Un trágico accidente dejó al multimillonario Alexei Von Krahn en silla de ruedas, arrebatando su autonomía y rodeado por la traición de quienes dijeron amarlo. Consumido por el rencor y ante la delicada salud de su madre, cuyo último deseo es verlo acompañado, Alexei decide buscar una esposa por contrato.
Por su parte, Emilia San Martín enfrenta una situación desesperada: la grave condición de su madre y la imposibilidad de saldar las deudas, la llevan al límite. Para salvar a su única familia, acepta casarse durante un año con un desconocido amargado a cambio de una suma millonaria y el traslado inmediato de su madre a una clínica privada.
Sin embargo, lo que comenzó como un acuerdo frío se transforma en un torbellino de sentimientos encontrados.
Atrapado por un profundo complejo de inferioridad y el miedo a la dependencia, Alexei oculta su amor y monta una despiadada farsa para distanciar a Emilia de su vida, ignorando que la verdadera amenaza aun acecha entre las sombras.
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Capitulo 14
Emilia
La rosa blanca que Alexei me había permitido conservar aquella tarde reposaba ahora en un pequeño florero de cristal sobre mi mesa de noche. Sus pétalos mantenían aún esa frescura intacta, pero en el ambiente de la mansión Von Krahn comenzaba a sentirse un cambio sutil, una tensión silenciosa que amenazaba con empañar la calidez que habíamos construido juntos
Aquel almuerzo en el invernadero no había sido una simple tregua, para mí significó el instante exacto en que las paredes de hielo que rodeaban a Alexei se desmoronaron por completo. Sentí sus latidos, percibí la verdad deteniéndose en sus labios y atesoré la tibieza de sus dedos cuando se entrelazaron con los míos
Sin embargo, el espejismo pareció empañarse al caer la tarde. A partir de esa misma noche, una distancia contenida, regia sobre la culpa y su inquebrantable orgullo, amenazaba con alzarse de nuevo entre los dos
Durante los tres días siguientes, busqué cualquier pretexto para estar cerca de él. Aguardaba en el pasillo a la hora del desayuno, recorría los salones intentando coincidir en la biblioteca y dejaba la puerta de mi habitación entreabierta por si él se acercaba
Pero Alexei parecía librar una lucha interna constante. Cuando nuestras miradas se cruzaban, no encontraba al hombre distante de los primeros días de nuestro matrimonio, sino a alguien que batallaba contra sus propios fantasmas para no arrastrarme a su oscuridad
La mañana del jueves, bajé a la planta baja llevando conmigo un libro de historia para intentar distraer la mente. El silencio en la casa era denso, interrumpido únicamente por el constante murmullo de la lluvia contra los ventanales de la galería. Al aproximarme al estudio principal, escuché voces que conversaban en un tono bajo pero lleno de gravedad. La puerta estaba entornada un par de centímetros, lo suficiente para dejar escapar las palabras que se cruzaban en el interior
— No debemos bajar la guardia, Alexei — decía la voz apremiante de Ismael, su abogado y hombre de confianza — Aunque lograste destituir a Bruno y sacarlo de la empresa hace semanas, él no se ha quedado de brazos cruzados. Mis informantes me confirman que ha estado reuniéndose en secreto con antiguos socios resentidos
Escuché el sonido seco de los dedos de Alexei golpeando la madera del escritorio
— Bruno perdió todo poder legal dentro del grupo Von Krahn el día que lo eché de la junta directiva — la voz de Alexei retumbó con una aspereza contenida — Sin embargo, conozco a mi hermano. Su orgullo está herido y no aceptará la humillación de haber sido despojado de su cargo sin buscar una represalia
— Exactamente por eso te pido prudencia — insistió Ismael — Ya no puede atacarte desde adentro de la compañía, pero está buscando la forma de golpearte donde más te duela. Ha estado investigando cada uno de tus movimientos recientes, y me temo que el contrato matrimonial y la presencia de Emilia en esta casa están bajo su lupa
Se produjo un silencio pesado en la habitación, uno en el que pareció apagarse hasta el murmullo de la lluvia
— Si se atreve a mirarla, lo destruiré por completo — dijo Alexei. Su tono ya no era frío, era un susurro denso que me oprimió el pecho — Pero no es solo Bruno lo que me preocupa, Ismael. Me preocupa lo que yo puedo ofrecerle a ella en medio de esta guerra
— Sabes que ella eligió estar aquí, Alexei...
