Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Mansión Belmont 1
Así fueron pasando los días.
Circe se había acostumbrado a la rutina del ducado.
Entrenamiento por las mañanas.
Trabajo durante el día.
Reuniones.
Estudios.
Y, entre todo aquello, Adrian se las arreglaba para encontrar algún momento en el que pudieran molestarse mutuamente con una sonrisa.
Hasta que una tarde, mientras revisaban unos documentos, Adrian cerró una carpeta.
—Circe.
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
—Necesito que me acompañe a una boda.
Circe arqueó una ceja.
—¿A una boda?
—Sí.
Ella lo miró con curiosidad.
—¿Como su consejera?
—No.
Adrian se levantó y caminó hasta donde estaba ella.
—Ni como maga.
Circe sonrió lentamente.
—Entonces, ¿cómo?
Adrian se detuvo frente a ella.
—Como Circe.
Ella levantó una ceja.
—¿Como Circe?
—Exactamente.
Circe fingió pensarlo.
Después sonrió de manera coqueta.
—¿Como una cita?
Adrian sostuvo su mirada.
—Así es.
Ella sintió una pequeña emoción recorrerle el pecho.
Pero no dejó que se notara demasiado.
—Entonces...
Hizo una pausa deliberada.
—Acepto.
Adrian sonrió.
—Perfecto.
—¿Y cuándo es?
—En tres días.
Circe abrió los ojos.
—¿Tres días?
—Sí.
—¿Y qué voy a ponerme?
Adrian respondió tranquilamente..
—Ya mandé a hacer su vestido.
Circe se quedó mirándolo.
—¿Qué?
Adrian sonrió.
—Su vestido ya está encargado.
—¿Y cuándo pensaba preguntarme?
—No pensaba hacerlo.
Circe cruzó los brazos.
—¿Y cómo sabe mis medidas?
La sonrisa del duque se volvió ladina.
—Envié uno de sus vestidos.
Circe lo miró fijamente.
Después soltó una pequeña risa.
—¿Usted hizo eso?
—Sí.
[Qué hombre.]
—¿Y de qué color es?
Adrian la miró como si la respuesta fuera evidente.
—Naranja.
Circe parpadeó.
—¿Naranja?
—Sí.
Ella sonrió.
—¿Como los colores de la casa Vanderbilt?
—Exactamente.
Circe negó con la cabeza.
—Entonces mandó a hacerme un vestido con los colores de su casa antes de preguntarme.
—Sí.
Ella lo observó durante unos segundos.
Y no pudo evitar que aquella decisión le gustara.
[Es un hombre que resuelve.]
[Además, sabe lo que quiere.]
[Definitivamente me gusta.]
—Está bien. Quiero verlo.
Dos días después, el vestido llegó.
Circe quedó impresionada.
Era, sin duda, el vestido más lujoso que había utilizado desde que había despertado en aquel mundo.
La tela era fina y elegante.
El diseño era sofisticado.
Y el tono naranja coincidía perfectamente con los colores Vanderbilt.
Una de las doncellas ayudó a Circe a probárselo.
Cuando terminó, se miró frente al espejo.
—Es hermoso.
La doncella sonrió.
—La tienda pertenece a la condesa Dempster.
Circe acarició suavemente la tela.
[Así que además eligió una casa de modas importante.]
[Definitivamente Adrian no hace las cosas a medias.]
Cuando finalmente salió, Adrian la estaba esperando.
Al verla, se quedó en silencio unos segundos.
Circe sonrió.
—¿Qué?
Él finalmente reaccionó.
—Le combinan muy bien esos colores.
Ella hizo una pequeña reverencia.
—¿Solo eso?
Adrian sonrió.
—Se ve preciosa.
Circe sintió una pequeña satisfacción.
—Mucho mejor.
En el carruaje, el ambiente fue todavía más entretenido.
Ninguno de los dos quería comportarse como si aquello fuera una cita demasiado evidente.
Así que comenzaron hablando tranquilamente.
Pero poco a poco aparecieron las pequeñas provocaciones.
Una mano que rozaba la otra.
Una mirada.
Una sonrisa.
Adrian acomodando discretamente un mechón de cabello de Circe.
Circe apoyándose un poco más cerca de él.
Nada exagerado.
Nada que pudiera considerarse demasiado atrevido.
Pero ambos sabían perfectamente lo que estaba ocurriendo.
[Esto definitivamente es una cita.]
Finalmente llegaron a los terrenos del conde Belmont.
Circe bajó del carruaje junto a Adrian.
No conocía personalmente a los novios.
Pero cuando vio a la novia, tuvo que reconocer que era hermosa.
Su cabello color lavanda destacaba incluso entre los numerosos invitados.
Circe la observó unos segundos.
[Es preciosa.]
Después miró al novio.
El conde Belmont tenía una expresión bastante seria.
Demasiado seria para alguien que iba a casarse.
Circe frunció ligeramente los labios.
[Qué pesado.]
[Al menos podría sonreír un poco.]
Adrian la escuchó murmurar.
—¿Qué piensa?
Circe respondió inocentemente:
—Nada.
Él sonrió.
[Definitivamente estaba pensando algo.]
Durante el banquete, Adrian se encargó personalmente de presentarla.
—Permítanme presentarles a mi acompañante.
Hizo una pequeña pausa.
—La hermosa maga Circe.
Ella sonrió con elegancia y saludó a los invitados.
—Es un placer conocerlos.
Su comportamiento era impecable.
Educado.
Sereno.
Muy diferente a la mujer que Adrian conocía en privado.
Sin embargo, el duque permaneció cerca de ella durante prácticamente toda la velada.
Demasiado cerca para ser casualidad.
Uno de sus amigos finalmente lo notó.
Miró el vestido de Circe y después a Adrian.
Sonrió con complicidad.
—Veo que ya utiliza los colores Vanderbilt.
Adrian miró a Circe.
Después respondió con absoluta tranquilidad..
—Espero que pueda utilizarlos durante mucho tiempo.
Sus amigos se miraron.
Después sonrieron.
Uno incluso soltó una pequeña risa.
Circe había escuchado perfectamente.
Y tuvo que contenerse para no reír.
[¿Durante mucho tiempo?]
Lo miró de reojo.
Adrian parecía completamente tranquilo.
Como si acabara de decir la cosa más normal del mundo.
Circe tuvo que bajar la mirada para esconder su sonrisa.
[Este hombre realmente no tiene remedio.]
Adrian se inclinó ligeramente hacia ella.
—¿Qué ocurre?
Circe negó con la cabeza.
—Nada.
—Está sonriendo.
—Porque estoy disfrutando la boda.
Adrian arqueó una ceja.
—Claro.
Ella lo miró.
—¿Qué?
—Nada.
Circe sonrió.
Y continuaron la velada.
Entre música, conversaciones y brindis, los dos permanecieron juntos.
Y aunque oficialmente aquella noche Circe era simplemente la acompañante del duque Vanderbilt...
Para ambos estaba bastante claro que aquello se parecía cada vez menos a una simple invitación social.
Era una cita.
Y los dos estaban disfrutando demasiado de ella.