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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

En la habitación principal, Tania acababa de llegar a casa tras haberse retrasado a propósito. El aroma de la cena flotaba tenuemente desde la cocina, pero su atención estaba fija en el celular. Había grabado la conversación entre Diego y Farah en la habitación contigua, y una sonrisa fina se le dibujó en los labios.

Así que Diego tiene miedo de que los descubra en mi cuarto. Interesante, pensó. Guardó la grabación, consciente de que el temor de Diego era una debilidad que podía explotar.

Se aseó rápidamente y se preparó para bajar al comedor, lista para un nuevo acto de su farsa.

* * *

En el comedor, el ambiente se sentía tenso. Diego, Farah y Doña Carmen ya estaban sentados a la mesa de decoración minimalista. Doña Carmen, ejerciendo su papel de aliada de Tania, observaba a Diego y a Farah con expresión severa.

—Mamá, ¿y Tania? Mejor empecemos a cenar de una vez —insistió Diego, impaciente; el estómago le rugía y no quería alargar el rato cerca de su madre, que siempre encontraba algo que reprocharle.

—¡Ten paciencia, Diego! —replicó Doña Carmen con tono de autoridad—. Tania acaba de llegar, se está arreglando. Espérala un momento y entonces cenamos. Es de mala educación empezar sin la dueña de la casa.

Farah bufó con fastidio, cruzó los brazos sobre el pecho y torció el gesto.

Diego exhaló un suspiro largo y miró a su madre con irritación contenida, pero no se atrevió a contradecirla de nuevo. Sabía que no iba a ceder. Los tres aguardaron en un silencio incómodo, a la espera de Tania.

Se oyeron pasos bajando la escalera. Tania apareció, esta vez con un aspecto radicalmente distinto. No llevaba camisón como Farah aquella vez. Vestía un vestido casual pero con la parte superior descubierta: su cuello elegante y su espalda tersa quedaban a la vista. El escote caía profundo. Llevaba el cabello en ondas sueltas y un maquillaje sutil que, sin embargo, la hacía lucir deslumbrante, irradiando un aura por completo diferente a la habitual.

Al verla, Diego se quedó embobado. Tragó saliva con dificultad, la mirada clavada en la figura de Tania. Doña Carmen sonrió ampliamente, orgullosa de su nuera. Farah, en cambio, al notar cómo Diego la devoraba con los ojos, apretó la mandíbula.

Tania caminó con garbo hasta sentarse junto a Diego; cada movimiento al retirar la silla y acomodarse fue calculado para resultar lo más elegante posible.

—Cariño, ¿por qué me miras así? —preguntó Tania, llevándose deliberadamente la mano al pecho para dirigir la atención de Diego hacia su atuendo. Él, absorto en su apariencia, parecía aturdido y ni siquiera registró que le habían hablado.

—Cariño... —Tania lo sacó de su ensimismamiento.

—Ah, sí, ¿qué pasa, mi amor? —Diego desvió la mirada hacia el rostro de Tania, visiblemente azorado.

—¿Me queda bien este vestido?

—Te queda perfecto, mi amor, perfecto —respondió Diego, la voz ligeramente ronca—. Esta noche estás hermosa y muy sexy, me encanta.

—¿En serio? Gracias por el cumplido —con un gesto grácil, Tania tomó el rostro de Diego entre sus manos y lo besó brevemente en los labios, ahí mismo, delante de Farah y de su suegra. Al presenciarlo, Farah apretó los puños bajo la mesa, la furia a punto de desbordarla.

—Gracias por lo que dijiste, cariño —dijo Tania con una amplia sonrisa, aunque por dentro sentía repulsión al besar al hombre que la había traicionado.

Diego, todavía aturdido por el beso inesperado, se quedó inmóvil. Se rozó los labios con los dedos, ahí donde Tania lo había besado con suavidad. Al ver su expresión embelesada, Farah se enfureció aún más. Bajo la mesa, le clavó un pellizco brutal en el muslo. Diego volvió en sí de golpe.

