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Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Lucía era una joven campesina traicionada por su prometido y su propia hermana, que la envenenaron para robarle todo. Pero el destino le da una segunda oportunidad: ¡despierta 5 años en el pasado! Esta vez no será la chica ingenua de las gallinas. Se infiltra como limpiadora en la empresa del multimillonario CEO Alejandro Montenegro para cobrarse venganza... sin saber que su hija genio de 5 años, la pequeña Mía, que también viajó en el tiempo, ¡se cruzará con su papá biológico en los pasillos! Ahora Lucía debe ocultar su identidad, destruir a los traidores y evitar que el CEO frío descubra que la niña inteligente y adorable que le sigue por todas partes es su heredera. ¿Podrá el amor florecer entre la limpiadora que manda en secreto y el hombre que no sabe que ya es papá?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 12: La caída de Elena

El sábado de feria amaneció caluroso. El sol pegaba en la plaza desde temprano y el polvo subía en nubes chicas cada vez que pasaba un coche. Nosotras pusimos el puesto temprano, con la mesa, el mantel de cuadros y la jaula de Clara, que seguía siendo el reclamo principal. La gente venía, acariciaba a la gallina, se llevaba una o dos docenas. Para el mediodía casi no nos quedaba nada.

Ahí fue cuando apareció Elena.

Venía con un vestido corto que no era suyo, también, y los ojos maquillados de más. Caminó directo al puesto con la nariz levantada, como si el olor del pueblo le molestara. Detrás venían dos o tres amigas suyas, las mismas de siempre, que la seguían a todas partes.

—Tú —me dijo, plantándose frente a mí—. Me has arruinado la vida.

Levanté la vista. Estaba contando el dinero, le dije a Sofía que siguiera ella.

—Buenos días, Elena —dije, sin levantarme—. ¿Qué necesitas?

—No me hagas la tonta —gritó, y la gente de los puestos vecinos se dio la vuelta—. Por tu culpa nadie me habla. Por tu culpa Carlos no me quiere. Por tu culpa todo el pueblo me mira como si fuera una ladrona.

—Pero si eres una ladrona —dije, calmada. Y bajé la voz lo suficiente para que solo ella me oyera, aunque no me importaba que los demás escucharan—. Te llevaste mi prometido, mi ropa, mi dinero. ¿Qué más quieres?

Se puso roja. Levantó la mano para pegarme. Yo la agarré de la muñeca antes de que me tocara. La apreté. Ella forcejeó, pero yo era más fuerte, años de cargar baldes de agua y sacos de maíz.

—Suéltame —gritaba—. ¡Me estás haciendo daño!

—No te voy a pegar —le dije, cerca de su cara—. No necesito pegarte. Con lo que sé de ti, te basta.

La solté. Ella se frotó la muñeca, llorando ya, esas lágrimas de siempre que le salían cuando quería que todos estuvieran de su lado.

—¿Qué sabes tú de mí? —dijo entre sollozos—. Nada. Nunca sabes nada. Estás todo el día con las gallinas, no tienes vida, no tienes nada. Por eso me odias. Porque yo tengo lo que tú no.

Me reí. Una risa corta, sin gracia.

—Tienes razón en algo —dije, y alcé la voz para que todo el mundo oyera—. Tú tienes lo que yo no quiero. Tienes a Carlos, que te engaña igual que me engañaba a mí. ¿Sabían ustedes —dije, mirando a la gente que se había acercado— que Elena, además de con Carlos, se veía con el hijo del panadero? Y con el profesor de educación física del liceo? Y con un señor casado de la ciudad, que le pagaba el celular?

El silencio se hizo. Elena se puso blanca.

—Mientes —gritó—. ¡Mientes todo!

—Yo tengo los mensajes —dije, y no era mentira. En mi vida anterior había encontrado el celular de Elena y lo había leído todo, llorando, una noche que ella se había dejado el teléfono en casa. Esta vez, sabiendo lo que venía, le había sacado copia a todo meses atrás, antes de que ella lo borrara—. Si quieren, los puedo proyectar en la pared de la iglesia. Tengo fotos también.

Una mujer de los puestos vecinos soltó un silbido. Otra dijo "la pobre, no". Pero nadie defendía a Elena. Sus amigas se habían quedado quietas, mirando el suelo, como si de repente no la conocieran.

Elena miró a su alrededor. Vio que nadie le creía, que nadie la defendía. Se le quebró la voz.

—Me voy a matar —dijo, de repente—. Me voy a matar y ustedes van a ver.

Y salió corriendo.

***

La noticia corrió como pólvora. A la hora, todo el pueblo sabía que Elena había amenazado con suicidarse. A las dos de la tarde, la encontraron en la casa de mi padre, en el suelo de la cocina, con un frasco de pastillos vacío al lado. La llevaron al hospital.

Mi padre me llamó, llorando, para decirme que mi hermana se estaba muriendo por mi culpa.

Yo no fui al hospital. Sabía lo que venía. En mi vida anterior, Elena ya había hecho lo mismo una vez, cuando se quedó sin dinero y quería que mi padre le pagara una deuda. Los pastillos eran aspirinas. Se hacía el drama para que todos la compadecieran y le perdonaran todo.

Se lo dije a la enfermera del hospital, una mujer que conocía de años, y le pregunté, por favor, que revisaran bien qué pastos se había tomado. A las cuatro, la enfermera me llamó.

—Eran aspirinas —dijo, bajito—. Doce. No le pasa nada. Pero no le digas a nadie que te lo dije.

—No se lo digo a nadie —le respondí—. Gracias.

Al día siguiente, cuando Elena salió del hospital creyendo que todo el pueblo la recibiría con abrazos y perdón, se encontró con algo distinto. La enfermera, sin querer o queriendo, le había contado a una vecina. La vecina se lo contó a otra. Y para el mediodía, todo el pueblo sabía que había sido un fingimiento.

Nadie le habló. Nadie la visitó. Las amigas la dejaron. Incluso Carlos, que estaba más preocupado por su propio problema con la demanda, no la fue a ver.

Esa tarde la vi pasar por la calle, sola, con la cabeza baja. No me miró. Yo tampoco la miré. No sentí alegría. Sentí una cosa rara, como pena, pero no por ella. Por la niña que había sido alguna vez, antes de que la envidia la comiera entera.

Sofía me tocó el hombro.

—¿Estás bien? —me preguntó.

—Sí —dije—. Mañana tengo reunión con Alejandro Montenegro. Tengo que pensar en eso.

—¿Y si te ofrece algo raro?

—Entonces me voy —dije—. Pero tengo la sensación de que esta vez, la propuesta va a ser buena.

Esa noche, antes de irme al trabajo, me senté un rato en el corral con las gallinas. El sol se ocultaba. El viento traía olor a tierra mojada, porque había llovido un poco en la tarde. Clara vino a dormirse a mis pies.

Acosté la mano en la panza. El bebé se movió, un golpe suave, como si me dijera que estaba ahí.

—Mañana cambia todo, mi vida —le dije, bajito—. Reza por que mamá no se equivoque.

Clara cacareó, como respondiendo.

Apagué la luz del corral y me fui.

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nezhan
Hola, Rosemary, muchas gracias por leer con tanto detenimiento y por tus excelentes preguntas. 💛

Sofía es mi hija de mi vida anterior. Cuando renací, ella ya estaba conmigo: una niña de cinco años que me dio la fuerza para empezar de nuevo. Su existencia es parte de mi pasado, de todo lo que perdí y de todo lo que decidí recuperar. No apareció de la nada; siempre estuvo ahí, siendo mi mayor motivación desde antes del primer capítulo.

En cuanto a la gallina Clara, es un elemento simbólico que dejé intencionalmente sin explicación detallada. Representa la protección de mis raíces, el espíritu de mi madre y el alma de la finca El Rosal. Es mi guardiana, y como tal, no necesita origen lógico: solo necesita ser sentida.
nezhan
Hola, Jessica, gracias por tu comentario. 🐔💛

Has comprendido perfectamente el espíritu de la historia. Los animales son, en efecto, nuestros guardianes silenciosos. La gallina Clara es la más especial de todos: su aparición y su mensaje en sueños representan la protección invisible que rodea a Lucía. Es la voz de su madre, la esencia de la tierra y el corazón de El Rosal velando por ella.

Me llena de alegría que logres percibir estos detalles. Tu sensibilidad hace que esta historia cobre aún más vida. ✨
Rosemary Hernandez
de dónde salió esa primera hija?
Jessica Flores
los animalitos son guardianes 🥰,y la gallina clara es su guardiana
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