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NOCTURNE: La Sangre No Puede Amar

NOCTURNE: La Sangre No Puede Amar

Status: En proceso
Genre:Edad media / Vampiro / Fantasía LGBT
Popularitas:775
Nilai: 5
nombre de autor: Mariangel Suarez

En una mansión aislada entre bosques nevados, el antiguo clan Vane oculta secretos que podrían destruir el mundo vampírico. Julian Vane, un vampiro de doscientos veinte años, ha perdido toda conexión con su humanidad, hasta que conoce a Leo Ardent, un joven restaurador de arte cuya sangre guarda un misterio ancestral.
Atraídos por una conexión inexplicable, ambos se adentran en una historia de obsesión, secretos familiares, celos y deseos prohibidos. Pero mientras el pasado amenaza con repetirse, Julian deberá enfrentar una verdad aterradora: la sangre puede unir sus destinos, pero jamás garantizar que Leo llegue a amarlo.

NovelToon tiene autorización de Mariangel Suarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14.

Aquella noche, Leo soñó con París.

No con la ciudad moderna que había visto en fotografías, sino con una versión antigua, iluminada por faroles y cubierta de una lluvia fina.

Caminaba por una calle estrecha, vestido con ropa que no reconocía. Llevaba una camisa blanca, un abrigo oscuro y un medallón de plata colgado al cuello.

Sabía que estaba soñando.

Y, sin embargo, sentía el agua fría en el rostro, el roce de la tela contra sus manos y el olor de las flores que vendían en un puesto junto a la calle.

Alguien caminaba a su lado.

Julian.

Pero no era el Julian que conocía.

Parecía más joven, aunque su rostro conservaba aquella belleza inquietante. Vestía un traje antiguo y tenía una expresión distinta: estaba sonriendo.

Una sonrisa auténtica.

—Llegas tarde —dijo Julian.

Leo sintió una punzada de desconcierto.

—¿Adónde vamos?

Julian se detuvo frente a una puerta azul.

—A un lugar donde nadie podrá encontrarnos.

Leo miró la puerta.

Una extraña tristeza le oprimió el pecho.

—¿Y si no quiero esconderme?

La sonrisa de Julian desapareció.

—Entonces tendré que aprender a no tener miedo.

La frase le resultó tan familiar que Leo sintió ganas de llorar.

Julian levantó una mano y le acarició la mejilla.

El contacto era cálido.

Demasiado cálido.

—Prométeme algo —susurró.

—¿Qué?

—Que, si alguna vez nos encontramos de nuevo, no dejarás que decida por ti.

Leo intentó responder.

Pero la calle desapareció.

La lluvia se convirtió en nieve.

Y una voz femenina gritó desde algún lugar cercano.

—¡Lucien!

Leo despertó de golpe.

Su habitación estaba a oscuras.

El corazón le latía tan deprisa que necesitó unos segundos para recordar dónde se encontraba.

No había estado en París.

No había llevado aquel medallón.

Y Julian jamás le había acariciado la mejilla.

Sin embargo, podía recordar cada detalle del sueño con una claridad aterradora.

Se levantó y caminó hasta el espejo.

Su reflejo parecía normal.

Hasta que vio algo extraño sobre el escritorio.

Una pequeña rosa negra.

Alguien la había dejado junto a su cama.

Debajo del tallo había una nota.

No todos los recuerdos son tuyos.

Leo sintió que la sangre se le helaba.

Alguien había entrado en su habitación.

Y quería que supiera que lo estaban observando....

Leo encontró a Julian en la terraza cubierta, poco antes del amanecer.

El vampiro contemplaba el bosque, vestido con el mismo abrigo oscuro de la noche anterior. No parecía haber dormido.

Leo llevaba la rosa negra en una mano y la nota en la otra.

—¿Has entrado en mi habitación?

Julian se volvió inmediatamente.

—No.

—¿Enviaste a alguien?

—No.

Leo le mostró la nota.

Julian la leyó y su expresión se endureció.

—¿Dónde la encontraste?

—Junto a mi cama. Con esta rosa.

Julian examinó la flor sin tocarla.

—Dorian.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque le gustan los símbolos teatrales.

Leo guardó silencio.

—¿Qué significa lo que está pasando? —preguntó finalmente—. ¿Por qué sueño con Lucien? ¿Por qué siento cosas que no me pertenecen? ¿Y por qué todos parecen saber más de mi familia que yo?

Julian se acercó, pero se detuvo a una distancia prudente.

—No lo sé todo.

—Eso ya me lo has dicho.

—Y no voy a fingir que tengo respuestas que no poseo.

Leo lo observó.

Aquella era la primera vez que Julian parecía hablar sin intentar dominar la conversación.

—¿Qué sabes del pacto?

Julian miró hacia el bosque.

—Mi familia hizo un acuerdo con los antepasados de Lucien hace siglos. Los Ardent poseían una capacidad extraordinaria para conservar recuerdos. No eran inmortales, pero ciertos miembros de su linaje podían transmitir fragmentos de sus experiencias a sus descendientes.

—¿Como una memoria heredada?

—Algo parecido. Pero más intenso. A veces, los recuerdos eran tan vívidos que resultaba difícil distinguirlos de la propia vida.

Leo pensó en el sueño.

La lluvia.

La puerta azul.

La voz de Julian pidiéndole que no permitiera que decidiera por él.

—¿Y qué ganaban los Vane con eso?

—Mi padre creía que esos recuerdos podían ayudarnos a recuperar una parte de nuestra humanidad perdida.

Leo frunció el ceño.

—¿Recuperar la humanidad?

—Los vampiros no perdemos nuestras emociones por completo. Pero el tiempo puede deformarlas. El hambre, el duelo y la repetición terminan convirtiendo muchas cosas en simples sombras de lo que fueron.

Julian bajó la mirada hacia sus manos.

—Mi padre quería encontrar una forma de revertirlo. Los Ardent aceptaron ayudarlo. Pero el pacto exigía algo que Lucien terminó considerando inaceptable.

—¿Qué cosa?

Julian guardó silencio.

1
Amy Katin
😱😱😱 esta historia se está poniendo intrigante.
Brisa Romero
/Doge/
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