Tania observó la mueca de dolor en el rostro de Diego por el pellizco de Farah, y una sonrisa de satisfacción le curvó los labios. La cena comenzó, envuelta en una tensión que solo ellos cuatro podían percibir.

A mitad de la comida, Farah, incapaz de soportar la victoria de Tania, soltó con tono venenoso:

—Vaya, resulta que a Tania le gusta contradecirse, ¿no? —la mirada afilada apuntó directo hacia ella.

Tania captó de inmediato la intención, pero fingió no entender, poniéndose su máscara de ingenuidad.

—¿A qué te refieres, Farah?

—Me refiero —replicó Farah, la voz chirriante por la irritación— a que usted fue la que me prohibió vestirme de manera provocativa, ¿y ahora usted hace exactamente lo mismo?

—Ah, eso —contestó Tania con calma, levantando la vista de su plato hacia el rostro enrojecido de Farah—. Esta es mi casa, Farah, aquí puedo hacer lo que me dé la gana. Si quisiera andar desnuda, tampoco habría problema; al fin y al cabo, en esta casa no hay ningún otro hombre más que mi esposo. ¿Verdad, cariño? —lanzó una mirada a Diego exigiéndole confirmación.

Diego, sintiéndose acorralado, balbuceó la respuesta:

—Eh, sí, c-claro, mi amor.

—Además, yo me arreglo así para complacer a mi esposo —prosiguió Tania, la voz serena pero cargada de un significado punzante—. Que me vista así para él es de lo más natural. En cambio, tú, ¿para quién te vestiste así aquella vez? Tú todavía no tienes esposo, Farah, así que no sería para complacer al mío... ¿o sí?

Farah enmudeció. El rostro le ardía al comprender que Tania la había dejado en jaque mate frente a Diego y Doña Carmen. Tania sonrió con aire triunfal: otro punto a su favor.

Volvieron a comer en un silencio opresivo; esta vez no hubo más voces entre ellos, solo el tintineo de los cubiertos chocando contra la porcelana. Farah no abrió la boca de nuevo, el rostro encendido de vergüenza y de una rabia contenida a duras penas.

Con el rabillo del ojo, Tania observó un instante a Diego y a Farah. Él se veía incómodo, lanzando miradas furtivas hacia ella, mientras Farah mantenía la vista fija en su plato, rehuyendo todo contacto visual. Tania esbozó una sonrisa tenue, una sonrisa plena de victoria. La pequeña batalla en la mesa de aquella noche la había ganado con elegancia.

* * *

Terminada la cena, Tania se puso de pie y, como de costumbre, quiso ayudar a Doña Carmen a levantar la mesa. Pero su suegra se lo impidió de inmediato.

—Déjalo, Tania —dijo Doña Carmen con dulzura—. Tú y Diego vayan a descansar, deben estar agotados después del trabajo. Farah y yo nos encargamos de recoger todo.

Diego, que desde hacía rato no podía apartar los ojos de Tania ni dominar el deseo que le despertaba su apariencia, sonrió satisfecho al oír la propuesta de su madre. Le rodeó la cintura a Tania con gesto posesivo.

—Gracias, mamá —respondió Diego en tono mimado, rebosante de complacencia—. De verdad estamos muertos de cansancio. Entonces nos adelantamos a descansar.

Abrazó a Tania y la guio fuera del comedor, olvidándose por completo de Farah, que se quedó de pie, petrificada. Farah les clavó una mirada furibunda a sus espaldas, sintiéndose traicionada y relegada. En ese mismo instante, Tania giró la cabeza justo antes de que Diego la llevara hacia la escalera y le dedicó a Farah una sonrisa burlona: una sonrisa fría, triunfal y cargada de significado.

Farah apretó ambos puños.

Continuará...

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