Camila lo tenía todo y usó su crueldad para doblegar a Máximiliano, un becado que se negaba a rendirse ante su vanidad.
Años después, la vida los reencuentra en la empresa de su padre, donde él trabaja y ha ganado posición, mientras ella carga con la culpa y un secreto explosivo que él desconoce.
Atrapados entre el rencor del pasado, el dolor y una atracción ineludible, ambos descubrirán que el deseo puede ser tan peligroso como la venganza.
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Capítulo 17: Voces en el pasillo
^^^(Narrado por Camila)^^^
El timbre del primer receso sonó como un latigazo metálico que recorrió los pasillos del Saint Mary’s Academy, arrancando murmullos y risas ahogadas de los grupos que comenzaron a vaciar las aulas. Yo me quedé sentada en mi pupitre del fondo, con los dedos aferrados al borde de la libreta de apuntes, sintiendo que el aire dentro del salón se volvía cada vez más irrespirable.
Desde la noche desastrosa en la quinta, mi vida se había convertido en un simulacro insostenible. Cada vez que miraba a Mateo cruzando el patio con su chamarra de los felinos, una náusea helada me subía por la garganta, recordándome la brutalidad de su dominio y la forma en que había destrozado lo poco que quedaba de mi dignidad. Pero lo que más me aterraba no era él; era la sombra de Máximiliano. La nota que le había deslizado en el casillero aquella mañana era un grito desesperado, un aviso absurdo para que se alejara de mí antes de que mi propio desastre terminara por arrastrarlo también.
—¿Vienes a la cafetería, Camila? Vanessa y los demás están apartando mesa cerca de la fuente —la voz de una de las compañeras del grupo me sacó de golpe de mis pensamientos.
Levanté la vista con lentitud, obligando a mis labios a estirarse en una mueca que intentaba pasar por sonrisa.
—Vayan ustedes, chicas. Tengo que entregar unos libros en la biblioteca y prefiero terminar antes de la siguiente clase —mentí con una soltura que ya me daba náuseas.
—Como quieras, pero no tardes demasiado. Mateo anda de un genio insoportable hoy y pregunta por ti a cada rato —añadió ella antes de darse la vuelta y unirse al bullicio que salía por la puerta.
Me quedé sola en el aula vacía. El silencio que quedó tras su partida se sintió pesado, casi sepulcral. Me puse de pie con las piernas temblorosas, dispuesta a cumplir con mi propia mentira y refugiarme en los pasillos menos concurridos de la planta alta. Sin embargo, al cruzar el dintel de la puerta y doblar hacia el corredor secundario que conectaba con los casilleros de ciencias, el corazón me dio un vuelco tan violento que por poco me detengo en seco.
Allí estaba él.
Máximiliano se encontraba de espaldas a mí, recargado contra la pared de ladrillo visto, sosteniendo entre los dedos la nota que le había escrito esa mañana. Su mandíbula estaba tensa, marcada por una rabia contenida que parecía irradiar calor a través de su ropa oscura. Al escuchar el leve crujido de mis zapatos contra el suelo encerado, giró la cabeza con brusquedad.
Nuestras miradas chocaron en medio del pasillo desierto. No hubo saludos, ni burlas, ni la distancia prudente que habíamos intentado mantener durante meses. La tensión acumulada estalló en el aire con la fuerza de una tormenta contenida.
—¿Qué significa esto, Camila? —su voz sonó baja, áspera, cortante como el filo de un cuchillo, mientras alzaba ligeramente el papel arrugado entre sus dedos—. ¿De qué monstruos me estás hablando? ¿Qué es lo que estás diciendo?
Me quedé paralizada, con la espalda pegada a la pared de enfrente, sintiendo que el suelo se me hundía bajo los pies mientras las palabras se me ahogaban en la garganta.
Se gradúan de la secundaria como a los 17.
En el tercero año de la universidad van a la fiesta osea de 20 años y sale panzona la Camila, más los 9 meses de panza son 21 años. Retoma la universidad y sale de 23 años. Llega a la oficina. Osea el niño anda de 2 años para 3 y ellos sobre los 24 años.
Algo así 👀👀👀👀👀
Como le va a decir bastarfo al nieto