Liam se durmió leyendo una novela de intrigas de palacio... y despertó dentro de una. Ahora es el consorte varón de un imperio de dragones: hermoso, despreciado y —según el guion original— condenado a morir envenenado antes de que termine el primer tomo. Su plan es simple: sobrevivir, mantener la boca cerrada y huir en cuanto pueda.
Hay un pequeño problema. El Emperador Feng Mian, el tirano más frío y temido de la dinastía, puede oír cada uno de sus pensamientos.
Y Liam piensa MUCHO. Que si el Emperador está buenísimo. Que si será impotente. Que qué hace un "témpano andante" como él acercándose tanto. Feng Mian nunca había querido tanto arrancarle la lengua a alguien... ni besarlo para que se callara.
Entre banquetes envenenados, concubinas víboras, conspiraciones por el trono y una marca dorada que cambiará su destino, Liam descubrirá que conocer el final de la historia no sirve de nada cuando el protagonista empieza a reescribir el guion solo para quedarse con él.
NovelToon tiene autorización de biely para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
2
Aquella noche, el Palacio de la Luna Serena estaba más silencioso que de costumbre. Liam, ajeno al verdadero motivo de la retirada catastrófica del Emperador, saboreaba una sopa de nidos de golondrina que las criadas le habían traído.
Por lo menos la comida de consorte rechazado es de primera, pensó Liam, limpiándose la comisura de los labios con un pañuelo de seda. El tipo será impotente y temperamental, pero el presupuesto de la cocina está al día.
A kilómetros de distancia, en el Palacio Imperial Central, el Emperador Feng Mian dejó caer los informes de guerra sobre la mesa de jacarandá. Se masajeó las sienes. La voz de Liam había desaparecido de su mente en cuanto cruzó los portones del jardín este, lo que significaba que el alcance de aquella rareza tenía un límite territorial.
—Majestad. —El eunuco jefe, Gao, se acercó con pasos de gato—. El General Yuan, padre del Consorte Liam, ya se encuentra en la capital para la audiencia de mañana. ¿Desea que cambiemos el orden del día?
Feng Mian alzó los ojos, fríos. El General Yuan era un pilar del ejército, pero su lealtad siempre había sido una incógnita. La noche anterior, la voz en la mente del Emperador había dicho que, si confiaba en aquel general, sería traicionado.
E, irónicamente, la voz pertenecía al propio hijo del general.
—Mantén la audiencia —decretó el Emperador, con voz cortante—. Y prepara el estrado. Quiero que todos los consortes asistan mañana por la noche al banquete de recepción. Incluido el Consorte Liam.
El eunuco Gao casi tropezó con sus propios mantos.
—El... ¿el Consorte Liam, Majestad? Pero si no lo invitan a un banquete oficial desde...
—¿Acaso tartamudeé, Gao?
—¡N-no, Majestad! ¡Lo dispondré de inmediato!
Al día siguiente, la noticia de que Liam asistiría al banquete corrió por el harén como fuego en pasto seco.
Las dos criadas entraron en la habitación de Liam cargando cajas de laca con mantos de gala. Sus rostros mostraban una mezcla de emoción y puro terror.
—¡Consorte! ¡El Emperador ordenó su presencia en el banquete del General Yuan! —anunció la criada más joven.
Liam, que intentaba hacer posturas de yoga para estirar el cuerpo nuevo, casi se cae de cabeza al suelo.
—¡¿Qué?! —Liam se acomodó las vestiduras—. ¡Pero qué infierno! ¡El libro decía que el Liam original solo veía al Emperador tres veces al año, y siempre de lejos! ¿Por qué esta plaga me está arrastrando al medio de los leones?
Mientras las criadas lo vestían con capas de seda azul celeste y le recogían la larga cabellera negra con una hebilla de jade blanco, la mente de Liam trabajaba a mil por hora.
Piensa, Liam. El banquete del General Yuan... En el libro, ese banquete es el principio del fin. Es cuando la Concubina Mei se las arregla para que pongan en la mesa del Emperador una copa de vino con veneno de acción lenta, y la culpa cae directo sobre Liam porque su padre es el general homenajeado. Si voy, ¡puedo terminar ejecutado antes de tiempo!
Miró al espejo. El traje azul realzaba sus ojos dorados de una forma que lo hacía parecer una divinidad celestial.
