Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.
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CAPÍTULO 7 — LA VOZ QUE NADIE ESPERABA
“Ellos pensaban que sería un momento incómodo para mí… pero terminaron descubriendo algo que jamás imaginaron.”
El viernes llegó.
Desde temprano, el colegio estaba lleno de movimiento. Los alumnos iban de un lado a otro preparando las presentaciones y en el patio ya habían instalado el escenario.
Yo intentaba mantener la calma.
—Sophie, respira —me dijo Emilia mientras acomodaba mi ropa.
—Estoy nerviosa.
—Es normal.
Mateo apareció junto a nosotras con una sonrisa.
—No tienes nada que temer.
Lo miré.
—Tú lo dices porque ya sabes cómo canto.
—Exactamente —respondió—. Por eso sé que te irá increíble.
Mateo conocía mi voz desde siempre. Me había escuchado cantar muchas veces y sabía perfectamente lo que podía hacer.
A diferencia de él, Demián, Catalina y Thiago nunca me habían escuchado cantar de verdad.
Ellos serían los encargados de acompañarme con los instrumentos.
Demián afinaba su guitarra.
Thiago revisaba el suyo.
Catalina hacía los últimos preparativos.
—¿Todos listos? —preguntó la profesora.
Asentimos.
Escuchamos nuestros nombres.
Era nuestro turno.
Caminamos hacia el escenario.
Sentí que cientos de ojos estaban sobre nosotros.
Me acomodé frente al micrófono.
Miré hacia un lado.
Mateo me sonrió desde donde estaba.
No necesitaba decirme nada.
Sabía que podía hacerlo.
La profesora hizo una señal.
Los instrumentos comenzaron.
Primero fue Demián.
Después se incorporaron Thiago y Catalina.
Esperé unos segundos.
Entonces empecé a cantar.
Y el ambiente cambió completamente.
Mi voz salió segura.
Más fuerte de lo que yo misma esperaba.
Al principio escuché algunos murmullos entre el público.
Después desaparecieron.
Todos estaban atentos.
Continué cantando mientras los instrumentos acompañaban cada parte.
Levanté la mirada.
Vi a Emilia sonriendo.
Mateo tenía una expresión tranquila, como si supiera desde el principio exactamente lo que iba a ocurrir.
Pero las caras de Demián, Catalina y Thiago eran diferentes.
Ellos no esperaban aquello.
Demián incluso dejó de mirar sus manos por un instante y levantó la vista hacia mí.
Catalina parecía sorprendida.
Thiago abrió los ojos y luego sonrió.
Yo seguí cantando.
Ya no sentía nervios.
Por primera vez, estaba disfrutando estar frente a todos.
Cuando llegamos al final, hice la última parte y dejé que la música terminara.
Hubo un segundo de silencio.
Uno solo.
Después llegaron los aplausos.
Fuertes.
Mucho más fuertes de lo que había imaginado.
Sonreí, todavía sin creerlo.
Emilia fue la primera en acercarse cuando bajamos del escenario.
—¡Estuviste increíble!
—Gracias.
Mateo llegó detrás.
—¿Ves? Te dije que iba a salir bonito.
Me reí.
—Tú nunca dudaste.
—Porque conozco a mi prima.
Catalina se acercó.
—Sophie, tengo que admitir que no esperaba escucharte cantar así.
—¿De verdad?
—De verdad.
Thiago asintió.
—Nos sorprendiste.
Miré a Demián.
Él permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente se acercó.
—No sabía que cantabas así.
Sonreí tímidamente.
—Ahora ya lo sabes.
—Sí.
Me miró unos segundos más.
—Y creo que nunca voy a olvidar cómo sonó tu voz hoy.
Bajé la mirada.
No sabía qué responder.
Mientras todos seguían felicitándonos, yo solo podía pensar en que había tenido miedo de hacer el ridículo.
Y había ocurrido exactamente lo contrario.
Había demostrado algo que casi nadie conocía de mí.
Pero no sabía que aquel momento también había cambiado algo en la mirada de Demián.
Y tampoco sabía que, detrás de aquella sonrisa de Catalina y Thiago, había pensamientos que yo todavía estaba muy lejos de descubrir.