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En El Corazón De Un Tirano

En El Corazón De Un Tirano

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:12.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Rebelde, inteligente y apasionada. Emma de la Rivera nunca ha permitido que nadie controle su destino. Pero cuando Damián Thorne se cruza en su camino, el choque de dos voluntades inquebrantables se vuelve inevitable. Él está acostumbrado a dominarlo todo; ella, a no doblegarse ante nadie. ¿Podrá Damián domar el espíritu de Emma, o terminará cayendo en su propia trampa?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo X La duda

Emma fijó la vista en la mano de Damián sujetando su muñeca. La piel le quemaba por el contacto, pero las palabras crueles de Guillermo resonaban en su cabeza como un eco infernal:

«Acompáñalo a donde le dé la gana... complácelo. Que te acuestes con uno más no va a arruinar tu reputación».

El asco y la impotencia se le agolparon en la garganta. La sola idea de que Damián pudiera pensar que ella estaba ahí para entretenerlo o venderse le resultaba insoportable.

—Suélteme, por favor —dijo Emma en un susurro helado, dando un tirón firme para liberarse de su agarre—. No necesito que me lleve a ninguna parte. Tomaré un taxi.

Damián la observó con los ojos entrecerrados. La repentina distancia defensiva de la joven, el tono dolido y la rigidez de su cuerpo no encajaban con la mujer brillante y segura que acababa de aplastar a Don Mauricio en la mesa de negociación.

—Es casi medianoche, Emma. No voy a dejar que andes sola por la ciudad a estas horas —ordenó Damián con frialdad, haciendo una seña a su chofer para que acercara la camioneta a la acera.

—Le dije que NO —insistió ella, alzando la voz con una desesperación que no pudo contener. Sus ojos grises, de pronto cristalinos por las lágrimas reprimidas, clavaron una mirada llena de rabia sobre él—. Sé cuidarme sola. Ya cumplí con la cena, ya salvé su contrato y ya terminé mi jornada. Déjeme en paz.

Damián se quedó inmóvil un segundo, desconcertado por la intensidad del rechazo. Sin embargo, su instinto dominante y su costumbre de no recibir un "no" por respuesta se impusieron de inmediato. Acortó la distancia entre ambos, acorralándola sutilmente contra el costado del vehículo antes de que pudiera dar un paso hacia la calle.

—No te estaba pidiendo permiso, pequeña De la Rivera —murmuró con voz grave y autoritaria, abriendo la portezuela trasera—. Sube al auto. Te voy a llevar a tu casa y no se hable más del asunto.

Emma apretó los dientes, sintiendo que la rabia se mezclaba con la humillante certeza de que no tenía fuerzas para luchar contra la voluntad de ese hombre en plena vía pública. Con la mandíbula rígida y la mirada perdida, subió al vehículo y se pegó lo más posible a la ventanilla opuesta.

Damián subió tras ella y la camioneta avanzó por las avenidas iluminadas de la ciudad.

El trayecto transcurrió en un silencio denso, casi asfixiante. Emma mantenía la mirada fija en los cristales ahumados, conteniendo la respiración cada vez que sentía el aroma al perfume de Damián llenar el espacio. Por su mente cruzaba la dolorosa realidad que la esperaba en casa: tener que cruzar la puerta de la mansión y ver la cara de un padre que la consideraba una simple moneda de cambio.

Damián la observaba de reojo. Acostumbrado a leer a las personas, la tensión en los hombros de Emma y la forma en que apretaba las manos en su regazo le parecieron extrañas. No era la actitud de una heredera malcriada enfadada por un berrinche; era la postura de alguien golpeado, alguien que se siente acorralado por el mundo entero.

Cuando la imponente camioneta finalmente se detuvo frente a los portones de hierro de la mansión De la Rivera, Emma no esperó ni medio segundo.

Accionó la manija de la puerta para bajar de inmediato, pero la voz de Damián la detuvo en seco justo antes de poner un pie afuera.

—Mañana te quiero a las ocho en punto en mi oficina —dijo él, con un tono firme pero extrañamente sobrio, sin quitarle los ojos de encima—. Y Emma... hoy hiciste un trabajo impecable.

Emma se congeló un instante al escuchar el reconocimiento en su voz. Sin volverse a mirarlo, se limitó a enderezar la espalda, bajó del auto y caminó hacia la entrada de su casa, llevando consigo el peso de una batalla que apenas comenzaba.

Al cruzar el umbral de la mansión, Emma suspiró con alivio al comprobar que ni su padre ni ninguna de las dos arpías estaban en la sala. Lo único que deseaba era llegar a su habitación, cerrar la puerta con llave y dejar que las lágrimas fluyeran en silencio.

Mientras tanto, en el asiento trasero de su camioneta, Damián sacó el teléfono y marcó un número de marcado rápido.

—Jefe, ¿pasó algo? —preguntó Diego al contestar, mirando la hora en su reloj. Era casi la una de la madrugada.

—Quiero que investigues absolutamente todo sobre Emma de la Rivera —ordenó Damián con una voz helada que no admitía objeciones.

