La guerra entre Elarion y Drakhar ha durado años, pero, cuando el príncipe heredero de Drakhar se fija en la santa Sylvia, de Elarion, propone un tratado de paz, pero a cambio deben entregarle a la santa como concubina. Sylvia acepta esta condición para salvar a su nación, pero, no se imagina que, al entrar al palacio de Drakhar se encontrará con las amantes del príncipe heredero, pero, aunque ella no es fácil de intimidar, pronto descubre, que, en ese palacio, tiene un aliado más poderoso que el mismísimo emperador, el dragón rojo de la calamidad, que se ha liberado del control del príncipe heredero, y que, esta dispuesto a vengarse por usarlo como una maquina de guerra.
NovelToon tiene autorización de Arhuchim para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 03.
Al amanecer, Balthazar mando preparar un carruaje, y un grupo de soldados para que sean sus escoltas, pues iría a la capital de Elarion a reunirse con el emperador. Su carta recién recibió respuesta, donde dice que acepta hablar sobre el tratado y que la Santa ya esta en camino.
Cuando Meredith supo del viaje, quiso subir al carruaje, pero Balthazar se lo negó. Sabe que esa mujer se toma atribuciones que no debe, y eso sería un problema para lo que piensa hacer.
—¿esta seguro de esto alteza?, no creo que el emperador este de acuerdo.— pregunta su general.
—descuida, esta solo es una estrategia, yo obtengo un juguete nuevo, que nos puede ser útil, y Elarion se queda sin su sanadora principal.— responde Balthazar.
—pero, detener la guerra solo por eso...—
—la detenemos un par de meses, que se confíen, y después, quemamos todo.— se burla el príncipe.
—su alteza, sabía que no podía decepcionarnos. Espero que, cuando se canse de jugar con la santa, nos deje divertirnos un poco con ella.— responde el general.
—por supuesto, saben qué, me gusta compartir.— Balthazar deja ver una sonrisa maliciosa.
Pero, dicha sonrisa se le borra cuando siente un ardor en la mano, la marca del pacto sagrado brilla un poco, y el dolor se extiende por todo el brazo del Balthazar. Aprieta su mano con la otra mientras la sostiene contra el pecho, y su general, pide detener el carruaje llamando a un médico.
En lo alto, de aquella caravana, el dragón rojo vuela despacio mirando hacía abajo. Sus brillan brevemente y tras un resoplido se aleja del lugar.
[Ríe mientras puedas príncipe inútil...sin mi, ya no eres nada.] Murmura para si mismo el dragón.
.
.
.
Dos días habían pasado, Sylvia y los demás, ha habían llegado a Elarion. La albina tan pronto llego, fue llevada al templo, mientras que Aurelia y Julian son solicitados por su padre. El emperador Theron Grosvenor, los esperaba en una sala privada.
Ahí, Theron explica que, el príncipe heredero de Drakhar envió una carta, en la que, para firmar la paz solicita que sea pactada por medio un matrimonio político.
—padre...no estaría diciendo que entregará a Aurelia a ese salvaje...— responde preocupado Julian.
—no, no se trata de un matrimonio con una princesa...el príncipe de Drakhar ha pedido a la señorita Sylvia Blanchard...la Santa...— responde nervioso.
—¿que?, eso no puede ser...¿y si mienten?, si ese tratado no sirve, Elarion se quedará sin su mayor protección...la señorita Blanchard es la sanadora más eficaz...— Aurelia levanta la voz.
Ante esto, Theron golpea la mesa con el puño y mira con furia a Aurelia.
—¿te atreves a levantarme la voz?, soy tu padre, el emperador...además deberías estar agradecida de no ser tú.— señala.
—pero...la santa...no podemos hacerle esto...ella ha dado tanto por este imperio.— murmura Julian.
—y ahora debe dar una última cosa, sacrificarse para un tratado de paz, debe de ser todo un honor para una mujer...— habla el emperador con cierto tono de desprecio.
Aurelia aprieta los puños.— es una humillación, no honor.— balbuceo en voz susurro.
Al salir de aquel salón, Aurelia y Julian estaban preocupados, cuando Gareth sepa lo que hará el rey, quedará totalmente destrozado, pues, ambos saben que, Gareth ha estado luchando duro para conseguir méritos y sacar a Sylvia del templo. Conocen la promesa que el joven caballero le hizo a la santa. Darle libertad para vivir como quiera.
—esto es terrible...señorita...escuche lo que pasa en el palacio...usted, usted corre peligro.— le advierte una sacerdotisa.
—desde que el emperador pidió que yo también volviera, sospechaba algo...— responde Sylvia tranquila.
—mi señorita...su majestad no debería hacer esto...el sumo sacerdote ya ha ido al palacio, no permitirá que la usen como ofrenda de paz.— menciona la sacerdotisa.
—tranquila señora, si el emperador decide entregarme a ese príncipe, que no piense que me sometere a él sin pelear.— asegura Sylvia.
.
.
.
Por otro lado, en el campo de guerra, las tropas de Elarion siguen peleando contra el ejército de Drakhar, los domadores, siendo estos los que controlan a algunos dragones, estaban al frente, usando a sus bestias para atacar.
El dragón rojo, de pie en lo alto de un acantilado, observa todo y deja salir resoplido.
[Actuan poderosos solo porque controlan a los dragones, veamos que hacen sin ellos.] Pensó el dragón rojo.
Extendió sus alas y voló alrededor de aquella zona y para después aterrizar justo en medio de ambos bandos y deja salir un gruñido.
Los otros dragones retroceden, elevandose por el cielo y dejando a los domadores y todos en ese campo sorprendidos. El dragón rojo abrió el hicico y dejo salir una flama roja contra los domadores, quienes enseguida intentan escapar.
"¿Que esta pasando?"
"El dragón rojo acaba de atacar a los domadores."
"I-imposible...su alteza lo tiene bien controlado."
"¿Por qué nos esta atacando?"
Los murmullos de los soldados de Drakhar se escuchan por todo el campo, los soldados de Elarion también estaban confundidos. El dragón controlado por el mismísimo príncipe heredero de Drakhar, atacaba a sus aliados, y además acaba de espantar a los otros dragones.
"No es hora de dudar, hay que aprovechar el momento" grito uno de los generales de Elarion.
Nuevamente los soldados se lanzaron al ataque, mientras que, los domadores, que aun quedaban vivos, intentaban llamar a los dragones, pero, estos se habían alejado. El dragón rojo, ataco de nuevo, acabando con los domadores que quedaban vivos, y después de esto, voló. Los otros dragones que estaban cerca, lo siguieron, ante la mirada confundida de los soldados de Drakhar.
...