Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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El peso del hielo
El ruido rítmico de la máquina de coser llenaba el taller mientras el sol de la tarde comenzaba a caer, tiñendo de un tono cobrizo las paredes de ladrillo Yuri tenía la espalda rígida, pero sus manos no temblaban ni un milímetro mientras guiaba la tela bajo la aguja, uniendo la solapa con el cuerpo del primer saco prototipo
La puerta de la oficina del fondo se abrió y el sonido de los pasos pesados de Dmitry resonó sobre las tablas de madera
Yuri no levantó la vista, aunque sintió la presencia del magnate detenerse justo detrás de su silla, tan cerca que el calor de su cuerpo rompía el aire frío del local
—El auto está listo, Romanov —anunció Dmitry con voz grave, ignorando el continuo repiqueteo de la máquina
—Es hora de volver
Yuri pisó el pedal para detener la aguja, remató el hilo con un chasquido preciso de las tijeras pequeñas y se levantó despacio
Dejó la pieza semiarmada sobre la mesa de planchado
—Aún no termino la manga derecha, Sokolov —dijo Yuri, encarándolo con la barbilla en alto
—Cinco minutos más
—Dije que nos vamos ahora —replicó Dmitry, acortando la distancia hasta quedar a escasos centímetros
—Tienes doce horas de trabajo encima
No voy a permitir que arruines el material por cansancio
El padre de Yuri salió del área de corte con un paño de limpieza en la mano, mirando la escena con el ceño fruncido y la tensión evidente en los hombros
—El chico sabe medir sus tiempos, señor Sokolov —intervino el hombre, dando un paso al frente
—Si dice que necesita cinco minutos...
—Con todo respeto, señor Romanov —lo cortó Dmitry con una frialdad impecable, fijando sus ojos oscuros en el anciano
—la agenda de su hijo la manejo yo mientras dure este proyecto
Si se agota hoy, mañana no rendirá en el estudio
Yuri apretó los puños, sintiendo cómo la rabia le quemaba la garganta al ver a Dmitry marcar territorio frente a su padre
Se interpuso entre ambos antes de que la situación escalara
—Está bien, papá —dijo Yuri, forzando una calma que no sentía mientras guardaba sus tijeras en el maletín
—Tiene razón, el corte principal ya quedó listo Mañana temprano continuamos con el ensamblado
Su padre lo miró con impotencia y preocupación, pero asintió despacio
—Te acompaño a la puerta, hijo
—No será necesario —intervino Dmitry, colocándole una mano en la parte baja de la espalda a Yuri
El contacto fue firme, una caricia de control disimulada que hizo que a Yuri se le erizara la piel bajo la ropa
—Buenas tardes, señor Romanov
Yuri se zafó del agarre con un movimiento brusco apenas cruzaron el umbral hacia la calle, donde el sedán negro los esperaba con el motor encendido bajo la llovizna
—No vuelvas a tocarme enfrente de él —siseó Yuri en voz baja, con la respiración agitada por la furia
Dmitry le sostuvo la puerta del auto, mirándolo desde arriba con una calma exasperante
—Entra al auto, Yuri
En el penthouse puedes gritarme todo lo que quieras, pero aquí mantienes la compostura
El trayecto en el auto fue un silencio tenso, una olla de presión a punto de estallar
En cuanto la puerta del penthouse se cerró a sus espaldas y Borís se retiró a los pasillos inferiores, la rabia contenida de Yuri detonó
Tiró el maletín de diseño sobre el sofá de cuero con un golpe sordo y se giró hacia Dmitry
—¿Quién te crees que eres para hablarle así a mi padre? —demandó Yuri, avanzando hasta quedar a un paso del magnate
—Es mi taller, es mi familia
Te advertí que no te cruzaras de esa manera frente a él
Dmitry se quitó el abrigo oscuro sin prisa, dejándolo sobre el respaldo del sillón antes de desabrocharse el primer botón de la camisa
Su serenidad solo alimentaba la furia del diseñador
—Te lo repetiré una sola vez, Romanov, no me importa tu orgullo, me importa el resultado —dijo Dmitry, con esa voz baja y dominante que congelaba la estancia
—Tu padre intenta protegerte porque te ve como a un niño, pero para mí eres el responsable de una colección de millones de rublos
Si te dejo llevar por el sentimentalismo, vas a colapsar antes de la primera entrega
—¡No estaba colapsando! —siseó Yuri, apretando los puños a los costados
—Estaba haciendo mi trabajo
Lo único que hiciste ahí dentro fue marcar territorio, comportarte como si me poseyeras para dejarle claro a mi padre que tiene las manos atadas
Eres un monstruo cínico
Dmitry dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que Yuri tuvo que alzar el rostro para sostenerle la mirada
El aire entre ambos se volvió espeso, cargado de una electricidad sofocante
—Si fuera un monstruo, Romanov, tu padre estaría en la calle y tu taller embargado por el banco —murmuró Dmitry, bajando el tono de voz a una frecuencia rasposa, casi íntima
—Te di las herramientas, financié tu tela y te devolví a tu mesa de trabajo
Pero la deuda sigue siendo tuya, y las reglas dentro y fuera de ese taller las pongo yo
—No soy un objeto que compraste con tu dinero, Sokolov —respondió Yuri, con el pulso desbocado y el pecho subiendo y bajando aceleradamente por la cercanía
—Puedes controlar el contrato, pero nunca vas a controlar lo que soy
Dmitry alzó una mano, pausado, y sujetó a Yuri por la nuca con la firmeza justa para congelarle el aliento, rozando el pulgar contra la línea de su mandíbula
—Eso es lo que más me interesa de ti, Yuri —susurró Dmitry, sosteniendo su mirada llena de fuego
—Que sigas intentando luchar, aunque los dos sepamos de quién es el control
Continuará...