NovelToon NovelToon
LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

no soy una de tus muñecas

Valentina despertó antes de que sonara la alarma.

Durante unos segundos permaneció acostada, mirando el techo de aquella enorme habitación.

Entonces recordó dónde estaba.

La mansión Ferrer.

El contrato.

Damián.

—Solo seis meses —murmuró.

Se levantó de la cama y se dirigió al baño.

Después de ducharse, eligió un pantalón de vestir negro y una blusa sencilla. Se recogió el cabello y se miró al espejo.

Había algo diferente en sus ojos.

Quizás era determinación.

O quizás miedo.

Pero no iba a permitir que aquel hombre la intimidara.

Salió de la habitación y caminó por el pasillo.

Al llegar al comedor, encontró una mesa enorme cubierta de comida.

Huevos, frutas, pan, café y jugos.

Valentina se quedó mirando.

—¿Todo esto es para mí?

Una empleada que estaba sirviendo el desayuno sonrió.

—El señor Ferrer ordenó que desayunara antes de comenzar a trabajar.

Valentina se sentó.

—No estoy acostumbrada a tanta comida.

—Puede comer lo que quiera.

Valentina tomó un poco de fruta.

No había terminado de desayunar cuando escuchó pasos.

Damián entró al comedor.

Llevaba un traje oscuro perfectamente ajustado.

Su expresión era seria.

—Buenos días.

Valentina levantó la mirada.

—Buenos días.

Damián tomó asiento frente a ella.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

—¿Te gusta la habitación?

—Es demasiado grande.

—Te acostumbrarás.

Valentina dejó el tenedor sobre el plato.

—No quiero acostumbrarme.

Damián la miró.

—¿Por qué?

—Porque esto no es mi vida.

Él tomó su café.

—Ahora sí.

—No.

Damián levantó la mirada.

—¿No?

—Firmé un contrato para trabajar para usted. No para convertirme en alguien diferente.

Damián permaneció en silencio.

—Interesante —dijo finalmente.

—¿Qué?

—La mayoría de las personas haría cualquier cosa por vivir en una casa como esta.

—Yo no soy la mayoría.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Damián.

—Eso ya lo sé.

Después del desayuno, Damián llevó a Valentina a su oficina.

Sobre el escritorio había una computadora, varios documentos y una agenda.

—Estas serán tus funciones.

Valentina tomó la carpeta.

—Organizar mi agenda, acompañarme a algunas reuniones, revisar documentos y responder llamadas.

—Parece sencillo.

—Lo es.

Valentina comenzó a revisar los papeles.

—¿Y qué clase de reuniones son?

Damián la miró.

—Reuniones de negocios.

—¿Legales?

Silencio.

Valentina levantó la mirada.

—¿Qué?

—No hagas preguntas innecesarias.

Ella cerró la carpeta.

—Entonces no puedo hacer bien mi trabajo.

—No necesitas conocer todos mis negocios.

—Necesito saber qué estoy haciendo.

Damián se levantó.

—Tu trabajo es obedecer instrucciones.

Valentina frunció el ceño.

—No.

Damián se detuvo.

—¿No?

—Puedo trabajar para usted, pero no soy una esclava.

La mirada de Damián se endureció.

—Cuida tus palabras.

—Estoy cuidándolas.

—Parece que no sabes con quién estás hablando.

Valentina se levantó.

—Sé perfectamente con quién estoy hablando.

Damián caminó lentamente hacia ella.

—Entonces deberías saber que nadie me contradice.

—Quizás por eso todos le tienen miedo.

Él se quedó frente a ella.

—¿Y tú no?

Valentina tragó saliva.

Claro que tenía miedo.

Pero no quería que él lo supiera.

—No lo suficiente.

Damián la observó durante unos segundos.

Después sonrió.

—Eres valiente.

—O estoy loca.

—Probablemente ambas.

Por primera vez, Valentina vio algo diferente en sus ojos.

Diversión.

—Ahora siéntate —ordenó él.

—No me dé órdenes.

—Es literalmente mi trabajo darte órdenes.

—Y el mío decidir si las sigo.

Damián soltó una pequeña risa.

—Esto será interesante.

Las horas siguientes fueron tranquilas.

Valentina organizó la agenda de Damián, respondió algunas llamadas y revisó documentos.

Poco a poco comenzó a comprender por qué él necesitaba una asistente.

Tenía reuniones prácticamente todo el día.

A las doce del mediodía, Valentina recibió una llamada.

—¿Sí?

—¿Valentina Morales?

—Sí.

—Soy Mateo.

Ella sonrió.

—¿Qué pasa?

—Quería saber cómo estás.

—Bien.

—¿Estás segura?

Valentina miró hacia la puerta del despacho.

—Sí.

—¿Damián está contigo?

—No.

Mateo guardó silencio.

—Vale...

—¿Qué?

—Hay algo que no te conté.

Valentina se puso seria.

—¿Qué cosa?

