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Cien millones por un heredero

Cien millones por un heredero

Status: En proceso
Genre:CEO / Doctor / Embarazo no planeado / Amante arrepentido
Popularitas:158
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Elena Salazar aceptó someterse a una fecundación in vitro cuando su prometido quedó al borde de la muerte. Pero un error de la clínica la dejó embarazada de otro hombre: Alejandro Montenegro, el magnate más poderoso de Atelán.
Su oferta fue directa:
—Da a luz a mi hijo y los cien millones de dólares serán tuyos.
Elena se negó. Su amor no tenía precio… hasta que encontró a su prometido, recién salido de cuidados intensivos, besando a su hermanastra.
Entonces firmó el contrato y se casó con Alejandro.
Quienes la humillaban se rieron de su elección: un simple guardaespaldas, guapo y sin dinero. Creían que había cambiado un buen matrimonio por una vida miserable.
No sabían quién era su marido. Y tampoco sabían de lo que ella era capaz.
Cuando sus investigaciones revolucionen la medicina y la verdadera identidad de Alejandro salga a la luz, su ex ya no podrá burlarse de ella.
Estará de rodillas, suplicándole una oportunidad de hacer negocios.

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Capítulo 19

Capítulo 19. Nicolás, ¿de verdad crees que sigo enamorada de ti?

Media hora después, los tres coches negros se detuvieron frente a la cafetería Savina.

Siete u ocho guardaespaldas bajaron y se colocaron junto a los vehículos con una actitud respetuosa.

El despliegue llamó la atención de todos los que pasaban. Pensaron que había llegado alguna persona importante o una gran estrella.

La puerta del coche central se abrió. Vieron bajar a una mujer que llevaba a una niña de la mano.

La pequeña estaba vestida con elegancia. Se notaba enseguida que venía de una familia adinerada. La mujer, en cambio, llevaba ropa muy sencilla. Los jeans estaban tan lavados que habían perdido el color.

Supusieron que era la niñera.

Elena notó las miradas, pero no le importaron en absoluto.

—Espérennos aquí fuera —les indicó a los guardaespaldas.

Entró en la cafetería con Lucía.

Era la hora del almuerzo y había bastante gente.

Miró alrededor y vio al doctor Galván en una mesa junto a la ventana.

Se acercó con la niña. El médico estaba concentrado en unos documentos.

—Doctor Galván —lo llamó con suavidad.

Él levantó la cabeza. Se sorprendió al ver que también había llevado a Lucía.

Elena adivinó lo que estaba pensando.

—Doña Mercedes me dio permiso para traerla.

—Ah...

El rostro del médico se relajó al comprenderlo.

—Hola, doctor Galván —saludó Lucía con dulzura.

—Hola, Luci.

Él sonrió con cariño y le acarició la mejilla. Después miró a Elena.

—Siéntense.

Apenas se acomodaron, Galván volvió a hablar:

—Dígame cuáles son sus condiciones.

Elena se tensó de pies a cabeza. El corazón empezó a golpearle con fuerza.

—Yo quisiera...

Las palabras apenas le salieron de la garganta.

Al verla tan incómoda para decirlo, el médico supuso que pretendía pedir algo desorbitado. La simpatía que sentía por ella se enfrió.

Pero, por el bien de todas las personas a las que podía ayudar el medicamento, mantuvo la cortesía.

—Ya se lo dije. Pida lo que quiera. Si está dentro de mis posibilidades, buscaré la forma de dárselo.

Al escucharlo, Elena dejó de vacilar y lo soltó de golpe:

—¡Quiero estudiar!

—¿Qué? ¿Estudiar?

Galván la miró, asombrado, sin poder creer lo que acababa de oír.

—Sí. Hace dos años quería presentar el examen de ingreso a la Universidad de Medicina y Farmacia de Atelán. Pero, por ciertas circunstancias, me obligaron a dejar los estudios.

Su expresión se ensombreció.

—Siempre he querido estudiar allí. Si pudiera ayudarme, le confiaría la gestión de la licencia del SN1818. Si no puede...

—¿No me concederá la licencia?

Elena negó con la cabeza.

—Tendría que esperar a que nazca el bebé y volver a presentar el examen el año que viene. Pero me ayude o no, eso no cambia mi decisión de confiarle la licencia del SN1818.

Galván la miró durante un buen rato, como si tuviera delante a alguien de otro planeta.

—¿Quiere decir que, si puedo recomendarla para entrar a la universidad, me confiará directamente la gestión de las licencias del SN1818? ¿Y, si no puedo, propondrá otras condiciones?

—Sí. Pero... todavía no he pensado cuáles serían esas otras condiciones.

El médico se levantó de golpe. Abrió mucho sus ojos envejecidos.

—¿Sabe cuánto vale comercialmente el SN1818? ¿Y está dispuesta a confiarme su licencia... solo a cambio de poder estudiar?

—Sé que vale muchísimo dinero —respondió Elena con serenidad—. Pero quiero conocimientos mucho más que dinero. Quiero crear más medicamentos como el SN1818. No quedarme en uno solo.

Galván se quedó inmóvil un instante y luego se echó a reír.

—Al parecer, el de miras cortas era yo.

Volvió a sentarse. La observó un rato con admiración y después habló:

—Déjeme a mí lo de sus estudios. En cuanto a las condiciones de la licencia, quiero que lo piense con más detenimiento.

Elena no había esperado tanta generosidad.

—Gracias —dijo, profundamente agradecida.

—Llámeme cuando lo haya decidido.

Con esas palabras, Galván se levantó y se marchó.

Elena todavía no se reponía de la alegría cuando oyó una voz sorprendida:

—¿Elena?

Miró hacia donde venía el sonido. Nicolás estaba a unos pasos.

Era atractivo y vestía con la apariencia impecable de un profesional de éxito. Llamaba fácilmente la atención de las mujeres.

Pero en cuanto Elena lo vio, se le heló el rostro. Se levantó, tomó a Lucía de la mano y se dispuso a marcharse.

Nicolás se apresuró a cerrarle el paso.

—Elena, ¿qué haces aquí?

—No es asunto tuyo —respondió con frialdad.

Él miró a Lucía.

—¿Quién es ella?

—Eso te importa todavía menos. Apártate.

Elena alzó la voz y no se molestó en ser amable.

A Nicolás se le endureció la cara al ver su actitud.

—Valeria me dijo que te casaste con un guardaespaldas. ¿La niña es hija de él?

Elena no corrigió el malentendido. Lo alimentó a propósito.

—Sí. ¿Y qué?

El rostro de Nicolás se volvió lívido de rabia.

—¿Te casaste con un guardaespaldas que ya tiene una hija solo para llevarme la contraria? Elena, ¿no te parece una niñería?

—¿Me casé... para llevarte la contraria?

Elena soltó una risa de rabia.

—Nicolás Rivas, ¿de verdad crees que sigo enamorada de ti?

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