sin espoiler
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UNA ACUSACIÓN GRAVE
Había pasado un mes desde aquella noche.
La mansión de Christopher había recuperado aparentemente la calma.
Christopher todavía continuaba viajando con frecuencia por asuntos de su organización, mientras Mirelith se había acostumbrado a acompañarlo cuando podía.
Kalel, por su parte, apenas había vuelto a hablar con su novia.
Desde aquella discusión, la relación entre ambos se había deteriorado rápidamente.
Sin embargo, ninguno de los dos imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir.
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Una mañana, en casa de su padre, la joven despertó sintiéndose diferente.
Tenía náuseas y un cansancio que no conseguía explicar.
Al principio pensó que simplemente estaba enferma.
Pero durante los días siguientes comenzaron a aparecer más señales.
Su padre se preocupó.
—Llevas varios días así.
—Estoy bien.
—No parece.
Ella evitó mirarlo.
—Solo estoy cansada.
Finalmente, su padre insistió en llevarla con un médico.
Horas después, regresaron a casa.
El rostro de la joven estaba serio.
Su padre la observó preocupado.
—¿Qué ocurre?
Ella tardó en responder.
—Estoy embarazada.
El hombre se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
Ella bajó la mirada.
—El médico lo confirmó.
Su padre recordó inmediatamente aquella noche.
Recordó las acusaciones de su hija.
Recordó sus lágrimas.
Y recordó el nombre de Kalel.
La preocupación se transformó en furia.
—¿Es de él?
La joven permaneció en silencio.
Ese silencio fue suficiente para que su padre sacara una conclusión equivocada.
—Kalel...
Ella comenzó a llorar.
—Papá, no quiero hablar de eso.
El hombre apretó los puños.
—¿Estás segura de que fue él?
Ella asintió lentamente.
La mentira continuaba creciendo.
Su padre tomó el teléfono.
—Esto ya no es un asunto familiar.
La joven levantó la mirada.
—¿Qué vas a hacer?
—Lo que debí hacer desde el principio.
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Horas después, Kalel estaba en la mansión.
Se encontraba en el despacho revisando unos documentos cuando uno de los hombres de seguridad entró apresuradamente.
—Señor.
Kalel levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
—Tenemos un problema.
—¿Qué clase de problema?
El hombre dudó.
—El padre de su novia presentó una denuncia.
Kalel frunció el ceño.
—¿Contra quién?
—Contra usted.
Kalel se quedó inmóvil.
—¿Por qué?
El hombre respiró profundamente.
—Por una acusación de @bvsø s3xv@l.
El silencio que siguió fue absoluto.
Kalel palideció.
—Eso es imposible.
—Lo sé.
—Yo nunca la toqué.
—Entiendo, señor.
Kalel se levantó de golpe.
—¿Qué más dice la denuncia?
—Que su hija está embarazada y que él cree que el embarazo es consecuencia de lo que supuestamente ocurrió aquella noche.
Kalel sintió que el mundo se detenía.
—¿Embarazada?
—Sí.
Kalel negó con la cabeza.
—No.
Se pasó una mano por el cabello.
—No puede ser.
Mirelith, que estaba cerca de la puerta, había escuchado todo.
Entró inmediatamente.
—Kalel.
Él la miró.
—Está embarazada.
Mirelith comprendió.
—¿Y te está acusando a ti?
Kalel asintió.
—Pero yo nunca la toqué.
Su voz temblaba de indignación.
—Nunca.
Mirelith se acercó.
—Te creo.
Kalel cerró los ojos.
—¿Por qué está haciendo esto?
Mirelith no respondió.
Porque tampoco tenía una explicación.
Pero sí había algo que ambos tenían claro.
Aquella acusación era extremadamente grave.
Y no podía resolverse con una simple discusión familiar.
Kalel tomó su teléfono.
—Necesito un abogado.
Mirelith asintió.
—Y debes guardar todos los mensajes y cualquier prueba que tengas.
—Sí.
—No hables directamente con ella ni con su padre.
Kalel la miró.
—¿Por qué?
—Porque ahora todo tiene que manejarse por las vías legales.
Kalel respiró profundamente.
—Está bien.
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Mientras tanto, el padre de la joven se encontraba en su despacho.
Había presentado la denuncia convencido de que estaba protegiendo a su hija.
Para él, la historia era sencilla.
Su hija había acusado a Kalel.
Ahora estaba embarazada.
Por lo tanto, había unido ambas cosas sin considerar otras posibilidades.
Un abogado entró en la habitación.
—Señor.
—¿Qué ocurre?
—La denuncia ya fue presentada.
El hombre asintió.
—Bien.
—Pero hay algo importante.
—¿Qué?
—Una acusación no demuestra por sí misma lo ocurrido. Tendremos que dejar que las autoridades investiguen.
El hombre apretó la mandíbula.
—Yo creo en mi hija.
—Eso está bien. Pero precisamente por la gravedad del asunto debemos permitir que se investigue correctamente.
El hombre asintió.
—Quiero que todo se haga legalmente.
—Así será.
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En la mansión, Kalel permanecía sentado.
Nunca había sentido una angustia semejante.
No entendía cómo había llegado a aquella situación.
Recordó la última vez que había visto a su novia.
La discusión.
Las palabras de ella.
La amenaza de que se lo haría pagar.
Ahora todo parecía tener sentido.
—Fue ella...
Mirelith lo miró.
—¿Qué?
—Me dijo que me lo iba a hacer pagar.
Mirelith se quedó pensativa.
—Eso puede ser importante.
—¿Crees que la policía lo considerará?
—Si tienes algún mensaje o testigo que pueda demostrarlo, entrégaselo a tu abogado.
Kalel asintió.
—Lo haré.
Entonces la puerta del despacho se abrió.
Christopher había regresado antes de lo previsto.
Entró acompañado por dos hombres.
—¿Qué está pasando?
Mirelith se levantó.
—Christopher...
Él notó inmediatamente la tensión.
—¿Qué ocurrió?
Kalel no respondió.
Mirelith tomó aire.
—Presentaron una denuncia contra él.
Christopher miró a su hijo.
—¿Por qué?
Kalel finalmente habló.
—Ella dice que la agredí.
La expresión de Christopher cambió.
—¿Y es cierto?
—No.
La respuesta fue inmediata.
Christopher sostuvo la mirada de su hijo.
Después preguntó:
—¿La tocaste?
—No.
—¿En ningún momento?
—En ningún momento.
Christopher permaneció en silencio unos segundos.
—Entonces encontraremos la verdad.
No gritó.
No amenazó.
Simplemente tomó su teléfono.
—A partir de ahora, esto se manejará legalmente.
Kalel asintió.
Christopher miró a Mirelith.
—Y nadie va a tomar represalias por su cuenta.
Ella comprendió inmediatamente.
—Bien.
Christopher volvió a mirar a su hijo.
—Si eres inocente, la investigación debe demostrarlo.
Kalel bajó la mirada.
—Lo sé.
Aquella noche, por primera vez, la mansión dejó de sentirse como un hogar tranquilo.
Una acusación falsa había puesto a Kalel bajo investigación.
Y ahora las autoridades tendrían que descubrir una verdad que todos ellos desconocían:
Kalel no había tocado a aquella joven.
Y, mientras la investigación comenzaba, una mentira que había nacido de los celos estaba a punto de desmoronarse bajo el peso de las pruebas.