—¿Para cuándo necesita el reporte, señor? —preguntó Diego, confundido por la repentina urgencia.

—Para ayer —sentenció Damián antes de cortar la llamada.

Algo no le cuadraba en toda esa ecuación. Si Emma era la mujer astuta, ambiciosa e interesada que todos en la alta sociedad aseguraban que era... ¿por qué no había intentado acercarse a él? Había tenido múltiples oportunidades para seducirlo o sacarle provecho a su posición, y en cambio, cada segundo a su lado ella solo buscaba poner distancia, defender su dignidad o huir.

Sin darle más vueltas al asunto pero con una espina clavada en el pecho, ordenó a su chofer que lo llevara a su penthouse.

Al otro lado de la ciudad, Diego se levantó de la cama con extrema cautela para no despertar a la mujer que dormía a su lado. Caminó en silencio hasta su estudio, encendió la computadora portátil y comenzó a rastrear los archivos de la hija menor de Guillermo de la Rivera.

En las redes sociales y los foros de la alta sociedad, Samantha era retratada como la hija perfecta y abnegada. De Emma, en cambio, casi no había información oficial; pero los pocos rumores que circulaban eran devastadores, tildándola de rebelde, conflictiva e inestable.

Diego se frotó los ojos enrojecidos por el desvelo. La madrugada avanzaba rápidamente, así que decidió ir a la cocina por un vaso de agua.

Al regresar al estudio, el corazón le dio un vuelco.

Graciela, con una bata de seda sobre los hombros y el rostro pálido por la sorpresa, estaba de pie frente al escritorio, mirando fijamente la pantalla de la laptop.

—¿Por qué estás investigando a mi mejor amiga? —preguntó Graciela con la voz temblorosa, pero clavando una mirada llena de determinación sobre él.

—Graciela... no debiste ver eso —susurró Diego, dando un paso cauteloso hacia ella.

—Responde a lo que te pregunté, Diego —ordenó ella, dando un paso atrás con desconfianza—. ¿Por qué buscas información confidencial de Emma? ¿Qué quiere Damián Thorne con ella?

Diego suspiró, midiendo cuidadosamente sus palabras. No podía poner en riesgo los planes de su jefe, pero tampoco quería perder a Graciela.

—Son órdenes estrictas de Damián —explicó Diego con voz pausada, intentando sonar convincente—. Van a trabajar juntos en la auditoría de la fusión. Damián no le entrega información financiera de millones de dólares a cualquiera sin antes verificar sus antecedentes. Es simple rutina de seguridad laboral.

Graciela entrecerró los ojos, analizando cada rasgo de su rostro. Sabía que en el mundo de los negocios las auditorías de antecedentes eran habituales, pero la mirada atormentada que Emma tenía esa tarde al bajarse de la camioneta de Damián no encajaba con una simple relación laboral.

—Escúchame bien, Diego —dijo Graciela, acercándose a él y encarándolo con firmeza—. Si ese jefe tuyo llega a lastimar a Emma o a usar algo en su contra, no me vas a volver a ver en tu vida. Emma bastante tiene ya con el infierno de su familia como para que venga un multimillonario arrogante a arruinarle la existencia.

Diego la contempló en silencio, sorprendido por la lealtad feroz de la chica hacia Emma. Sin decir nada, cerró la pantalla de la laptop, sabiendo que la información que estaba por descubrir al día siguiente cambiaría por completo el juego para todos.

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Maria Mongelos
Que linda historia, me encanta💕
Maria Mongelos
Por fin se animaron estos dos
Maria Mongelos
Le tocó a Roberto, pensó que se iba a salvar creyendo que Damian estaba distraido
Maria Mongelos
Las víboras se dieron a la fuga, Guillermo quedó solo y destruido
Maria Mongelos
Gracias a la bastarda Guillermo va a sobrevivir, después de todo el daño que hizo lo va a salvar
Maria Mongelos
Samantha no es la hija de Guillermo, toda la vida lo engañaron
Maria Mongelos
Samantha no es la hija de Guillermo, toda la vida lo engañaron
Maria Mongelos
Son unos malditos, tal para cual
Maria Mongelos
Tarde o temprano todos reciben su merecido, creyeron que eran intocables hasta que vovió Damian
Maria Mongelos
Estoy más que seguro que Diego ama a Graciela💕
Maria Mongelos
Se viene lo mejor, la caída de los buitres y va a ser estrepitosa
Maria Mongelos
Y tú bien sabes que no es gay ni impotente 😄
Maria Mongelos
Les llegó la la hora malditos buitres, no saben lo que les espera
Maria Mongelos
Hermoso capitulo 💕🔥
Maria Mongelos
El karma existe Samantha y esta vez te tocó a ti
Maria Mongelos
Lástima que sea hija de ese desgraciado
Maria Mongelos
Me encantó este capítulo 💕
Maria Mongelos
Exelente capitulo autora 💕 gracias
Maria Mongelos
Ahora no tiene con qué amenazarla, Emma va a dejar de ser la sumisa, maltratada, humillada. Empieza el calvario de estos tres
Maria Mongelos
Por suerte salió todo bien, Damian cumplió con la promesa
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