La familia de Valentina está al borde de la ruina. Para salvar el apellido y las empresas familiares, ella acepta —o es prácticamente obligada— a casarse con un ranchero millonario de un pequeño pueblo del sur. Ella esperaba un hombre viejo y desagradable. En cambio encuentra a: Ethan Blackwood Treinta y pocos. Alto. Callado. Brutalmente atractivo. Dueño de miles de hectáreas, ganado premiado y medio pueblo. Un hombre que vive con botas embarradas, monta caballos al amanecer y odia todo lo que representa la alta sociedad de la ciudad. Y ahora tiene una esposa que llega al rancho con tacones, maletas de diseñador y cero idea de cómo sobrevivir lejos del wifi.
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Pillada
El sonido de cascos acercándose rompió el momento.
Lucas Hayes
levantó apenas la vista hacia el camino antes de sonreír de lado.
—Y ahí viene tu esposo gruñón.
Valentina Rossi
giró inmediatamente.
Y sí.
Ethan Blackwood
venía directo hacia ellos montando su caballo oscuro.
El viento movía ligeramente su camisa mientras avanzaba con esa calma intimidante que parecía natural en él.
Pero algo en su expresión cambió apenas al verla ahí.
Lejos del rancho.
Con Lucas.
Valentina sintió una tensión rara antes incluso de entender por qué.
Ethan detuvo el caballo frente a la cerca.
Sus ojos claros pasaron primero por Lucas.
Luego por ella.
Después por el teléfono todavía en su mano.
—Así que aquí estabas.
Su voz seguía tranquila.
Demasiado tranquila.
Lucas cruzó los brazos con absoluta tranquilidad.
—La encontré perdida buscando señal.
Valentina levantó una ceja.
—No estaba perdida.
Ambos hombres la ignoraron completamente.
—Te dije que no te alejaras demasiado —dijo Ethan mirándola finalmente.
Valentina bajó de la cerca inmediatamente.
—Solo quería llamar a mi amiga.
—Y terminaste cruzando media propiedad.
—Exagerado.
Lucas soltó una risa baja.
—En realidad caminaste bastante.
Traidor.
Ethan seguía observándola fijamente.
No parecía enojado exactamente.
Pero sí… atento.
Como si hubiera estado buscándola.
Y esa idea provocó algo extraño en el pecho de Valentina.
Ella acomodó el cabello detrás de la oreja rápidamente.
—No sabía que este lugar tenía fronteras internacionales.
—No las tiene.
—Entonces deja de mirarme como sheriff territorial.
Lucas literalmente tuvo que girarse para ocultar la risa.
Ethan, en cambio, se acercó lentamente con el caballo hasta quedar mucho más cerca de ella.
Demasiado cerca.
—¿Terminaste la llamada?
Valentina tragó saliva antes de responder.
—Sí.
—Bien.
Y antes de que pudiera entender qué pasaba…
Ethan se inclinó desde el caballo y la levantó de la cintura con una facilidad insultante.
—¡¿Qué estás haciendo?!
En un segundo terminó sentada frente a él sobre la montura.
El corazón casi se le salió del pecho.
—Llevándote de vuelta antes de que descubras otro estanque.
Lucas soltó una carcajada abierta esta vez.
—Buena suerte, Blackwood.
Valentina estaba demasiado ocupada intentando no morir para responder.
Porque Ethan estaba justo detrás suyo.
Muy detrás suyo.
Su pecho firme contra su espalda mientras sostenía las riendas alrededor de ella.
El olor a cuero, viento y madera volvió a envolverla inmediatamente.
Demasiado cerca.
Demasiado caliente.
Demasiado hombre.
—No sabes montar caballo —murmuró Ethan cerca de su oído.
—Y claramente sobreviví perfectamente sin esa habilidad toda mi vida.
Él apenas movió una mano sobre su cintura para acomodarla mejor.
Pequeño gesto.
Efecto desastroso.
—Quédate quieta, princesa.
Valentina apretó la mandíbula intentando ignorar el calor absurdo que le recorría el cuerpo.
Lucas observó la escena desde la cerca con una sonrisa peligrosa.
Porque había visto algo muy interesante.
Ethan Blackwood.
El hombre más frío y controlado del condado.
Acababa de mirar a esa mujer como si ya empezara a considerarla suya.
Tal vez no si sería divertido de ver en las Siguientes semanas pensó volviendo hacia su propio ganado