La guerra entre Elarion y Drakhar ha durado años, pero, cuando el príncipe heredero de Drakhar se fija en la santa Sylvia, de Elarion, propone un tratado de paz, pero a cambio deben entregarle a la santa como concubina. Sylvia acepta esta condición para salvar a su nación, pero, no se imagina que, al entrar al palacio de Drakhar se encontrará con las amantes del príncipe heredero, pero, aunque ella no es fácil de intimidar, pronto descubre, que, en ese palacio, tiene un aliado más poderoso que el mismísimo emperador, el dragón rojo de la calamidad, que se ha liberado del control del príncipe heredero, y que, esta dispuesto a vengarse por usarlo como una maquina de guerra.
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Capitulo 16
Friedrich pasea por el jardín de la residencia del príncipe heredero. Justo a tiempo para encontrarse con Balthazar, quien tomaba su desayuno en el jardín tras haberse recuperado de aquel "accidente".
—duque Von Alhen...— hablo Balthazar.— venga, si no ha desayunado puede acompañarme.
—¿no sería una molestia?, no quiero incomodar, escuche que su alteza recién sale de su lesión.— responde el pelirrojo.
—adelante, usted es un invitado, no es ninguna molestia. Y espero que mis sirvientes le hayan tratado bien.— responde el príncipe.
El pelirrojo tomo asiento frente al príncipe y las doncellas enseguida empiezan a servir.
—no me quejo, además la habitación es cómoda y tiene buena vista...pero, escuche que hace dos noches alguien irrumpió en su habitación.— expresa con cierta preocupación.
—si, un lamentable incidente, pero no pasa nada, he aumentado la seguridad, así que no debe de temer.—
—descuide, son cosas que pasan, los enemigos siempre encuentran una forma de infiltrarse.— el pelirrojo habla con calma.
—es así...supongo que como un noble de alto estatus, también ha pasado por algo similar.—
—no se imagina, en especial durante los viajes, por eso, he entrenado para salir de esa clase de dificultades...aunque, usted es más afortunado, no solo tiene una bella guardiana, también posee el control de los tan aclamados dragones.—
Balthazar se pone tenso al escuchar sobre esas bestias, sobre todo, porque desde que despertó, el sello ha desaparecido por completo y Meredith no ha regresado con el mago Malakor.
—así es, gracias a mis antepasados soy el portador del sello sagrado...y los dragones son leales a mi.— presume.
—magnífico, espero poder ver uno de esos dragones antes de marcharme...— sonríe.
—por ahora están en un descanso...la guerra se ha pausado y los puse en un lugar donde puedan descansar...la guerra aun no termina y necesitan reponer sus fuerzas.— responde con seguridad.
—comprendo. Aunque me hubiera gustado verlos...—
Tras el desayuno, Friedrich se alejo hasta entrar en una sala privada del palacio. Justo como la albina le dijo, el sello ya no estaba, ya que, al estar cerca de Balthazar no sintió aquella presión de antes que intentaba quitarle la voluntad.
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Más tarde, Meredith regreso junto con los guardias que han ido con ella, pero, tan pronto entro al palacio del príncipe corrió a buscarlo, pidiendo hablar en privado con él.
—¿donde esta Malakor?— pregunta Balthazar.
—alteza...Malakor esta muerto...al llegar a su guarida, su cabeza estaba colgada en su puerta y el cuerpo...fue asqueroso...llevaba días muerto.— respondió Meredith haciendo una mueca de desagrado.
—¿que?, eso no...maldita sea...Malakor era quien conocía sobre el sello sagrado...lo necesitaba...— le muestra la palma a Meredith.— el sello ha desaparecido por completo...
Meredith se sobresalta al ver que en la palma del príncipe ya no había ninguna marca.
—no puede ser...¿como paso esto?, yo...yo encontraré a otro mago...la familia de Malakor es extensa...— balbucea Meredith.
—hazlo...se discreta...debes de traer al menos uno...necesitamos que haga un nuevo sello sagrado.—ordena el príncipe.
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Sylvia por su parte, paseaba por los jardines del palacio, alejada del bullicio del ala de las concubinas. Justamente en ese momento ve a Meredith irse con prisa acompañada de varios guardias.
—si le preocupa que aun sigan buscando al asesino...no...ellos buscan otra cosa.— le murmura alguien detrás.
Sylvia se sobresalta y al dar unos pasos hacía atrás dándose la vuelta, ve que se trata de nuevo de aquel pelirrojo.
—¿por qué me preocuparía algo así?, ¿o es que ese asesino es usted?— pregunta la albina.
Friedrich sonríe.—si yo fuera un asesino, el príncipe no estaría vivo.— se encoge de hombros.
—quien sabe, tal vez fallo miserablemente...no se ve muy ágil que digamos.— lo mira de arriba hacía abajo.
—no te imaginas cuan ágil soy...— se inclina para estar más cerca de su rostro.— tanto que...se que, no era un asesino...esa persona hizo otra cosa...
Sylvia desvía la mirada y da otros pasos hacía atrás para volver a alejarse del pelirrojo. Ese hombre es un total peligro, no solo porque su rostro atractivo la distrae, si no que también parece saber mucho.
—oh, interesante deducción...tal vez lo sano, porque, si fuera un asesino, el príncipe no estadía paseándose vivo...— responde con burla.
—no precisamente sanarlo, pero, rompió algo...—
—usted si que dice cosas raras...en fin...tengo cosas importantes que hacer...— mejor alejarse ahora.
La albina se aleja casi corriendo, mientras que Friedrich solo sonríe con burla.
—no entiendo majestad, ¿por qué simplemente no acaba con Veyron y su hijo?— pregunta Faramud.
—eso sería aburrido, además aun esta la guerra...esos soldados son leales a su emperador y el príncipe, así que, primero debo deshacerme de ellos.— responde el pelirrojo.
—¿entonces hará lo que la santa le pidió?, ¿se pondrá de lado de Elarion?— pregunta el peliverde.
—no exactamente...le ayudaré, claro, a ganar la guerra contra el ejército de Balthazar, después de todo, solo son gente leal a él y para cuando yo me siente en el trono, ellos no me servirán.— responde el pelirrojo.
—¿y que harás con Elarion?, cuando el emperador crea que ya le gano a Drakhar querrá tomarlo.— pregunta el peliverde.
—que lo intenté...se dará cuenta que, solo gano porque yo lo permiti.— asegura Friedrich.
Faramud solo deja escapar un leve suspiro, las ideas de su jefe son algo absurdas, pero, ¿quien es él para cuestionarlo?, mientras no los dañe a ellos, todo bien.
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