Bueno, si voy al matadero, al menos voy hermoso. Si el Emperador intenta decapitarme, le regalo un primer plano dramático.
El Gran Salón de la Armonía estaba deslumbrante. Ministros, generales y las concubinas del harén ocupaban sus respectivas mesas dispuestas a los lados, dejando libre el corredor central para la alfombra roja que llevaba al trono dorado.
Cuando el eunuco anunció:
—¡El Consorte Liam, del Palacio de la Luna Serena!
...el salón entero enmudeció.
Liam entró con pasos medidos, tratando de recordar las reglas de etiqueta que había leído en la memoria del cuerpo. Mantuvo el rostro sereno, los ojos dorados fijos al frente.
A medida que avanzaba, empezaron los cuchicheos.
—¿Se atrevió a venir?
—Miren cómo va vestido... ¿está intentando seducir a Su Majestad después de meses de desprecio?
—Qué chiste. El Emperador ni lo va a mirar.
Liam se sentó en la mesa que le habían asignado, relativamente cerca del trono. Levantó la vista y se topó con la mirada de Feng Mian. El Emperador vestía un pesado manto imperial, rojo y dorado, y su expresión era una máscara de hielo.
En el momento en que los ojos de Feng Mian se posaron en Liam, la "transmisión" comenzó en la mente del monarca.
Vaya, hoy se puso más oro en la cabeza, resonó la voz de Liam en la mente del Emperador, ligera y despreocupada. Debe darle un dolor de cuello del demonio. Pero admito que el look de tirano opresor le queda bien. Una lástima que no funcione donde de verdad debería.
El Emperador apretó el asa de su copa de bronce con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. ¿Me llamó impotente otra vez?
Junto al Emperador, la Concubina Mei —una mujer de belleza felina y atuendos extravagantes— notó la tensión del soberano. Sonrió con falsedad y le hizo una seña a uno de los sirvientes que servían el vino.
Espera..., los pensamientos de Liam cambiaron de tono de repente, volviéndose alertas. El Emperador, que estaba a punto de mandar arrestar a Liam por su insolencia mental, se detuvo a prestar atención.
Ese sirviente de ahí... tiene la manga ligeramente manchada de polvo gris. ¡El libro lo mencionaba! El veneno "Aliento de la Serpiente" deja un residuo grisáceo si no se limpia bien. ¡Ahora va a servir la copa del Emperador!
Feng Mian entornó los ojos. Observó al sirviente acercarse con la jarra de vino de plata.
¡Carajo, el eunuco va a servir! Si el Emperador bebe, muere en tres días ¡y a mí me ahorcan en la plaza pública! ¡Haz algo, Emperador bipolar! ¡No te tomes esa porquería!, el grito mental de Liam fue tan fuerte que Feng Mian casi se lleva la mano al oído.
El sirviente se inclinó, alzando la jarra para llenar la copa de oro del Emperador.
—Majestad, permítame servirle el mejor vino de la provincia del sur... —dijo el sirviente, tembloroso.
Feng Mian miró la copa y luego alzó la vista hacia Liam. El consorte mantenía una expresión perfectamente serena y sumisa, pero en su mente...
¡Va a beber! ¡Va a beber! Dios mío, ¡voy a morir de rebote por culpa de este eunuco terco! ¡Que alguien detenga a este hombre!
Con un movimiento lento y deliberado, Feng Mian extendió la mano, pero en vez de tomar su propia copa, apuntó directamente a Liam.
—Consorte Liam. —La voz del Emperador resonó por el salón, haciendo que la Concubina Mei palideciera con disimulo—. Hoy te noto distante. Como esta noche honramos a tu padre, el General, considero justo que recibas los mayores honores.
El Emperador tomó la jarra de plata de la mano del sirviente asustado.
—Lleven esta jarra hasta el Consorte Liam. Quiero que beba del mismo vino que yo.
El salón contuvo la respiración. Beber del vino servido por el propio Emperador era un honor inimaginable para un consorte rechazado.
Pero para Liam, aquello equivalía a una sentencia de muerte inmediata.
Incapaz de contener el sobresalto, el rostro de Liam vaciló por una milésima de segundo, mientras su mente estallaba en puro desespero dentro de la cabeza del Emperador:
¡¿QUÉ?! ¡¿QUIERE ENVENENARME?! ¡DESGRACIADO IMPOTENTE, ¿QUIERES MATARME ANTES DE TIEMPO?!