💕 Descripción
Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.
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Capítulo 20: La propuesta
Eran las 6:30 de la tarde y desde hacía rato estaba pendiente del reloj. Damián había quedado en recogerme a las 7:50 de la noche y yo quería estar lista con tiempo.
Después de bañarme, abrí mi clóset y comencé a buscar qué ponerme. Finalmente escogí un conjunto que me encantaba: una falda rosada de tela, con un lazo grande en la parte delantera, combinada con un top negro y una chaqueta de jean clara. Para completar el outfit elegí unos tacones negros de tiras, con un pequeño detalle de lazo.
Me arreglé el cabello, me puse mis gafas y escogí unos accesorios sencillos.
Antes de terminar, me puse perfume.
—Listo —dije frente al espejo—. Ahora sí.
Bajé las escaleras y encontré a mi tía en la sala. Estaba sentada cosiendo.
Mi tía trabajaba cosiendo ropa para otras personas. Muchas veces, con lo que ganaba, también ayudaba con las cosas de la casa y conmigo.
La miré con cariño.
Algún día voy a recompensarte por todo lo que has hecho por mí, pensé.
—Mi patico, ¿ya estás lista?
—Sí, tía.
—¡Ay, mija! Estás muy bonita.
—Gracias.
—¿Y ese perfume? Desde aquí lo siento.
Las dos nos reímos.
—No te burles.
—Yo no me estoy burlando, mi patico. Solo digo que hoy vienes toda elegante.
Continuamos hablando mientras esperábamos.
Finalmente, a las 7:50, mi celular vibró.
Damián: Gordita, estoy afuera.
Mi corazón se aceleró.
—Tía, ya llegó.
—Bueno, mi patico. Vaya, pero me avisa cuando llegue.
—Sí.
Salí de la casa.
Ahí estaba Damián.
Llevaba un pantalón de jean y una camisa de manga corta color celeste. Se veía muy elegante, pero al mismo tiempo sencillo.
—Hola, amor —dije al acercarme.
Nos saludamos con un beso breve.
—Hola, mi gordita hermosa —respondió él con una sonrisa.
Después caminó hasta el carro y me abrió la puerta del copiloto.
—Adelante, pues.
—Gracias, señor.
Damián cerró la puerta y después se dirigió al lado del conductor.
Comenzamos el camino hacia el restaurante.
Durante el trayecto hablamos de cómo había sido nuestro día .
Sin embargo, yo notaba que Damián estaba un poquito diferente.
Parecía nervioso.
—¿Qué tienes? —le pregunté.
—¿Yo? Nada, pues.
—Mmm... estás raro.
—No estoy raro.
—Sí estás raro.
Él soltó una pequeña risa.
—Ya vas a ver.
No entendí qué quería decir.
Cuando llegamos al restaurante, quedé sorprendida. El lugar tenía una decoración preciosa, con luces cálidas, plantas y mesas elegantemente preparadas.
—Damián, qué bonito.
—Me alegra que te guste.
Entramos y nos llevaron hasta nuestra mesa.
Antes de sentarnos, Damián sacó su celular.
—Espera.
—¿Qué?
—Una foto.
—¿Otra?
—Pues sí. Quiero guardar este momento.
Sonreí y él tomó una fotografía.
Después nos sentamos y revisamos el menú.
Pedimos la cena y comenzamos a conversar.
Hablamos de nuestros primeros días juntos, de aquella salida al cine, de la playa y de todas las cosas que habíamos vivido durante esos dos años.
—¿Te acuerdas cuando llegué a Barranquilla? —preguntó Damián.
—Claro que me acuerdo.
—Yo nunca pensé que iba a encontrar algo tan importante aquí.
—¿Algo?
Damián me miró.
—A vos.
Sonreí.
La cena transcurrió entre risas y recuerdos.
Cuando terminamos de comer, pensé que simplemente regresaríamos a casa.
Pero entonces Damián se levantó.
—¿Qué haces?
No respondió.
Caminó hasta colocarse frente a mí y, de repente, se arrodilló.
Me quedé completamente sorprendida.
—Damián...
Sacó una pequeña cajita de su bolsillo.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Abrió la caja.
Dentro había un hermoso anillo.
—Valentina —dijo con voz emocionada—, llevamos dos años juntos. Hemos pasado por momentos buenos y también por momentos difíciles. Te he visto crecer, luchar por tus sueños y convertirte en una persona cada día más fuerte.
Yo apenas podía hablar.
—Quiero seguir compartiendo mi vida contigo. Quiero acompañarte en tus sueños y construir nuestro futuro juntos.
Respiró profundamente.
—¿Quieres casarte conmigo?
Me quedé mirándolo.
Los ojos se me llenaron de lágrimas de emoción.
—Sí.
Damián sonrió.
—¿Sí?
—Sí, amor. Acepto.
Él colocó el anillo en mi mano y ambos sonreímos.
Aquella noche, la cena que yo pensaba que sería simplemente una salida romántica terminó convirtiéndose en uno de los momentos más importantes de nuestras vidas.
Y mientras miraba el anillo, solamente podía pensar en una cosa:
Damián y yo acabábamos de comenzar una nueva etapa juntos.