En la víspera de su boda, Anastasia solo esperaba una noche de risas con sus amigas en su despedida de soltera. Sin embargo, una decisión impulsiva la lleva a cruzar la línea de lo prohibido. Embriagada por la emoción y el deseo de sentirse libre por última vez, despierta al día siguiente en la habitación de un hombre que no debería siquiera rozar en sus sueños.
Él no es un desconocido cualquiera: Damián Volkov, un magnate temido por su crueldad, un hombre sin piedad que mueve los hilos de negocios oscuros y que jamás perdona una traición. Un depredador que la ve como una presa que entró por voluntad propia a su guarida.
Lo que comenzó como un error se convierte en una obsesión peligrosa. Entre amenazas, secretos y una atracción que no debería existir, Anastasia descubrirá que una sola noche puede cambiarlo todo: su futuro, su matrimonio… y hasta su vida.
Porque en el mundo de Damián, nadie escapa sin pagar un precio.
NovelToon tiene autorización de brida cruz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Una terrible revelación.
Él respira agitado.
El enojo todavía se le nota en el pecho que sube y baja con fuerza, como si no hubiera terminado de descargarse.
—Me preocupé mucho por ti —dice de pronto, y su semblante cambia.
Asiento, pero mi mente está en otro lugar.
Necesito ir a la farmacia.
Necesito algo… aunque no sé ni cómo pedirlo.
He escuchado a mis amigas hablar de la píldora.
Y si contraje una enfermedad…
Y si…
Mi cabeza no deja de jugarme en contra.
—Tengo que regresar al trabajo —digo, intentando pasar junto a él.
Me cierra el paso.
—Lo siento, cariño. Me volví loco de preocupación.
Me abraza.
Yo también lo abrazo, apretándolo contra mí con desesperación, como si su cuerpo pudiera devolverme algo de control, algo de calma.
Regresamos juntos.
Nos despedimos.
Lo observo alejarse y entonces camino directo hacia Sofía.
—Necesito pedirte un favor —le digo en voz baja—. Pero no se lo digas a nadie.
Ella me mira con atención.
—¿Puedes ayudarme con la píldora que se toma después de… ya sabes?
Sofía tose cuando la comida se le va por otro lado.
—Vaya… mi querida Ania ya dejó de ser una niña.
Miro alrededor, nerviosa.
—Por favor.
Suspira.
—Está bien. Yo voy a la farmacia.
Le doy el dinero con manos temblorosas.
—Gracias.
Regreso a mi cubículo. El dolor de cabeza no cede; al contrario, se vuelve más intenso, como un martillo golpeando desde adentro.
Cuando Sofía vuelve, me pasa la caja disimuladamente. Destapa una botella de agua y me la acerca.
Me la tomo sin pensar.
Sin sentir alivio.
Termino mi horario y reviso el celular.
Mensajes de René.
Llamadas perdidas de mi padre.
Esto no puede estar pasándome.
Suena mi teléfono. Un número desconocido.
—Hoy te toca medirte el vestido —dice la encargada de la ceremonia.
Asiento, aunque ella no puede verme.
Recojo mis cosas y salgo.
Tomo la ruta de siempre, pero esta vez decido caminar.
Intento recordar.
Me veo yendo al baño.
Después… nada.
El vacío.
Subo al transporte y llego a casa antes de lo que quisiera.
Risas en la sala. Yajaira está con sus amigas.
Subo directo a mi habitación y me acuesto.
Tengo fiebre.
La música abajo se clava en mi cabeza.
Bajo por agua y escucho la voz de René.
Me asomo.
Está rodeado de las amigas de Yajaira.
Cuando me ve, se levanta de inmediato y camina hacia mí.
—Hola, cariño. Vine para llevarte a medirte el vestido.
—Me siento mal —digo.
Me toca la frente.
—Estás ardiendo.—Ania, no debiste salir de fiesta —dice Yajaira—. Ahí están las consecuencias.—Vamos, te llevaré al doctor.
Niego.
No estoy segura de qué tengo… y no quiero que me revisen frente a él.
—Yo los acompaño —dice Yajaira.
Tomo la mano de René y avanzamos por el pasillo.
—Creo que deberíamos posponer la boda —susurro.
—¿Por qué? ¿Tus amigas te convencieron?
—No… no es eso.
—¿Entonces qué? —pregunta, impaciente—. ¿Conociste a alguien más?
—René… eres el único hombre que amo. Quiero pasar mi vida contigo.
—¿Entonces qué mierda ocurre? —me dice, apretándome el brazo.
Me suelta cuando mi padre entra.
—Supe que hoy te medirían el vestido. Quiero acompañar a mi princesa.
Mi padre me abraza y frunce el ceño.
—¿Estás enferma?
Asiento.
—No quiere ir al médico —dice René.
—Yo la llevaré —responde mi padre—. Tú ve a casa, acabo de ver a tu madre y quiere hablar contigo.
René asiente. Me besa antes de irse.
Salgo con mi padre.
En el consultorio agradezco que me den privacidad.
Me sacan sangre.
Espero.
Mi padre me habla de Yajaira, de sus planes de irse al extranjero.
Yo apenas escucho.
Luego me llaman.
Entro sola.
—¿Consumes drogas? ¿Ingieres alguna sustancia? —pregunta el médico.
—No.
—En tu sangre hay rastros de una sustancia. Ya queda poco en tu sistema, pero tu cuerpo lo resintió.
—Yo no consumo drogas… solo tomé un par de copas.
—El alcohol era mínimo. No fue eso.
Me extiende una receta.
—Esto es para la infección ya que tú cuerpo está reaccionando a la droga.
Estoy por salir cuando me detiene.
—Ten cuidado a dónde vas y con quién. He visto casos similares. Algunas víctimas quedan con secuelas.
Me acerco.
No puedo contener las lágrimas.
—Desperté sin recordar nada. Estaba en un hotel. Estuve con alguien… y no sé quién fue.
El médico suspira.
—Por los síntomas, todo apunta a sumisión química. Más conocida como la droga de la violación.
El mundo se me viene encima.
¿Cómo pasó?
Y lo peor…
¿Quién la puso…
si solo estaban mis amigas y yo?