateo y Alexander terminaron hablando entre ellos durante buena parte de la comida.

—¿Qué haces después? —preguntó Alexander.

—Tengo que terminar un proyecto.

—¿Quieres que te ayude?

Mateo lo miró sorprendido.

—¿Tú sabes de Arquitectura?

—No.

—Entonces, ¿cómo vas a ayudarme?

—Puedo traerte café.

Mateo se rio.

—Eso sí podrías hacerlo.

Alexander sonrió.

—Entonces está decidido.

Ryan los observó.

—¿Desde cuándo eres tan servicial?

Alexander le dio una mirada.

—Desde hoy.

Emma sonrió discretamente.

Por la tarde, Mateo regresó a su habitación y continuó trabajando.

Habían pasado aproximadamente dos horas cuando recibió un mensaje.

Alexander: ¿Ya terminaste?

Mateo: Casi.

Alexander: ¿Necesitas café?

Mateo sonrió.

Mateo: ¿En serio?

Alexander: Sí.

Mateo: Entonces sí.

Veinte minutos después, alguien tocó la puerta.

Mateo abrió.

Alexander estaba allí con dos vasos de café.

—Te dije que iba a traerlo.

Mateo tomó uno.

—Gracias.

Alexander miró el interior de la habitación.

—¿Puedo pasar?

—Sí.

Alexander entró y observó algunos dibujos colocados sobre el escritorio.

—¿Todo esto es tuyo?

—Sí.

—Son buenos.

—Gracias.

Alexander se acercó para observar uno de los diseños.

—¿Qué es?

—Una casa.

—¿La diseñaste tú?

—Sí.

—Me gustaría vivir en algo así.

Mateo sonrió.

—No creo que puedas pagarla.

Alexander soltó una carcajada.

—Probablemente sí.

Mateo lo miró.

—Cierto.

Los dos rieron.

Alexander se sentó en una silla mientras Mateo regresaba a su computadora.

Durante un rato permanecieron en silencio.

No era un silencio incómodo.

Simplemente estaban allí.

—¿Por qué Arquitectura? —preguntó Alexander.

Mateo continuó trabajando.

—Cuando era pequeño me gustaba dibujar casas.

—¿Y nunca cambiaste de idea?

—No.

Alexander sonrió.

—Eso es bueno.

Mateo levantó la mirada.

—¿Y tú? ¿Por qué Administración?

Alexander se quedó callado.

—Mi familia.

Mateo entendió inmediatamente.

—¿No era lo que querías?

Alexander miró el café que tenía entre las manos.

—No estoy seguro.

Mateo dejó de trabajar.

—¿Qué querías hacer?

Alexander sonrió ligeramente.

—No lo sé.

—Entonces estamos otra vez igual.

—Supongo.

Los dos se quedaron mirándose durante unos segundos.

Alexander fue el primero en apartar la mirada.

—Deberías terminar tu proyecto.

Mateo sonrió.

—Sí.

Alexander permaneció allí durante casi una hora, simplemente acompañándolo.

Cuando finalmente se levantó para marcharse, Mateo lo acompañó hasta la puerta.

—Gracias por el café.

—De nada.

—Y por quedarte.

Alexander sonrió.

—Me gusta estar contigo.

La frase salió de su boca sin que pudiera pensarla demasiado.

Los dos se quedaron en silencio.

Alexander pareció darse cuenta de lo que acababa de decir.

—Quiero decir… me gusta pasar tiempo contigo.

Mateo sonrió.

—Entendí.

Alexander asintió.

—Nos vemos mañana.

—Nos vemos.

Alexander comenzó a caminar por el pasillo.

Mateo cerró la puerta y permaneció apoyado contra ella durante unos segundos.

No sabía por qué su corazón estaba latiendo un poco más rápido.

Alexander llegó a su casa poco después de las ocho.

Su madre estaba en la sala.

—Llegaste tarde.

—Estaba con unos amigos.

—¿Quiénes?

Alexander dejó su mochila.

—Ryan, Emma… y algunos compañeros.

Su madre asintió.

—¿Son de buenas familias?

Alexander respiró profundamente.

—Son buenos chicos.

—No te pregunté eso.

Alexander la miró.

—Lo sé.

Su madre guardó silencio.

—Tu padre quiere que el próximo fin de semana vengas con nosotros a una reunión.

—¿Otra reunión?

—Es importante.

Alexander no respondió.

Subió las escaleras hacia su habitación.

Cerró la puerta y dejó el teléfono sobre la cama.

Lo tomó nuevamente.

Abrió Instagram.

El perfil de Mateo estaba allí.

Alexander observó algunas de sus fotografías.

No había nada extraordinario.

Fotos con su familia, algunos dibujos, paisajes y cosas de su vida cotidiana.

Pero Alexander se quedó mirando una fotografía durante varios segundos.

Era una imagen de Mateo sonriendo.

Alexander sonrió también.

Después dejó el teléfono sobre la cama.

Se quedó mirando el techo.

Por primera vez en mucho tiempo, había alguien que no le preguntaba cuánto dinero tenía su familia, qué negocios manejaba su padre o qué esperaba hacer con su futuro.

Mateo simplemente quería conocerlo.

Y eso comenzaba a gustarle demasiado.

A la mañana siguiente, Mateo recibió un mensaje antes de salir de su habitación.

Alexander: Buenos días.

Mateo respondió:

Mateo: Buenos días.

Después de unos segundos llegó otro mensaje.

Alexander: ¿Nos vemos antes de clase?

Mateo sonrió.

Mateo: Sí.

Guardó el teléfono y tomó su mochila.

Todavía no sabía qué significaban aquellas conversaciones.

Todavía no sabía por qué esperaba sus mensajes.

Todavía no sabía por qué Alexander había comenzado a convertirse en una de las primeras personas que buscaba cuando llegaba a la universidad.

Pero algo estaba cambiando.

Muy lentamente.

Sin que ninguno de los dos quisiera admitirlo todavía.

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Max
Pero si ya te lo dijo 👀
Max
Ya cállese señor 🤗
Max
Más inoportuno imposible 🤦‍♀️
Max
Juju alguien se está enamorando 👀
Max
Awww 🤭
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