Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.
Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.
Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.
Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.
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Capítulo 5 — La sospecha
Emir permaneció inmóvil después de escuchar aquellas palabras.
—¿Myna? —preguntó finalmente.
—Sí, señor. La conexión todavía no es suficiente para acusarla directamente, pero el nombre aparece en los documentos de la empresa.
Emir cerró los ojos.
Quería creer que aquello era una coincidencia.
Myna era su hermana.
Podía ser muchas cosas: caprichosa, egoísta, incluso cruel algunas veces.
Pero ¿sería capaz de intentar matar a Aysun?
—Envíame todos los documentos —ordenó.
—Lo haré.
Emir terminó la llamada y se quedó mirando la puerta de la habitación de Aysun.
No podía permitir que ella supiera nada todavía.
Cuando entró, encontró a Aysun despierta.
—¿Dónde estabas?
—Haciendo unas llamadas.
Ella lo observó detenidamente.
—Estás preocupado.
Emir intentó sonreír.
—Un poco.
—¿Es por mí?
—Siempre es por ti.
Aysun sonrió.
—No sé por qué, pero cuando me hablas así siento algo extraño.
Emir se acercó.
—¿Qué sientes?
—Como si te conociera.
El corazón de Emir se aceleró.
—Tal vez una parte de ti todavía me recuerda.
Aysun bajó la mirada.
—O quizá solo quiero creer que eres importante para mí.
Emir tomó su mano.
—No tienes que decidir nada ahora.
Horas más tarde, Myna llegó a la mansión.
Encontró a Emir esperándola en el salón.
—Tenemos que hablar.
Myna se detuvo.
—¿Sobre qué?
Emir colocó un documento sobre la mesa.
—Sobre esta empresa.
Myna miró el papel.
Su rostro cambió ligeramente.
—¿Qué tiene que ver conmigo?
—Eso quiero saber.
—No entiendo.
—El automóvil que provocó el accidente de Aysun pertenece a una empresa vinculada contigo.
Myna palideció.
—¿Me estás acusando?
—Te estoy haciendo una pregunta.
—¡No hice nada!
Emir la miró fijamente.
—Entonces no tendrás problema en demostrarlo.
Myna sintió que comenzaba a perder el control.
—¿Cómo puedes pensar que yo haría algo así?
—Porque últimamente has demostrado cuánto odias a mi esposa.
—¡La odio, sí! —gritó Myna—. Pero eso no significa que quisiera matarla.
Emir se quedó sorprendido.
Myna comprendió inmediatamente que había cometido un error.
—Quiero decir...
—Ya lo dijiste.
Emir se acercó lentamente.
—¿Por qué la odias tanto?
Myna apartó la mirada.
—Porque cambió nuestra familia.
—No. Aysun no cambió nuestra familia. Tú cambiaste.
Myna levantó los ojos llenos de rabia.
—Desde que apareció, dejaste de necesitarme.
—Soy tu hermano, Myna. No tienes derecho a controlar mi vida.
—¡Ella te está alejando de todos!
—Es mi esposa.
Las palabras de Emir fueron contundentes.
—Y mientras siga siendo mi esposa, la protegeré.
Myna salió furiosa del salón.
Pero al llegar al pasillo, su expresión cambió.
Sacó el teléfono.
—Necesito verte.
Esa misma noche, Emir regresó al hospital.
Aysun dormía profundamente.
Él se sentó junto a ella y observó su rostro.
—No importa cuánto tiempo tome —susurró—. Voy a encontrarte otra vez.
Aysun abrió lentamente los ojos.
—Emir...
—Estoy aquí.
Ella lo miró durante varios segundos.
—Soñé contigo.
Emir se quedó inmóvil.
—¿Qué soñaste?
—Estábamos en una playa.
Una lágrima recorrió su mejilla.
—Me estabas diciendo que me amabas.
Emir sonrió emocionado.
—¿Recuerdas algo más?
Aysun cerró los ojos.
—Sí.
—¿Qué?
Ella abrió los ojos de repente.
—Había alguien observándonos.
Emir frunció el ceño.
—¿Quién?
Aysun negó con la cabeza.
—No pude verle la cara.
En un lugar desconocido, Myna se reunió con el hombre que había contratado.
—Emir sospecha de mí —dijo ella.
—Entonces tenemos que cambiar el plan.
—¿Qué quieres decir?
El hombre sonrió.
—Si Aysun recupera la memoria, perderemos.
Myna lo miró con miedo.
—¿Qué vas a hacer?
Él respondió tranquilamente:
—No podemos permitir que Aysun recupere sus recuerdos.
Myna quedó horrorizada.
—¿Estás pensando en...?
El hombre la interrumpió.
—Esta vez no habrá accidente.
Continuará...