NovelToon NovelToon
BAJO LA PIEL DEL DESEO

BAJO LA PIEL DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Traiciones y engaños
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Lidia Ashcroft es una mujer hermosa e inteligente, el tipo de mujer que despierta miradas donde vaya. Está comprometida con Adrián Calloway, dueño de una pequeña agencia de viajes que lucha por abrirse camino en el mercado. A pocos meses de la boda, Lidia cree que por fin está construyendo el futuro que siempre soñó.

Sin embargo, su mundo se derrumba cuando descubre que Adrián le ha sido infiel. Traicionada y con el corazón hecho pedazos, comienza a cuestionarse si el amor que defendió durante años fue solo una mentira.

En medio de su dolor aparece Damián Blackwood, un poderoso y enigmático CEO de tecnología, fundador de NovaCore Technologies, una de las empresas más innovadoras del país.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

La lluvia seguía cayendo con fuerza, formando cortinas de agua que cubrían la calle. Damián dio un paso más hacia ella, manteniendo esa calma que parecía no abandonarlo nunca. Hizo un gesto hacia un coche negro de lujo que esperaba con el motor encendido junto al bordillo.

—Mi coche está ahí —le dijo, con voz firme pero amable—. Déjame llevarte a donde necesites ir. No deberías seguir caminando así, empapada y sola.

Lidia miró el vehículo y luego a él, sintiendo el orgullo levantarse en su pecho. No conocía a aquel hombre, y por más que su presencia la conmoviera, no podía aceptar ayuda de alguien que acababa de conocer.

—Le agradezco mucho el gesto —respondió ella, con la voz tranquila pero decidida—, pero no puedo aceptarlo. Estaré bien, de verdad. En cuanto pare un poco la lluvia, me iré caminando.

Damián no insistió. No hubo presión en su mirada ni en su postura. Solo asintió lentamente, como si respetara su decisión más que nadie lo había hecho jamás.

—Entiendo tu reserva —dijo él—. Y no voy a pedirte que hagas algo con lo que no te sientas cómoda. Pero al menos acepta esto.

Sacó una tarjeta de visita de su bolsillo, de cartulina blanca y gruesa, con su nombre y el logo de NovaCore Technologies grabados en letra fina y elegante. Se la extendió entre los dos, con cuidado, como si le entregara algo valioso.

—Si necesitas algo —dijo, mirándola directamente a los ojos, con una seriedad que hizo que el corazón de Lidia diera un vuelco—, sea lo que sea, llámame. No importa la hora, no importa de qué se trate. Solo llama.

Lidia tomó la tarjeta entre sus dedos. El papel era liso y fresco al tacto. Lo sostuvo con suavidad, sin apartar la vista de él.

—¿Por qué hace esto? —preguntó ella, con sincera confusión—. No me conoce. No tiene ningún motivo para ser tan amable conmigo.

Damián esbozó una media sonrisa, breve y enigmática.

—A veces los motivos no necesitan explicarse —respondió simplemente—. Solo recuerda lo que te dije. Algo, sea lo que sea.

Se giró hacia el coche, pero se detuvo antes de subir y volvió a mirarla una última vez.

—Cuídate, Lidia. Espero que pronto deje de llover, fuera y dentro de ti.

Subió al vehículo, que se alejó suavemente por la calle mojada, dejándola sola bajo el porche. Lidia se quedó allí de pie, mirando la tarjeta entre sus dedos una y otra vez. No entendía por qué aquel desconocido le había llamado tanto la atención, ni por qué sus palabras le habían hecho sentir menos sola que en todo el día. Solo sabía que seguía sosteniendo el papel con fuerza, como si fuera algo mucho más importante que una simple tarjeta de visita.

Lidia apretó la tarjeta entre sus dedos, sin apartar la vista del coche que empezaba a alejarse, y alzó la voz para que él pudiera oírla antes de que se marchara por completo.

—¡Espere! —llamó, y Damián hizo una seña al conductor para que detuviera el vehículo, girándose hacia ella con calma—. ¿Por qué? —repitió, con la voz más temblorosa pero firme—. ¿Por qué hacer esto por alguien que no conoce? Podría ser cualquiera. Podría… podría mentirle, podría aprovecharme.

Damián bajó la ventanilla por completo y la miró con esa profundidad que parecía verlo todo de ella, sin juicio, sin duda.

—Yo no creo que mientas, Lidia —dijo con su voz grave y serena—. Y tampoco creo que aprovecharte de alguien sea algo que harías. Lo veo en ti. En la forma en que me miras, en cómo te sostienes aquí, sola y empapada, sin dejar que el mundo te rompa del todo. Hay algo en ti que… se siente distinto. Y cuando veo algo que merece la pena, no suelo mirar hacia otro lado.

—Pero es demasiado —insistió ella, sintiendo cómo las lágrimas volvían a asomar—. No sabe lo que me pasa. No sabe quién soy. Y sin embargo me ofrece ayuda como si me conociera de toda la vida.

—Quizá lo hago precisamente porque no sé tu historia —respondió él suavemente—. No tengo prejuicios, no tengo ideas hechas sobre ti. Solo te vi ahí parada, bajo la lluvia, cargando con algo que parecía demasiado pesado para una sola persona. Y pensé que nadie debería tener que llevarlo solo.

Lidia bajó la vista un instante hacia la tarjeta, luego volvió a encontrar sus ojos, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.

—Nadie me había dicho nunca algo así —confesó en un susurro—. Nadie se había detenido solo para… mirarme de verdad.

—Pues es una lástima —dijo él, con una media sonrisa que le llegó directamente al pecho—. Porque mereces que te miren. Mereces que alguien se detenga. Y si hoy soy yo quien lo hace, no lo veo como un esfuerzo, sino como algo que tenía que pasar.

—Y si lo llamo… ¿de verdad vendrá? —preguntó ella, con la voz que apenas se oía, casi con miedo a escuchar la respuesta.

—Si me llamas, iré —prometió él, con absoluta seguridad, sin dudar ni un instante—. No importa si es de día o de madrugada. No importa si es para que te lleve a un hotel, si necesitas hablar, o si simplemente necesitas que alguien se quede contigo sin decir nada. Iré. Eso te lo aseguro.

—No sé qué decir —admitió ella, con los ojos brillantes—. Nadie me ha tratado así sin pedir nada a cambio.

—Porque no te pido nada —dijo él, negando suavemente con la cabeza—. No hay trampa, no hay condiciones, no hay letra pequeña. Solo una oferta. Y cuando ya no la necesites, puedes tirar la tarjeta, olvidar mi número, y nunca más volver a hablarme. Será tu decisión, siempre.

Lidia asintió lentamente, sintiendo cómo esa calidez extraña que él despertaba en ella se extendía por todo su cuerpo, alejando un poco el frío y el dolor.

—Gracias —dijo, con sinceridad profunda—. De verdad. Gracias, Damián Blackwood.

—Cuídate, Lidia —repitió él, y esta vez la ventanilla subió despacio, como si se tomara su tiempo para dejar de verla.

El coche se alejó por la calle mojada, perdiéndose entre la lluvia y la niebla de la ciudad. Lidia se quedó sola de nuevo bajo el porche, pero ya no se sentía igual. Apretó la tarjeta contra su pecho, justo sobre el corazón, y no dejó de mirar hacia donde él se había marchado. No entendía por qué aquel desconocido le había llamado tanto la atención, ni por qué sus palabras le habían hecho sentir que no estaba tan perdida como creía. Solo sabía que, mientras sostenía ese pequeño trozo de cartulina, por primera vez en todo el día, sentía que quizá no todo estaba perdido para siempre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play