Colter Callahan es un vaquero salvaje, de botas embarradas, modales dudosos y cero interés en una esposa.
Charlotte Walkins es sofisticada, adora los tacones, los vestidos de diseñador y considera que el barro no debería existir.
Así que, naturalmente, sus padres deciden sentarlos a cenar.
Colter fantasea con echarla de su rancho antes del primer plato.
Charlotte, después de mirarlo de arriba abajo, le sugiere que un buen corte de pelo podría hacer milagros.
Están a punto de convertirse en enemigos.
Entonces llega la propuesta de matrimonio.
Él tendrá que convivir con una princesa que probablemente se desmaye al ver una vaca.
Ella tendrá que soportar a un salvaje que cree que una camisa limpia es opcional.
Y justo cuando Charlotte piensa que casarse sería un desastre, descubre que el robo que la dejó hospitalizada podría esconder mucho más.
Ahora debe elegir entre enfrentar el misterio en la ciudad o refugiarse en el rancho de un salvaje junto a un insoportable marido.
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PROVOCAR UN ACCIDENTE
NARRADOR
Charlotte sabía que su pequeño demonio con nombre tierno debería estar tres días encerrado en el rancho antes de poder salir. No era especialmente bueno adaptándose a un nuevo lugar y podría acabar perdiéndose.
¿Ella tenía problemas en quedarse adentro? Para nada. Estaba encantada con la idea.
Para la hora del almuerzo llegó su esposo sudado, cubierto de polvo y con un corte en una de sus manos.
--¿Vas a desangrarte y quedaré viuda?
Preguntó tapándose la nariz porque él no olía a desechos de animales, sino que parecía uno de ellos.
--No
--Que lástima
--¿Puedes morir de aburrimiento, tu?
--Ya ordené toda mi ropa e hice planes-- Comentó orgullosa
--Planes para la habitación que ocupas y solamente porque estoy intentando soportarte
Charlotte corrió a buscar aromatizante de ambientes. No podía tener una conversación con su marido oliendo como una vaca, un cerdo o cualquier animal apestoso.
--Lo dije y lo repito. Muy delicada es una princesa para pisar estas tierras-- Fue a su habitación, ella lo siguió
--Recuerda las reglas. Podría malinterpretar que entraras aquí
Charlotte se alejó sin siquiera haber podido mirar. Solamente había observado que tenía una cama de tamaño decente. No era una king size, pero cabían dos personas o tres allí.
¿Por qué ella tenía que usar una cama pequeña e incómoda?
Colter fue al baño. Se duchó en tres minutos y salió con un jean limpio que tenía roturas debido al uso, unas botas gastadas y una camisa arrugada que estaba abotonando.
--Creí que en la iglesia te veías horrible, pero con todo el dolor que verte me produce, debo reconocer que prefería verte con esa camisa verde. Hoy te ves espantoso y te esforzaste por verte así
Colter la repasó con la mirada.
--Te ves ridícula para estar en un campo, princesa. Ni siquiera tu cuerpo es apto para este lugar
--¿Mi cuerpo? ¿Qué tiene mi cuerpo?
--No tienes fuerza. Nada. No hay ni medio músculo. Aquí todos debemos usar la fuerza
--Tengo fuerza y soy perfectamente capaz de sobrevivir aquí o en dónde sea
Él la miró.
--Si pones un pie fuera del rancho yo no estaré para cuidarte ni para levantarte cuando te caigas con esas cosas. Te sostuve una vez, es el límite
Él empezó a preparar el almuerzo.
--Podrías ser muy amable si me llevas al pueblo
--No quiero ser amable
--Callahan, debo ir a comprar muchas cosas
Colter apretó la mandíbula.
--¿Cómo me llamo?
Charlotte lo pensó. Había aprendido muchos nombres, pero el de su marido se le olvidaba. Era demasiado extraño y juraba nunca haberlo escuchado.
--¿Conser?
--Colter
--Igual me entendiste. Casi igualito. Entonces volviendo a la conversación...
--Dije que no
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Cada día tuvieron la misma rutina. Colter entre el trabajo y preparando la comida, negándose a llevarla al pueblo y ella encontrándole defectos a todo lo que él usara.