— ¡Pero yo soy un hombre a medias! — sentenció él, y el crujido del metal de su silla indicó que se había movido bruscamente hacia el ventanal — Un hombre atrapado en esta estructura de metal, incapaz de protegerla físicamente si alguien intenta hacerle daño. Le ofrecí un matrimonio bajo un contrato y ahora la expongo a los odios de mi familia
Di dos pasos en falso hacia atrás en mi propio lugar, ahogando un sollozo. Llevé una mano a mi boca para evitar que el sonido de mi respiración me delatara. Escuchar aquellas palabras saliendo de su propia boca me dolía más que cualquier desprecio. Alexei no solo estaba al pendiente de la amenaza implacable de su hermano, estaba librando una batalla profunda contra sus propios demonios, convencido de que su condición lo volvía insuficiente para resguardar mi vida y mi felicidad
Escuché que Ismael se despedía en voz baja y la puerta se abrió del todo. Me aparté hacia el pasillo lateral fingiendo revisar las páginas de mi libro, pero cuando el abogado salió, me miró con una mueca de respeto y lástima que confirmó que sabía perfectamente que yo había escuchado parte de la conversación
— Señorita Emilia — saludó con una leve inclinación de cabeza — El señor Von Krahn está sumamente reflexivo hoy. Le sugeriría que...
— Gracias, Ismael — lo interrumpí con suavidad pero con firmeza — Sé exactamente lo que necesita Alexei
Sin esperar su respuesta, me dirigí directamente al estudio. Al cruzar la puerta, el silencio del estudio fue inmensamente agobiante. Las cortinas no habían sido descubiertas del todo y la única luz provenía de la lámpara de pie junto al escritorio. Alexei estaba de espaldas a la entrada, contemplando el jardín azotado por la lluvia. Su figura, recortada contra el cristal opaco, lucía solemnemente solitaria
— Te dije que no quería interrupciones por hoy, Ismael — dijo sin girarse, con una voz cansada
— No soy Ismael, Alexei — respondí en un murmullo tranquilo, avanzando hacia el centro de la habitación.
Se tensó de inmediato. Escuché cómo apretaba las manos sobre el apoyabrazos antes de girar lentamente la silla. Sus ojos, habitualmente profundos y penetrantes, lucían marcados por la falta de descanso. Había una postura rígida en su rostro, una armadura improvisada que pretendía alejarme antes de que pudiera ver sus temores
— Emilia... no deberías estar aquí — dijo, manteniendo la mirada fija en un punto cercano a mis pies — Tengo varios asuntos que revisar antes de la tarde
— No vine a interrumpir tu trabajo — dije acortando la distancia entre los dos a pesar de la reserva que emanaba de su cuerpo — Vine porque no soporto verte llevar todo ese peso en silencio
Alexei soltó una breve respiración amarga, apartando la vista
— No hay nada que puedas hacer, Emilia. Bruno fue expulsado de la empresa y no parará hasta encontrar la manera de vengarse de mí por haberlo destituido. Esta casa ya no es un lugar completamente pacífico para ti
— Tú no me estás arrastrando a nada — dije con mi voz, firme y sin temblores, deteniéndome justo frente a su silla — Y no me importa lo que Bruno esté planeando desde las sombras. Lo único que me importa es por qué sigues pensando que tienes que protegerte de mí o alejarme para cuidarme
Él levantó la vista al fin y el sentimiento que vi reflejado en sus pupilas me dejó sin aliento. Era una mezcla abrasadora de orgullo herido, sentido del deber y un afecto tan profundo que resultaba abrumador
— ¿Por qué? — preguntó en un susurro grave, alzando una mano temblorosa hacia sus piernas cubiertas por la manta — ¿Realmente me lo preguntas? Mírame, Emilia. Mírame bien. El otro día en el invernadero tropezaste y mi primer instinto fue ponerme de pie para sostenerte. Y no pude. Me quedé inmóvil, mirando cómo caías sin poder hacer nada. ¿Crees que puedo mirarte a los ojos y pretenderme el hombre fuerte que merece estar a tu lado en este matrimonio?
