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Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:9.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

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Capítulo 9: Furia de Madre

El timbre del ascensor sonó con una campana cristalina. Piso cincuenta y cuatro.

Las puertas de latón se deslizaron hacia los lados. Valeria salió disparada como una flecha envenenada, con la espalda recta como una varilla de acero y los tacones de aguja martillando el mármol con la furia de una sentencia. Bastian salió un segundo después, con la compostura intacta de un soberano paseando por sus propios dominios.

En el vestíbulo ejecutivo, Brenda, la asistente principal de Valeria, se levantó del escritorio con una pila de carpetas temblando en los brazos.

—Señorita Sterling, su padre llamó tres veces desde la sala de juntas del piso cincuenta y dos... Dice que los inversionistas alemanes ya llegaron y...

—Cancela la reunión —cortó Valeria sin frenar el paso, con una voz tan afilada que la asistente se encogió en su silla—. Cancela todo. Despeja mi piso y dile a seguridad que nadie, absolutamente nadie, sube por este ascensor en la próxima hora si aprecia su empleo.

Valeria empujó las puertas dobles de su despacho privado, entró y se giró para cerrarlas de golpe en la cara del magnate.

No lo logró.

La mano de Bastian se estrelló contra la pesada hoja de caoba con un golpe seco y sordo. Empujó hacia adentro con una fuerza calmada, descomunal e incontestable, obligando a Valeria a retroceder dos pasos mientras él cruzaba el umbral. Con el talón de su zapato Oxford, cerró la puerta a sus espaldas. El pestillo metálico encajó con un chasquido final.

—¿No te quedó claro en el elevador, Thorne? —escupió Valeria, arrojando su bolso de mano contra el sofá de cuero con tanta violencia que la cadena dorada tintineó en el aire—. ¡Lárgate de mi oficina antes de que llame a la policía de Nueva York y te haga arrestar por allanamiento de morada y acoso agravado!

Bastian ni siquiera pestañeó. Se desabrochó con calculada parsimonia el botón central de su saco de sastre, metió las manos en los bolsillos de su pantalón y la recorrió con una mirada de arriba abajo que parecía desnudarla capa por capa.

—Llama a la policía, Valeria —su voz bajó a ese timbre barítono, suave y peligrosamente grave que llenaba todo el volumen del despacho—. Llama al comisionado si quieres. Cuando lleguen con sus sirenas y sus cámaras de prensa, les mostraré la prueba forense que acredita que los tres menores que viven en tu ático son mis hijos biológicos. ¿Cuánto crees que tardará el New York Post en poner en portada que la intocable heredera de los Sterling concibió a sus trillizos con material robado a Thorne Maritime?

—¡Yo no robé nada! —rugió Valeria, perdiendo por completo la compostura ejecutiva. Avanzó hacia él hasta que sus rostros quedaron a escasos palmos de distancia. Sus ojos castaños chisporroteaban con un rencor salvaje—. ¡Yo fui la víctima de una negligencia médica asquerosa de una clínica que se cayó a pedazos! ¡Pagué casi medio millón de francos suizos para asegurarme de que el donante fuera un cero a la izquierda! ¡Pagué por anonimato, pagué por distancia y pagué para que ningún hombre con un ego desmedido viniera a poner sus botas sucias sobre mi vida o la de mis hijos!

—¿Un cero a la izquierda? —Bastian dio un paso hacia ella, inclinándose sobre su figura con una sonrisa gélida que no llegó a sus ojos grises—. Lamento decepcionar tus meticulosos planes de independencia, señorita Sterling. No soy un médico retirado de Zúrich ni un profesor de álgebra que donó esperma por aburrimiento. Te metiste en la cama de la genética con el hombre equivocado.

—¡Yo no me metí en la cama con nadie! —chilló Valeria, levantando un dedo acusador que casi rozó el nudo impecable de la corbata de él—. ¡Esa fue la bendita idea! ¡Ese era el punto de no perder cinco años de mi juventud aguantando a un imbécil con delirios de grandeza como tú! ¡Hice a mis hijos sola! ¡Los parí sola! ¡Los mantengo sola! ¡Tú solo aportaste una célula microscópica en un tubo de ensayo por accidente!

La mandíbula de Bastian se endureció tanto que un músculo saltó con violencia en su mejilla izquierda. En un movimiento fulminante, atrapó la mano alzada de Valeria por la muñeca. No apretó lo suficiente para lastimarla, pero la sostuvo con la firmeza implacable de unas esposas de acero.

Tiró de ella apenas dos centímetros hacia adelante. El calor entre sus cuerpos chocó como dos frentes de tormenta.

—Esa «célula microscópica», como la llamas con tanto desdén —susurró Bastian con los dientes apretados, mirándole la boca entreabierta con una furia que quemaba—, es mi sangre. Es la continuidad de siete generaciones de los Thorne. Llevo seis años de mi vida persiguiendo sombras en Suiza, creyendo que un laboratorio corrupto había vendido mi estirpe al mejor postor en el mercado negro. ¿Crees que me importa un carajo tu rencor hacia tus exnovios mediocres? ¿Crees que me importa tu aversión al matrimonio? ¡Son mis hijos!

