Él la desea por su pasado. Ella lo busca por su futuro. ¿Podrán escapar de las sombras del pasado? 🖤
Dorian Collins es "El Magnate de los Diamantes" 💸, un CEO millonario, frío y destrozado por la muerte de su amada esposa Anna 🕊️. Para el mundo es indestructible, pero por dentro se consume en la soledad y en un deseo reprimido que no lo deja en paz.
Charlotte Mousier es una valiente obrera del sur de Francia ⚒️. Sin dinero y agobiada por las deudas, lucha por salvar la vida de sus padres enfermos 🏚️. Cuando el corrupto encargado de la mina intenta abusar de ella y la deja en la miseria, Charlotte emprende un viaje desesperado a París para plantarle cara al mismísimo dueño del imperio 🏢.
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Capítulo 21: El Resultado De La Soberbia
Charlotte, en su desesperación, le clavó los dientes a Dorian en el hombro con todas sus fuerzas, haciéndolo sangrar. El magnate dio un grito de dolor y la soltó de golpe.
Aprovechando el segundo, Charlotte intentó salir corriendo de la ducha, pero el piso estaba completamente mojado. Justo al dar el primer paso, resbaló bruscamente y cayó de lado, golpeándose la cabeza con violencia contra el borde del lavamanos antes de quedar tendida en el suelo.
Dorian, al verla caer inerte e inconsciente, sintió que se le detenía el corazón. El pánico borró en un segundo toda la locura que lo dominaba.
—¡Charlotte! —gritó Dorian con desesperación, tirándose al piso para levantarla—. ¡Charlotte, por favor reacciona! ¡Te lo suplico!
La tomó entre sus brazos y, al ver el hilo de sangre que empezaba a mancharle el cabello, la cargó a toda prisa y la llevó hasta la cama. Corrió al clóset, sacó rápidamente una bata y se la puso a Charlotte para cubrirla. Luego, se amarró la toalla a la cintura y abrió la puerta de la habitación de un golpe, gritando fuera de sí hacia el pasillo:
—¡Ayuda! ¡Que alguien suba ya!
Uno de los hombres de seguridad subió corriendo las escaleras.
—¿Qué sucede, señor? —preguntó el escolta al ver a Dorian tan alterado.
—¡Rápido, llama a una ambulancia! —le ordenó Dorian con la voz temblorosa.
—¡Sí, señor, enseguida! —respondió el hombre, sacando su radio de inmediato.
Dorian regresó junto a Charlotte, quien seguía completamente inconsciente sobre la cama. En ese momento entró una de las empleadas a la habitación, asustada por el escándalo.
—Cuídala, no la dejes sola ni un segundo —le exigió Dorian a la mujer.
Salió a toda prisa, corrió a su propia habitación y se vistió en segundos. A los pocos minutos, las sirenas de la ambulancia resonaron en la entrada de la mansión. Los paramédicos subieron con la camilla, atendieron a Charlotte y la trasladaron de urgencia al hospital más cercano, con un Dorian lleno de culpa y miedo siguiéndolos muy de cerca.
Al llegar al hospital, los paramédicos ingresaron a Charlotte de urgencia a la sala de traumatología. El personal médico actuó de inmediato, llevándosela en la camilla hacia los pasillos de acceso restringido para realizarle tomografías y detener la hemorragia del golpe.
Dorian se quedó atrás, atrapado en la fría y desolada sala de espera. Caminaba de un lado a otro como un león enjaulado, pasándose las manos temblorosas por la cara y el cabello desordenado. Tenía la mirada fija en las baldosas blancas del piso, incapaz de mantenerse sentado ni un solo segundo.
Por primera vez en mucho tiempo, la coraza de control e invulnerabilidad que siempre lo rodeaba se rompió por completo. La culpa comenzó a carcomerlo por dentro como un veneno lento. Se miró las manos y sintió un escalofrío al recordar el cuerpo inerte de Charlotte tras la caída y la sangre manchando el piso del baño.
En medio del silencio opresivo del hospital, las palabras que ella le había espetado horas antes retumbaban en su cabeza como un eco ensordecedor: «¿Usted no se da cuenta de que necesita ayuda? No es normal lo que hace... Me da terror, me da miedo».
Se sentía despreciable. Por primera vez enfrentaba la cruda verdad sin sus propios autoengaños: se sentía exactamente como el psicópata y el monstruo que Charlotte le había dicho que era. La obsesión lo había cegado a tal punto que estuvo a nada de destruirlo todo, poniendo en riesgo la vida de la mujer que afirmaba necesitar y dejando a su hija al borde de un trauma irreparable.
—Señor Collins —escuchó de pronto una voz firme a sus espaldas.
Dorian se giró de golpe. El médico de turno salía por las puertas dobles de emergencias, sujetando una carpeta clínica y mirándolo con una expresión seria e interrogante.
Excelentes capítulos, quede sorprendida de como una madre sea capaz de tanto 😲