Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 7
Nina
—Nina, esto no está bien.
La voz de la señora Camila resonó en la oficina, lo suficientemente alta como para que todos escucharan… pero lo bastante suave para que pareciera una simple observación.
Levanté la mirada de la pantalla.
—¿Qué sucede?
Camila dejó caer el documento sobre mi escritorio con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
—Esto ya te lo había indicado antes.
Revisé rápidamente.
Era el mismo formato.
Las mismas indicaciones.
Lo mismo que ella había aprobado.
—Está conforme a lo que usted solicitó —respondí con calma.
Ella inclinó la cabeza, como si estuviera decepcionada.
—No, Nina… —dijo en un tono casi maternal—. Eso es lo que tú crees.
Sentí el murmullo de fondo en la oficina.
Las miradas.
Siempre las miradas.
—No estás haciendo tu trabajo como deberías.
Silencio.
Mis dedos se tensaron ligeramente sobre el teclado.
—Estoy siguiendo las indicaciones que usted me dio.
—Ese es el problema —respondió de inmediato—. Te limitas a seguir… pero no piensas.
La frase cayó pesada.
—Aquí necesitamos personas con iniciativa… con visión.
Sonrió.
—No robots.
Bajé la mirada.
Respiré.
Una vez.
Dos.
—Lo corregiré.
—Eso espero —añadió, tomando el documento—. Porque no puedo estar revisando lo mismo una y otra vez.
Se giró, pero antes de irse, se detuvo.
—Y, Nina…
Levanté la vista.
—Trata de ponerle un poco más de… actitud.
No respondí.
No sabía qué significaba eso.
Pero sabía… que no era suficiente.
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Las horas pasaron lentas.
Cada tarea que entregaba… regresaba.
Cada corrección… tenía una nueva falla.
Cada intento… era insuficiente.
—Esto está incompleto.
—Aquí falta criterio.
—¿De verdad consideras que esto está bien hecho?
Siempre con ese tono.
Suave.
Cuidadoso.
Pero constante.
Como una gota que cae… una y otra vez… hasta romper.
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—Nina —volvió a llamarme cerca del mediodía.
Me levanté y caminé hasta su oficina.
—Sí, señora Camila.
Ella estaba de pie, hablando con dos personas del equipo.
—Justo de ella estaba hablando —dijo con una sonrisa—. Nina, ven.
Sentí cómo mi estómago se contraía.
—Estábamos revisando algunos procesos —continuó— y surgió tu nombre.
Las dos personas me miraron.
Con curiosidad.
—Creo que Nina tiene mucho potencial —añadió—, pero aún le falta… pulirse.
Asentí levemente.
—Su actitud, por ejemplo —siguió—. A veces puede parecer distante. Incluso… poco colaborativa.
Sentí el golpe.
—No es mi intención—
—Lo sé, cariño —interrumpió, con una sonrisa dulce—. Pero las intenciones no siempre son lo que los demás perciben.
Silencio.
—Aquí trabajamos en equipo —añadió—. Y necesitamos personas que se integren… que aporten energía.
Sus ojos se clavaron en los míos.
—No que se aíslen.
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Regresé a mi escritorio.
En silencio.
Como siempre.
Pero algo dentro de mí… ya no estaba igual.
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La tarde fue peor.
—Nina, esto está mal.
—Ya te lo había explicado.
—No entiendo por qué sigues cometiendo los mismos errores.
Las palabras se repetían.
Una y otra vez.
Hasta que dejaron de sonar como críticas… y empezaron a sentirse como verdades.
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—¿Por qué siempre almuerzas sola? —escuché a alguien decir cerca.
No respondí.
—Deberías integrarte más —añadió otra voz.
Sonreí levemente.
Automático.
Sin ganas.
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A las cinco de la tarde, Camila volvió a aparecer frente a mi escritorio.
—¿Terminaste lo que te pedí?
Asentí.
—Sí.
Revisó el documento.
En silencio.
Demasiado silencio.
—Mmm…
Mi pecho se tensó.
—Está… mejor.
Pero su expresión decía otra cosa.
—Aunque esperaba más.
Claro.
Siempre esperaba más.
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Se inclinó levemente hacia mí.
Lo suficiente para que solo yo escuchara.
—Nina… —susurró—. No sé cuánto más pueda sostener esta situación.
Mi respiración se detuvo un segundo.
—Estoy haciendo lo mejor que puedo.
—Lo sé —respondió con una sonrisa triste—. Y eso es lo preocupante.
Sentí cómo algo dentro de mí… se quebraba.
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Se enderezó.
Y, en voz alta, añadió:
—Espero que puedas mejorar. Por tu bien.
Y se fue.
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Me quedé ahí.
Sentada.
Inmóvil.
Mirando la pantalla… sin verla realmente.
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¿Y si tenía razón?
¿Y si… no era suficiente?
¿Y si… todo esto era mi culpa?
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Apreté las manos.
Con fuerza.
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No.
Negué suavemente.
Pero la duda…
ya no se iba.
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Porque lo peor… no era lo que ella decía.
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Lo peor…
era que empezaba a creerlo.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro