Giorgio Bianchi es el Don de la mafia más temida de Italia. Frío, cruel y con un corazón blindado por la traición que destruyó a su familia. Juró no volver a confiar en nadie, y mucho menos a amar.
Pero cuando su esposa muere al dar a luz a su hija Vida, Giorgio se encuentra con algo que no esperaba: una bebé que depende completamente de él, y un vacío que no sabe cómo llenar.
Necesita una niñera. Lo que encuentra es a una mujer que va a poner su mundo de cabeza.
Ella no le tiene miedo. No se deja intimidar. Y lo peor de todo: le hace sentir cosas que juró que nunca volvería a sentir.
En el mundo de Giorgio, mostrar debilidad es una sentencia de muerte. Pero enamorarse de la niñera de su hija podría ser la decisión más peligrosa — y la más valiente — que haya tomado.
Porque incluso los hombres más despiadados tienen un punto débil. Y el de Giorgio tiene ojos grandes y la risa más contagiosa del mundo.
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Ni dientes tienes
BEL: Que disculpa ni nada, ¿ya viste que hora es, Giorgio? Te despertaste más temprano, Cris no está atrasada
GIORGIO: Estás muy insolente, Bel, te voy a llevar al sótano para tener una pequeña conversación
BEL: Inténtalo, hum, a esta hora (él me encara y sale irritado)
AYLA: Chica, ¿cómo tienes ese valor?
BEL: Él tiene que respetarme, yo vi crecer a este muchacho
CRIS: Pero también, él solo te respeta a ti y a los suegros, porque a los demás
BEL: Algún día cambiará y volverá a ser el niño que era antes de la muerte de sus padres
AYLA: Ojalá
CRIS: Ojalá
AYLA: Uy, mi niña se despertó, ya vengo (salgo pasando por el jefe que está en la mesa esperando el desayuno con cara de pocos amigos, no le digo nada y sigo derecho) Hola, tesoro, ¿cómo haces para despertar tan linda? ¿Vamos a cambiarte el pañal y a tomar una leche bien rica? ¿Si? Ay Dios mío, que sonrisita tan deliciosa, tu ya me escuchas cuando te habló, ¿verdad? Seguro tu mamá estaría derretida por ti así como yo lo estoy.
GIORGIO: Desde afuera escucho a esa loca hablando con la niña, parece una demente, ¿cómo una criatura de ese tamaño puede entender algo? Sigo ahí escuchando las locuras de esa criatura hasta que sale de repente y me atrapa en flagrancia en la puerta
AYLA: Ay, Cristo, que susto, señor
GIORGIO: Yo... es que... estaba pasando a mi habitación
AYLA: Dios mío... por favor cárguela aquí (habló ya entregándole a la niña)
GIORGIO: ¿Qué? No... no sé (intentó alejarme)
AYLA: Por favor, señor, es urgente, necesito ir al baño
GIORGIO: ¿Y por qué esa urgencia? (tomo a la niña torpemente, todo torcido)
AYLA: Síndrome premenstrual... ¿necesito entrar en detalles?
GIORGIO: No... apúrate y baja a desayunar y a alimentar a la niña
AYLA: Vida, su nombre es VI-DA... Y acomode aquí la cabecita (le acomodo a la niña) Cuidado con las escaleras (entró al cuarto corriendo)
GIORGIO: Hum... es realmente una insolente... Y tu (sonrió) eres la cara de tu mamá... pero tienes mis ojos, como los de mi padre... ¿qué, por qué esa sonrisita? No me vas a comprar sonriendo así... ni dientes tienes (bajo las escaleras)
BEL: Vaya, vaya
GIORGIO: Toma (intentó entregarla)
BEL: Estoy trabajando, querido, carga a la niña
GIORGIO: No estás haciendo nada, Bel
CRIS: ¿Me ayudas a poner la mesa, Bel?
BEL: Ves, estoy trabajando... Por cierto, ¿por qué la tienes tu?
GIORGIO: La niñera me obligó
BEL: Ayla merece un premio... obligar al gran Bianchi a hacer algo
GIORGIO: Fue una emergencia, necesitaba ir al baño
BEL: Está bien, sea como fuere... mira, hasta que sabes cargarla... Mi linda, ¿por qué lo miras con tanta admiración a un gruñón como ese? (acaricio el rostro de la bebe)
GIORGIO: ¿Mirándome con admiración? Ella ni sabe lo que es eso
BEL: Así como tampoco sabe que su mamá murió, por eso no tiene ninguna culpa (habló y me voy, dejándolo avergonzado)