Lo que ella hacía bien era mantener todo reluciente. El baño brillaba... hasta que llegaba su marido.
Lo único que no limpiaba era la habitación de él, aunque había estado muy tentada a entrar mil veces.
El problema era que su aromatizante estaba muriendo y si se le terminara tendría una crisis de nervios porque no era capaz de dormir si las sábanas no estaban perfumadas.
Entonces, el problema real comenzó tres días después.
Primero, Pastelito se escapó.
Ella miró su atuendo. Corrió a cambiarse. Se puso un conjunto deportivo que consistia en una calza blanca y rosa combinado con una blusa rosa con blanco. Sus zapatillas de deporte completaron el atuendo.
Salió del rancho. Vio unas pocas partes con tierra húmeda y las saltó.
--¡Pastelito!-- Comenzó a gritarle
Lo vio a unos cien metros.
Corrió como si se le fuera la vida en ello. El campo podía ser peligroso para él con tantos animales enormes. No podía arriesgar su seguridad.
Un peón se atravesó en su camino, de espaldas. Impactó contra él.
El hombre se giró.
--Perdón-- Le dijo en voz baja
Volvió a correr gritando el nombre de su gato. El peón con el que había chocado era guapo en un sentido extraño. Vestía como su marido, pero debía rondar los veintes. Tal vez por eso su imagen se le grabó en la memoria. Mucho más porque usaba la camisa abierta y los pectorales...
--Concéntrate-- Dijo para si misma
Finalmente Pastelito se detuvo.
Colter vio a sus peones de pie, mirando hacia un lado específico. Su mujercita había decidido salir del rancho y estaba corriendo como una loca con un pantalón que le marcaba el trasero.
Ella llegó hasta Pastelito. Se agachó para agarrarlo. Un peón se cayó del caballo por inclinarse para mirarle el trasero. Charlotte no lo supo. Colter si lo vio.
Él subió a su caballo Zeus de un salto y fue hacia ella que caminaba con su gato en brazos, ajena al hombre que se levantaba sin dejar de verla y así como también a las miradas que le dedicaban al pasar.
Colter bajó del caballo. Tenía la mandíbula apretada.
--¿Por qué saliste?
--Por Pastelito. Se asusta sin mí
--¿Se asusta?-- Él apretó las riendas-- No tienes que perseguirlo. Volverá cuando quiera volver
--Se va a perder
--No se va a perder. Lo que voy a perder es la paciencia si sigues provocando accidentes
--Yo solamente choqué con alguien que podría ser modelo-- lo dijo sin pensar. Tarde se dió cuenta
--Vete al rancho y busca algo que hacer
--Llévame al pueblo. Estoy aburrida y necesito cosas
--No
--Por favor
--No
Colter subió a su caballo y se alejó.
--¡TE ODIO CALLAHAN!-- Le gritó. Había usado su táctica infalible de convencimiento y había fracasado
--Princesa maldita. Otra vez olvidó mi nombre-- Dijo enfadado
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Pocas horas más tarde, él vio a su mujer en la sala, en el sofá, acostada boca abajo mientras leía un libro. Pastelito sobre su espalda como si fuera lo más habitual del mundo.
--Tenemos reglas
--No toco tus cosas y tú no me tocas a mí-- Pasó una página
--Un peón se cayó por ti. Todos se detuvieron para mirarte
--Tienen buen gusto. Deberías aumentarles el sueldo solamente por eso-- Sonrió sintiéndose halagada y también satisfecha por lo molesto que estaba su marido
--No saben que tengo esposa
--¿Y? Puedo decir que soy tu prima si te genera problemas con alguno de ellos
--No soy gay, Charlotte-- Lo vio apretar tan fuerte la mandíbula que intuyó que perdería una muela o tal vez más
--Entonces diles que estás casado. Fin del problema
--Aléjate de mis peones
--No me acerqué a ellos
Charlotte sintió que había ganado un punto ese día. Había desquiciado a su marido por buscar a Pastelito, pero no la había llevado de compras. Tenía que encontrar la manera de ir al pueblo.
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