Yulian, un estudiante universitario harto de su gris y monótona vida, encuentra su único refugio en una novela gráfica de fantasía titulada El amanecer del amor. Aunque la trama sigue el romance tradicional entre la heroína Clara y el noble Albert, Yulian está perdidamente obsesionado con el antagonista: Eric, el brillante, incomprendido y temido Señor de la Torre Mágica, cuya trágica obsesión por Albert lo lleva a la locura y a una muerte injusta.
Tras una rabieta de frustración por el final del último capítulo, Yulian sufre un accidente mortal desde el balcón de su apartamento. Al despertar, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Daniel, el hermano mayor de la protagonista y oficial de la guardia real. Decidido a reescribir el destino y evitar la trágica muerte de su personaje favorito, Daniel se infiltra en el mundo de la novela con un solo propósito: amar y salvar al hechicero malvado, cueste lo que cueste.
NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20: La confrontación en las puertas
Veinte minutos después, las pesadas puertas de bronce de la entrada se abrieron. Daniel caminó solo hacia el límite de la barrera, vistiendo pantalones negros y una camisa de lino abierta en el cuello, sin la capa ni las insignias de su antiguo rango.
Al verlo aparecer, Clara desmontó de su caballo a toda prisa y corrió hacia él con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Daniel! ¡Oh, por los dioses, estás vivo! —exclamó Clara, intentando cruzar la línea divisoria—. ¡Pensé que ese monstruo te tenía encantado o prisionero en sus mazmorras! ¡Ven, rápido, los caballeros te protegerán!
Daniel se detuvo a dos metros de ella, mirándola con una frialdad implacable que congeló a la joven en su sitio.
—No des un paso más, Clara —ordenó Daniel con voz firme.
—¿Q-qué estás diciendo, hermano? —preguntó Clara, confundida—. Llevo semanas buscándote. Abandonaste tu puesto en la guardia, ignoraste mis mensajes. El Comandante está furioso. Albert está preparando un decreto imperial para acusar a la Torre de secuestro. Debes volver a casa ahora mismo.
—No voy a volver a ningún lado —respondió Daniel cruzando los brazos—. Mi hogar está aquí.
—¡Estás loco! —gritó Clara, perdiendo la compostura—. ¡Ese hombre es un villano! ¡Es un ser corrupto que practica magia oscura! ¡Te está manipulando, Daniel, este no eres tú! ¡Tú odias la magia, tú amas al imperio y a tu familia!
Las acusaciones de Clara resonaron en el patio exterior. Detrás de ella, los caballeros desenfundaron sus espadas, listos para intervenir.
Daniel caminó lentamente hacia su hermana. Su mirada esmeralda no contenía un solo ápice del afecto fraternal que la heroína estaba acostumbrada a recibir.
—Cierra la boca —dijo Daniel en un susurro peligroso.
—¡No me callaré! ¡Voy a salvarte de ese demonio aunque tenga que quemar esta torre entera con la ayuda de Albert!
¡ZAS!
El sonido del impacto resonó como una explosión en el silencio del campo.
Daniel le asestó una bofetada tremenda en la mejilla a Clara con la palma abierta. La fuerza del golpe fue tal que la heroína perdió el equilibrio y cayó de costado sobre la tierra del camino. Su mejilla se tornó roja instantáneamente y sus ojos se llenaron de un shock absoluto mientras se sujetaba el rostro con la mano temblorosa.
—¡Lord Daniel! —gritaron los caballeros, dando varios pasos al frente con las espadas en alto.
—¡Atrás todos si no quieren morir en este instante! —ordenó Daniel con una voz de mando que hizo vacilar a los soldados.
Daniel se inclinó sobre su hermana, mirándola desde las alturas con un desprecio absoluto.
—Escúchame bien, Clara —dijo Daniel para que todos los presentes lo oyeran con claridad—. No estoy encantado. No estoy secuestrado. Estoy aquí porque yo así lo quiero.
Clara lo miró entre sollozos, incapaz de procesar la transformación de su hermano.
—Yo amo a Eric —declaró Daniel con orgullo y firmeza—. Lo amo con cada fibra de mi ser. Y ante todos estos testigos, renuncio voluntariamente a mi título como Lord de la Casa Ducal, renuncio a mi rango como Capitán de la Guardia Real y renuncio a mi apellido. A partir de este momento, soy simplemente Daniel. Un hombre sin patria y sin familia. Mi única lealtad y mi única pertenencia le corresponden al Señor de la Torre Mágica.
Daniel dio media vuelta y caminó hacia el portal de la fortaleza.
—Ahora quita a tu miserable ejército de mi vista antes de que le pida a mi hechicero que los queme a todos —sentenció Daniel sin volver a mirarla.
Las puertas de la Torre Mágica se cerraron de golpe, dejando a la protagonista destruida sobre el suelo y a la Guardia Real en un estado de estupefacción total.