—¡No los conoces! —se defendió ella, forcejeando contra su agarre, sintiendo cómo el pulso acelerado de Bastian competía con el suyo propio en el punto donde sus pieles se tocaban—. ¡No sabes que a Mateo le dan terror las tormentas y que solo se duerme si le cantas una canción de los Beatles desafinada! ¡No sabes que Lucas no come nada verde a menos que le prometas que tiene propiedades de combustible de cohete! ¡No tienes ni la menor idea de cuántas lágrimas le costó a Emma que se le cayera su primer diente de leche porque pensaba que ya no sería una modelo de revista! ¡Tú no eres su padre, Bastian! ¡Eres un extraño con un traje caro!

Las palabras de Valeria golpearon el pecho de Bastian con la fuerza de un torpedo bajo la línea de flotación.

Por una milésima de segundo, la máscara de frialdad del titán europeo se resquebrajó. En el fondo de sus pupilas grises no brilló la soberbia corporativa, sino un dolor amargo, profundo y acumulado durante seis años de vacío. La realidad de haber sido despojado de cada uno de esos momentos ordinarios y sagrados que ella acababa de escupirle a la cara le dolió más que cualquier pérdida financiera en la bolsa de valores.

Pero Bastian Thorne no se retiraba jamás de una batalla.

Apretó suavemente la muñeca de Valeria antes de soltarla con deliberada lentitud. Sus dedos rozaron la piel suave de la ejecutiva con una caricia accidental que mandó una descarga eléctrica directamente a la boca del estómago de ella.

—Precisamente por eso no pienso perder ni un solo día más —dijo Bastian, recuperando esa voz pausada, oscura y aterradoramente calmada que presagiaba catástrofes—. No vine a pedirte permiso, Valeria. Vine a notificarte los hechos. Voy a ser parte de la vida de esos tres niños. Voy a estar presente en cada desayuno, en cada examen de la escuela y en cada maldita tormenta que asuste a Mateo.

—Por encima de mi cadáver.

—No será necesario llegar a extremos tan trágicos —repuso él con una media sonrisa perversa que hizo que a Valeria se le erizara la nuca—. Hay dos caminos para resolver esto. El primero: mis abogados presentan una demanda en el tribunal de distrito a las dos de la tarde. En cuarenta y ocho horas un juez ordenará pruebas de paternidad judiciales, suspenderá temporalmente tus derechos exclusivos y convertirá la vida de Lucas, Mateo y Emma en un circo mediático internacional rodeado de paparazzis.

Valeria palideció, sintiendo el aire escasear en su pecho. La sola idea de que sus hijos fueran acosados por reporteros a la salida del colegio la hacía enfermar de pavor.

—Y el segundo camino... —continuó Bastian, dando un paso más hacia ella, acorralándola visualmente contra su propio escritorio de madera noble—... es que aceptes una tregua privada. Régimen de visitas supervisadas. Acceso irrestricto a mis hijos. Y tiempo para que aprendan quién es su padre sin la intromisión de un tribunal.

—¿Y a cambio de qué? —disparó ella con desprecio—. ¿A cambio de que me concedas el favor de firmar tu estúpido contrato de fletes marítimos?

Valeria se giró hacia el escritorio. Tomó la gruesa carpeta de cuero repujado con el sello de Thorne Maritime Holdings y el emblema de la fusión valorada en setecientos millones de dólares. Lo levantó con ambas manos frente a la cara de Bastian.

—Esto es lo que me importa tu dinero, Thorne —escupió ella.

Con un movimiento feroz y deliberado, Valeria arrojó la carpeta directamente contra el pecho del magnate.

Los folios salieron disparados. Las cláusulas de exclusividad, los anexos financieros y las firmas notariales volaron por el aire del despacho como una lluvia de confeti corporativo, cayendo en desorden sobre la alfombra y sobre los zapatos de charol de Bastian.

Bastian ni siquiera parpadeó ante el impacto. No intentó esquivarlo. Se limitó a bajar los ojos hacia las hojas desparramadas en el suelo y luego volvió a clavarlos en el rostro encendido de Valeria.

—No estás comprando un carguero en el muelle de Róterdam, Bastian —sentenció ella, con el pecho subiendo y bajando por la agitación, hermosa en su furia salvaje—. Estás hablando de mis hijos. No tienen precio de liquidación. Y si crees que voy a doblar las rodillas ante ti porque tienes más barcos o más abogados, es que no tienes la menor idea de la clase de mujer que engendró a esos tres demonios. Fuera de mi oficina. Ahora.

Bastian contempló a la mujer frente a él durante un largo, sofocante e interminable minuto. Lejos de estar furioso por el desplante, una chispa oscura de fascinación y deseo primitivo se encendió en lo más profundo de sus entrañas.

Era soberbia. Era peligrosa. Era una leona dispuesta a quemar el mundo entero para proteger a su manada. La clase de adversaria que cualquier otro hombre temería... pero que a él le resultaba desesperadamente irresistible.

Bastian dio un paso hacia la salida. Se detuvo con la mano en el pomo de latón de la puerta, giró la cabeza hacia atrás y le dedicó una última mirada cargada de una sensualidad gélida que hizo temblar las piernas de Valeria.

—Recoge tus papeles, Valeria —murmuró con una suavidad letal—. Vas a necesitar mucho papel para las cartas de protesta que tus abogados redactarán esta tarde. Nos vemos a las cinco en punto en tu ático. Dile a la señora Miller que prepare té para cinco. Y asegúrate de que Mateo tenga lista su nave espacial.

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Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
Cliente anónimo
Esos trillizos se pasan, les hace falta disciplina
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