— ¡Alexei, eso fue un simple tropezón! — exclamé, sintiendo que las lágrimas finalmente se agolpaban en mis ojos — Nunca te pedí que fueras un escudo físico. Nunca te pedí que te pusieras de pie para demostrarme nada
— ¡Pero yo necesito protegerte! — dijo, y por primera vez vi la emoción pura romper el dique de su autocontrol — Eres una mujer llena de gracia, de bondad, con toda una vida por delante. No mereces estar encerrada en esta mansión enfrentando las amenazas de un hermano despechado, atada a un hombre que depende de una estructura de metal para desplazarse
Sus palabras cayeron con pesadez sobre el suelo de la habitación. Escuchar cómo dudaba de su propio valor solo por el deseo abrumador de verme a salvo me llegó al alma
Me arrodillé de golpe frente a él, sin importarme que el dobladillo de mi vestido tocara el suelo frío. Coloqué mis manos sobre sus rodillas y me pegué a su cuerpo con una determinación que lo dejó paralizado
— Escúchame bien, Alexei Von Krahn — murmuré, alzando el rostro para obligarlo a mirarme, dejando que viera cada una de las lágrimas que rodaban por mis mejillas — No vuelvas a dudar de ti mismo de esa manera. Si estoy en esta casa no es por las cláusulas de un papel firmado. Estoy aquí porque el hombre que vive en esta silla de ruedas tiene más fuerza, más nobleza y más alma que cualquier otra persona que haya conocido
— Emilia... — suplicó él, y su voz por fin se quebró. Llevó sus manos a las mías, tratando de apartarme con gentileza, pero sus dedos terminaron aferrándose a los míos con una necesidad apremiante
— El día que te conocí vi a un hombre severo — continué, apretando su agarre — Pero en este tiempo he visto al hombre que cuida de su madre, al hombre que me escucha con un respeto absoluto, al hombre que me miró en el invernadero con un amor que aceleró cada latido de mi pecho. No necesito que camines para sostener me, Alexei. Me sostienes cada vez que me abres tu corazón
Un silencio envolvió el estudio. Alexei cerró los ojos con fuerza y una sola lágrima escapó por su mejilla hasta perderse en la línea dura de su mandíbula. Era la primera vez que lo veía llorar, la primera vez que se mostraba vulnerable sin reservas ante mí
Incliné mi cuerpo hacia adelante y posé mis labios sobre su mejilla, recogiendo la tibieza de esa lágrima antes de deslizar la boca hacia la comisura de sus labios. Alexei ahogó un suspiro y rompió la poca distancia que nos separaba, envolviendo mi rostro entre sus grandes manos. El beso fue lento, sincero, cargado de un amor profundo que florecía de manera inevitable entre los dos, una entrega mutua que borraba cualquier rastro de duda o contrato
Cuando se separó apenas unos milímetros de mi boca, su frente quedó apoyada contra la mía. Podía sentir el pulso acelerado de su cuello chocando contra mis dedos
— Tengo miedo, Emilia — confesó en un murmullo que apenas rozó el aire — Tengo miedo de que la venganza de Bruno te alcance, o de no ser capaz de darte la paz que te mereces
— Enfrentaremos a Bruno juntos — prometí, acariciando la piel cálida de su pómulo — Nada de lo que él intente va a cambiar lo que siento por ti
Él no respondió con palabras. Se limitó a estrecharme contra su pecho con una fuerza inmensa, ocultando el rostro en el hueco de mi cuello mientras la lluvia continuaba cayendo afuera
La tarde transcurrió en una serenidad renovada. Me quedé a su lado en el estudio, sentada en la banqueta junto a su escritorio mientras él revisaba algunos asuntos personales. La calidez había regresado a nuestras manos entrelazadas y, por primera vez, el amor entre los dos se sentía firme, correspondido y capaz de crecer aún más en los días por venir
A última hora de la tarde, el teléfono del escritorio sonó. Alexei respondió de inmediato, escuchando con atención la voz de Ismael al otro lado de la línea
📲 — ¿Qué has averiguado? — preguntó Alexei con tranquilidad
📲 — Bruno estuvo averiguando sobre tus movimientos fuera de la mansión — informó Ismael desde el auricular — No tiene aliados dentro de la empresa, pero está buscando un punto débil en tu vida privada para atacar. Debemos reforzar la seguridad de la propiedad
Alexei miró hacia donde yo me encontraba y me dedicó una mirada llena de una protección profunda y consciente
📲 — Haz lo que sea necesario, Ismael — contestó Alexei — Pero no voy a permitir que el rencor de mi hermano arruine lo que estoy construyendo aquí
Colgó el auricular y me extendió su mano. Me acerqué y dejé que me llevara hacia él, sintiendo que nuestro lazo se volvía indestructible. Sabía que Bruno estaría tramando su venganza tras haber sido expulsado de la compañía, pero al contemplar la firmeza en los ojos de Alexei y el amor que compartíamos, tuve la certeza de que los días venideros solo servirían para unirnos aún más.