Antes de que Mateo pudiera responder, la puerta se abrió.

Damián entró.

Valentina se levantó.

—Tengo que colgar.

—Espera—

La llamada terminó.

Damián la miró.

—¿Problemas?

—Era mi hermano.

—¿Qué quería?

—Saber cómo estaba.

Damián se acercó.

—¿Te dijo algo importante?

Valentina frunció el ceño.

—¿Por qué tendría que contárselo?

—Porque cualquier información relacionada contigo puede ser importante.

—No todo gira alrededor de su mundo.

Damián la observó.

—En mi mundo, las personas que me rodean pueden convertirse en objetivos.

Valentina se quedó quieta.

—¿Qué quiere decir?

—Que ahora eres parte de mi entorno.

—Solo soy su empleada.

—Eso no significa que estés a salvo.

Un escalofrío recorrió su cuerpo.

—¿Hay alguien que quiera hacerme daño?

Damián no respondió.

Eso fue suficiente.

Por la tarde, Damián tuvo una reunión fuera de la mansión.

Valentina recibió instrucciones de acompañarlo.

Subieron al automóvil.

Ella se sentó en el asiento trasero junto a él.

Durante varios minutos ninguno habló.

Finalmente, Valentina preguntó:

—¿Adónde vamos?

—A una reunión.

—¿Con quién?

Damián la miró.

—Con algunas personas.

—Eso no responde mi pregunta.

—No necesitas saberlo.

Valentina suspiró.

—Otra vez con lo mismo.

Damián sonrió ligeramente.

—Te estás acostumbrando a mí.

—No se emocione.

El automóvil se detuvo frente a un restaurante elegante.

Damián bajó primero.

Valentina lo siguió.

Antes de entrar, él tomó su brazo.

—Quédate cerca de mí.

Ella lo miró.

—Puedo caminar sola.

—No estoy preguntando.

Valentina se soltó.

—Y yo no soy una de sus muñecas.

Damián se quedó mirándola.

—Nunca dije que lo fueras.

—Entonces deje de tratarme como si necesitara que me controle.

Él se acercó.

—No intento controlarte.

—¿Entonces qué hace?

Damián bajó la voz.

—Intento protegerte.

Valentina no respondió.

Entraron al restaurante.

Un grupo de hombres esperaba en una mesa privada.

Todos se levantaron al ver a Damián.

Uno de ellos miró a Valentina y sonrió.

—¿Y ella quién es?

Damián respondió sin apartar la mirada de Valentina.

—Mi asistente.

El hombre sonrió.

—Bonita asistente.

Valentina agradeció el comentario con una sonrisa educada.

Pero Damián no pareció compartir su entusiasmo.

—Empecemos la reunión.

Durante los siguientes minutos hablaron de negocios.

Valentina no entendía la mayoría de las cosas.

Hasta que escuchó algo que la hizo prestar atención.

—El cargamento llegará el viernes —dijo uno de los hombres.

Damián lo miró.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

Valentina sintió un nudo en el estómago.

Recordó lo que Mateo le había contado.

Transporte de mercancía.

No podía ser una coincidencia.

Uno de los hombres golpeó la mesa.

—Si Ferrer quiere retrasarlo, tendrá problemas.

Damián se puso de pie.

—La reunión terminó.

Todos guardaron silencio.

Salieron del restaurante.

En el automóvil, Valentina permaneció callada.

Damián la miró.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—Estás pensando demasiado.

—Escuché la conversación.

—Lo sé.

—¿Qué tipo de mercancía era?

Damián no respondió.

—Damián.

—No vuelvas a preguntarme.

Valentina respiró profundamente.

—Entonces no me lleve a reuniones donde se hablan cosas así.

Damián la miró fijamente.

—¿Estás asustada?

—Sí.

La respuesta sincera pareció sorprenderlo.

—Pero no voy a salir corriendo.

Damián permaneció en silencio.

Valentina miró por la ventana.

—Firmé un contrato con usted.

—Sí.

—Y voy a cumplirlo.

Damián observó su rostro.

No sabía por qué aquella mujer le provocaba una sensación que no podía explicar.

Era diferente a todas.

Y eso empezaba a preocuparlo.

Cuando regresaron a la mansión, Valentina recibió un mensaje de un número desconocido.

“No sabes con quién estás viviendo.”

Frunció el ceño.

Antes de poder responder, llegó otro.

“Si quieres proteger a tu hermano, aléjate de Damián Ferrer.”

Valentina sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.

Miró hacia el pasillo.

Damián estaba hablando con uno de sus hombres.

Ella guardó rápidamente el teléfono.

No quería que él lo viera.

Pero no sabía que, desde el otro extremo del pasillo, alguien había observado toda la escena.

Isabella.

Y en sus labios apareció una sonrisa.

—Perfecto —murmuró.

Ahora tenía una manera de hacer que Valentina desconfiara de Damián.

Y pensaba utilizarla.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play